Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un pequeño pueblo llamado Cerdilandia, un cerdito muy travieso llamado Marraneto Cepilloti. Marraneto no era un cerdito común. Le encantaba comer… ¡absolutamente todo! Galletas, zanahorias, incluso el jabón con aroma a fresa (aunque no le gustaba mucho). Pero lo que más le gustaba eran las manzanas del huerto del Abuelo Gruñón.
El Abuelo Gruñón no era realmente gruñón, solo que se preocupaba mucho por sus manzanas. Tenía un huerto lleno de manzanas rojas, verdes y amarillas, ¡las más deliciosas de Cerdilandia! Siempre le decía a Marraneto: "¡Marraneto, no comas demasiadas manzanas o te pondrás como una pelota!"
Un día, el Abuelo Gruñón desapareció. ¡Puf! Simplemente se esfumó. La Abuela Gruñona estaba muy preocupada. "¡Oh, cielos! ¿Dónde estará mi Gruñón?", exclamaba mientras buscaba sus gafas por toda la casa.
Marraneto, aunque un poco travieso, quería mucho al Abuelo Gruñón. Decidió convertirse en detective y resolver el misterio del abuelo desaparecido. Primero, fue al huerto. No había señales de lucha, ni huellas extrañas, solo manzanas mordisqueadas (muchas de ellas con la inconfundible marca de los dientes de Marraneto).
"¡Mmm, quizá el Abuelo Gruñón fue a la ciudad!", pensó Marraneto. Así que se dirigió a la plaza del pueblo, donde encontró al Alcalde Cerdo tomando un helado de fresa. "Alcalde Cerdo, ¿ha visto al Abuelo Gruñón?", preguntó Marraneto.
El Alcalde Cerdo se rascó la barbilla. "¡Mmm, no, Marraneto! ¡Pero quizá se fue a pescar al río Lodoso! ¡Le encanta pescar, aunque nunca pesca nada!"
Marraneto corrió al río Lodoso. Allí, vio a la Señora Vaca tejiendo una bufanda de lana. "Señora Vaca, ¿ha visto al Abuelo Gruñón?", preguntó Marraneto.
La Señora Vaca levantó la vista de su tejido. "¡Ay, Marraneto! No lo he visto hoy. ¡Pero quizá se fue a la panadería por su pan de centeno favorito!"
Marraneto, ya cansado de correr, fue a la panadería. El Panadero Cerdo estaba horneando un pastel gigante de zanahoria. "Panadero Cerdo, ¿ha visto al Abuelo Gruñón?", preguntó Marraneto.
El Panadero Cerdo sonrió. "¡Mmm, Marraneto! El Abuelo Gruñón vino temprano y compró dos panes de centeno. ¡Pero no sé a dónde fue después!"
Marraneto estaba frustrado. ¿Dónde podría estar el Abuelo Gruñón? Se sentó debajo de un árbol de manzanas, pensando. De repente, sintió un pequeño cosquilleo en su barriga. ¡Su barriga! Se acordó de algo que la Abuela Gruñona siempre decía: "¡Marraneto, tienes un agujero negro en tu barriga! ¡Te comes todo!"
Marraneto abrió los ojos como platos. ¿Podría ser…? ¿Se habría comido… al Abuelo Gruñón? ¡Imposible! Pero… estaba tan preocupado y hambriento buscando al Abuelo Gruñón que había comido muchísimas manzanas. ¡Quizás, solo quizás…!
Con el corazón latiendo a mil por hora, Marraneto corrió a casa de la Abuela Gruñona. "¡Abuela! ¡Creo que… creo que me he comido al Abuelo Gruñón!", gritó Marraneto, con lágrimas en los ojos.
La Abuela Gruñona lo miró con incredulidad. "¡Marraneto Cepilloti! ¡No digas tonterías! Nadie puede comerse a un abuelo entero!"
Pero Marraneto insistió. Estaba tan convencido de que, en su desesperación por encontrar al Abuelo Gruñón, se lo había comido sin darse cuenta.
La Abuela Gruñona, viendo la angustia de Marraneto, lo llevó al médico. El Doctor Cerdo lo examinó cuidadosamente. Le tomó la temperatura, le escuchó el corazón y le palpó la barriga.
"¡Mmm! ¡Interesante!", dijo el Doctor Cerdo. "¡Marraneto, tienes una gran indigestión! ¡Y también…! ¡Creo que escucho… una voz!"
El Doctor Cerdo se acercó al estómago de Marraneto y escuchó atentamente. Efectivamente, ¡se oía una vocecita que decía: "¡Ay, qué apretado estoy aquí! ¡Necesito un poco de aire!"!
El Doctor Cerdo sonrió. "¡Abuela Gruñona! ¡El Abuelo Gruñón está dentro de Marraneto! ¡Pero no se lo ha comido! ¡Simplemente… se ha escondido!"
Resulta que el Abuelo Gruñón, cansado de cuidar sus manzanas, había decidido jugar a las escondidas. Y, cuando Marraneto estaba tan cerca y distraído, ¡se había escondido dentro de su enorme barriga! Era un escondite perfecto, aunque un poco incómodo.
Con un poco de ayuda del Doctor Cerdo y un buen masaje de la Abuela Gruñona, el Abuelo Gruñón salió de la barriga de Marraneto. Estaba un poco arrugado y mareado, ¡pero completamente ileso!
Marraneto se sintió aliviado y avergonzado. Prometió nunca más comer tantas manzanas y, sobre todo, nunca más pensar que se había comido a su querido Abuelo Gruñón. El Abuelo Gruñón, por su parte, prometió no esconderse más en lugares tan extraños. Y la Abuela Gruñona preparó un delicioso pastel de zanahoria para celebrar que todos estaban sanos y salvos. A partir de ese día, Marraneto y el Abuelo Gruñón fueron aún más amigos, aunque Marraneto siempre miraba su barriga con un poco de sospecha, ¡por si acaso!
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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