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Gratis · elegí una vozMatteo era un niño pequeño, con ojos brillantes como dos aceitunas y una sonrisa que podía derretir el polo norte. Pero Matteo tenía un pequeño problema: ¡siempre decía "No puedo"! Si su mamá le pedía que recogiera sus juguetes, "¡No puedo!" Si su papá lo invitaba a jugar a la pelota, "¡No puedo!" Incluso si su abuela le ofrecía su tarta de fresa favorita, a veces, tímidamente, decía "No puedo...".
Un día, el maestro de Matteo anunció una excursión a la Montaña Brillante. Era la montaña más alta del pueblo, ¡y la vista desde la cima era espectacular! Todos los niños estaban emocionados, planeando llevar bocadillos y sus juguetes favoritos. Pero Matteo, al oír la palabra "montaña", sintió un nudo en el estómago. "¡No puedo escalar una montaña!", pensó.
Al día siguiente, en la escuela, Matteo se sentó solo durante el recreo. Estaba preocupado por la excursión. Vio a Sofía, su mejor amiga, jugando a la comba. Sofía era muy buena saltando, ¡podía saltar más de veinte veces seguidas! Matteo siempre había querido saltar tan bien como Sofía, pero cada vez que lo intentaba, tropezaba y se caía. "¡No puedo saltar a la comba!", pensaba siempre.
Sofía se dio cuenta de que Matteo estaba triste. Se acercó y le preguntó: "¿Qué te pasa, Matteo?".
Matteo le contó su preocupación por la excursión a la Montaña Brillante y su frustración por no poder saltar a la comba. Sofía lo escuchó atentamente y luego le dijo: "Matteo, ¿sabes qué? A veces, todos nos sentimos así. Pero decir No puedo antes de intentarlo no es justo contigo mismo".
Sofía continuó: "Mi abuela siempre me dice que la palabra puedo es una semilla mágica. Si la plantas en tu corazón y la riegas con esfuerzo, ¡crece un árbol lleno de posibilidades!".
Matteo se quedó pensando en las palabras de Sofía. Una semilla mágica… Le gustaba la idea.
"Pero… ¿cómo la planto?", preguntó Matteo.
Sofía sonrió. "¡Es fácil! Primero, tienes que cambiar el No puedo por Voy a intentarlo. Luego, tienes que dar un pequeño paso. No tienes que saltar veinte veces seguidas de inmediato. ¡Empieza con una!"
Matteo respiró hondo. "Voy a intentarlo", dijo tímidamente.
Sofía le dio la comba y lo animó. Al principio, Matteo tropezó muchas veces. Se sentía frustrado, pero recordó la semilla mágica. "Voy a intentarlo otra vez", se decía a sí mismo.
Poco a poco, Matteo empezó a mejorar. Logró saltar una vez, luego dos, luego tres… ¡Estaba saltando a la comba! No tan bien como Sofía, pero estaba saltando. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro.
Al día siguiente, era el día de la excursión. Al pie de la Montaña Brillante, Matteo sintió el mismo nudo en el estómago. Era alta y empinada. Pero esta vez, recordó la semilla mágica y las palabras de Sofía. "Voy a intentarlo", se dijo.
Comenzó a subir la montaña, poco a poco. A veces se cansaba, pero se detenía a descansar y admiraba el paisaje. Vio pájaros cantando, flores de colores y pequeñas ardillas correteando entre los árboles. Recordó lo divertido que fue aprender a saltar a la comba. "Voy a seguir intentándolo", se repetía.
Otros niños también se cansaban y se quejaban. Matteo los animaba. "¡Vamos! ¡Ya casi llegamos! ¡Voy a intentarlo y ustedes también pueden!".
Finalmente, después de mucho esfuerzo, Matteo llegó a la cima de la Montaña Brillante. ¡La vista era increíble! Podía ver todo el pueblo, el río serpenteante y los campos verdes. El sol brillaba y el aire era fresco y puro. Matteo sintió una gran alegría. ¡Lo había logrado! ¡Había escalado la Montaña Brillante!
Miró a Sofía y le dijo: "¡Tenías razón! La semilla mágica funciona".
Sofía sonrió y le dio un abrazo. "¡Siempre lo supe, Matteo! Ahora sabes que puedes hacer muchas más cosas de las que crees".
Desde ese día, Matteo aprendió una valiosa lección. Ya no decía "No puedo" tan fácilmente. Antes de rendirse, siempre decía "Voy a intentarlo". Y, muchas veces, descubría que, con un poco de esfuerzo y una semilla mágica en el corazón, ¡sí podía! Incluso aprendió a hacer la tarta de fresa de la abuela, ¡aunque al principio pensó que era imposible!
Y así, Matteo, el niño que siempre decía "No puedo", se convirtió en Matteo, el niño que siempre decía "Sí puedo", listo para enfrentar cualquier aventura que la vida le presentara.
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