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Gratis · elegí una vozMiguelín el Ratoncín era un ratoncito muy especial. ¡Era simpatiquísimo! Su pelaje suave y brillante invitaba a abrazarlo, aunque nadie se atrevía a acercarse demasiado, ¡ya sabes, cosas de ratones! Sus orejas eran enormes y expresivas, siempre atentas a cualquier ruido o aventura. Su nariz roja y redonda parecía una pequeña cereza, y su gran sonrisa, con sus dientecillos saltones, era contagiosa. Miguelín tenía un estilo único. Vestía unos coloridos tirantes de mezclilla adornados con parches alegres de flores, estrellas y corazones. Siempre llevaba una pajarita roja con lunares blancos, zapatillas rojas brillantes, y una gorra multicolor con un pompón azul que se balanceaba al caminar. Y lo más importante, Miguelín vivía dentro de una jugosa manzana roja, ¡su hogar dulce hogar!
Pero lo que más, más, más le gustaba a Miguelín era el pastel de queso. ¡Podría comer pastel de queso todos los días! La señora Ratona, una ratoncita anciana y sabia, era quien le preparaba los pasteles más deliciosos de todo el huerto. Cada semana, Miguelín esperaba ansiosamente el día del pastel.
Un martes por la mañana, Miguelín se despertó con un cosquilleo en la nariz y un gran apetito de pastel de queso. Saltó de su camita hecha de hojas secas y corrió a la cocina, que era un huequito en la parte de abajo de la manzana. ¡Pero oh, no! ¡El pastel de queso no estaba! El plato estaba vacío, solo con unas miguitas sospechosas.
"¡No puede ser!" exclamó Miguelín, con sus orejas caídas. "¿Quién se habrá llevado mi pastel?"
Decidido a resolver el misterio, Miguelín se puso su gorra con pompón y salió de su manzana. Lo primero que hizo fue buscar a la señora Ratona. La encontró en su jardín, regando sus flores con una regadera diminuta.
"¡Señora Ratona! ¡Mi pastel de queso ha desaparecido!" gritó Miguelín, con la voz temblorosa.
La señora Ratona se sorprendió. "¡Ay, Miguelín! ¡Qué terrible! ¿Has buscado bien?"
"¡Por todas partes! ¡No está!" respondió Miguelín.
"Bueno, no te preocupes, Miguelín. Vamos a investigar juntos," dijo la señora Ratona, con una sonrisa tranquilizadora.
Juntos, comenzaron a buscar pistas. Primero, examinaron las miguitas cerca del plato. Eran miguitas de pastel de queso, ¡sin duda! Luego, siguieron un pequeño rastro de huellas diminutas que salían de la manzana. Las huellas los llevaron al huerto de zanahorias del señor Conejo.
"¡Hola, señor Conejo!" saludó Miguelín.
El señor Conejo estaba sentado en su sillón de hierba, leyendo un libro. "¡Hola, Miguelín! ¿Qué te trae por aquí?"
"¿Ha visto usted a alguien pasar por aquí con un pastel de queso?" preguntó Miguelín.
El señor Conejo frunció el ceño. "Mmm, no, no he visto nada. Pero sí oí un ruido extraño anoche, como si alguien estuviera comiendo algo muy rico."
Miguelín y la señora Ratona siguieron el rastro de huellas hasta el río. Allí, encontraron al señor Pato, nadando tranquilamente.
"¡Señor Pato! ¿Ha visto usted a alguien pasar por aquí con un pastel de queso?" preguntó Miguelín.
El señor Pato sacudió la cabeza. "¡Quack! No, no he visto nada. Pero sí vi a alguien esconder algo debajo de un arbusto."
Miguelín, la señora Ratona y el señor Pato siguieron la dirección que les dio el señor Pato y encontraron, debajo de un arbusto, ¡un pedazo de pastel de queso! Pero también vieron a alguien dormido cerca: ¡era la ardilla Alicia!
Miguelín despertó a Alicia con cuidado. Alicia se veía avergonzada.
"Alicia, ¿fuiste tú quien te comiste mi pastel de queso?" preguntó Miguelín.
Alicia asintió con la cabeza, apenada. "Lo siento mucho, Miguelín. Es que olía tan delicioso que no pude resistirme. Tenía mucha hambre. Pero me sentí muy mal después, por eso escondí el pedazo que quedaba."
Miguelín la miró con sus grandes ojos. Sabía que Alicia era una buena ardilla, aunque a veces un poco traviesa. Sonrió.
"No te preocupes, Alicia. Te perdono," dijo Miguelín. "Pero la próxima vez, ¡pídeme un pedazo!"
Alicia sonrió aliviada. "¡Gracias, Miguelín! ¡Eres el mejor ratoncito del mundo!"
La señora Ratona sonrió. "Bueno, ahora que todo está resuelto, vamos a preparar otro pastel de queso. ¡Y esta vez, lo compartiremos con Alicia!"
Miguelín, Alicia y la señora Ratona regresaron a la manzana. Juntos, prepararon un pastel de queso aún más grande y delicioso que el anterior. Y esa noche, todos disfrutaron de un festín de pastel de queso, ¡la mejor manera de celebrar la amistad y el perdón!
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