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Gratis · elegí una vozMartín era un niño adorable, con una sonrisa que derretía helados y una imaginación que volaba más alto que las cometas. Pero, ¡ay!, tenía un secreto: ¡no le gustaba bañarse! Le parecía una pérdida de tiempo, prefería jugar en el jardín, construir castillos de arena o leer cuentos de piratas. El agua y el jabón, en cambio, le parecían aburridos y resbaladizos.
Un día, un piojito llamado Pío, pequeño pero aventurero, llegó a la cabecita de Martín. Pío era un piojito muy particular. No le gustaba la suciedad. Le encantaba la higiene, pero más le gustaban las aventuras. Había escuchado historias de piojos viajeros que se mudaban a cabezas de exploradores y hasta de astronautas. Soñaba con conocer el mundo, pero primero necesitaba un anfitrión… ¡limpio!
Al principio, Pío intentó adaptarse. “Quizás Martín cambie de opinión”, pensaba mientras se escondía entre los cabellos despeinados del niño. Pero pasaban los días, y Martín seguía evitando la bañera como si fuera un monstruo marino. Pío se sentía cada vez más incómodo. ¡Había polvo por todas partes! Migas de galleta, hojas secas, y hasta un poco de barro de su última aventura en el jardín. "¡Esto es insoportable!", exclamó Pío, tosiendo por el polvo. "¡Necesito aire fresco y un buen baño!"
Un día, Martín estaba jugando en el parque. Corría tras una mariposa amarilla, riendo a carcajadas. De repente, tropezó y cayó al suelo. Un perro grande y peludo, con una mirada amigable, se acercó a lamerle la cara. Era un perro callejero, pero se veía limpio y bien cuidado. Tenía una mochila pequeña atada a su espalda y una gorra de aviador en la cabeza. Parecía un verdadero aventurero.
Pío, que había salido a tomar un poco de aire fresco en la punta de un cabello de Martín, lo vio todo. "¡Ese es mi boleto!", pensó. "¡Un perro viajero! ¡Qué oportunidad!". Sin dudarlo, saltó desde la cabeza de Martín y aterrizó suavemente sobre el pelaje brillante del perro. El perro, llamado Capitán, ni siquiera se dio cuenta. Estaba demasiado ocupado lamiendo las rodillas raspadas de Martín.
Martín, después de recibir los cariños de Capitán, se levantó y lo acarició. "Eres un perro muy simpático", le dijo. Capitán movió la cola alegremente. Martín se dio cuenta de que Capitán tenía una placa en su collar. "Capitán, el perro viajero", leyó Martín en voz alta. "¡Qué interesante!"
Mientras tanto, Pío se acomodaba en su nuevo hogar. El pelaje de Capitán era suave y limpio, y olía a aventura. "¡Perfecto!", pensó Pío. "Ahora sí que voy a conocer el mundo". Capitán, sin saberlo, emprendió su camino de regreso a casa, con Pío escondido entre sus pelos.
Al llegar a casa, la mamá de Martín lo miró con el ceño fruncido. "Martín, ¡estás hecho un desastre!", exclamó. "¡Directo a la bañera!"
Martín, al ver la expresión seria de su mamá, no protestó. Esta vez, la idea del baño no le pareció tan terrible. Quizás porque había estado jugando en el parque y se sentía pegajoso. O quizás porque había visto a Capitán, el perro viajero, y pensó que él también merecía estar limpio y presentable.
Entró al baño sin quejarse y se metió en la bañera. El agua tibia lo relajó, y el jabón con olor a fresa le pareció delicioso. Se lavó el pelo con cuidado, imaginando que estaba limpiando todas las aventuras del día. Cuando salió de la bañera, se sintió fresco y renovado.
Mientras tanto, Pío y Capitán viajaban por el mundo. Visitaron montañas nevadas, desiertos calurosos y selvas exuberantes. Pío conoció a otros piojos viajeros y escuchó historias increíbles. Estaba feliz de haber tomado la decisión de mudarse con Capitán.
Un día, Capitán y Pío regresaron al parque donde habían conocido a Martín. Martín estaba allí, jugando con una pelota. Al ver a Capitán, corrió a saludarlo. "¡Capitán!", gritó. "¡Qué alegría verte de nuevo!"
Capitán movió la cola y lamió la mano de Martín. Pío, desde la cabeza de Capitán, vio a Martín y sonrió. Había notado que el cabello de Martín brillaba de limpio. "Parece que mi antiguo anfitrión ha aprendido la lección", pensó Pío. "¡Qué bien!".
Martín y Capitán se despidieron con una sonrisa. Martín regresó a casa, sabiendo que la aventura podía estar en cualquier lugar, incluso en un baño tibio. Y Pío, junto a Capitán, continuó su viaje alrededor del mundo, siempre buscando nuevas aventuras y cabezas limpias donde hospedarse. Desde ese día, Martín se bañó con más frecuencia, sabiendo que la limpieza no solo era importante para él, sino también para los pequeños aventureros que pudieran querer visitarlo.
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