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Gratis · elegí una vozMingo tenía doce años y amaba el fútbol más que a nada en el mundo. Iba a la Escuela Número Uno, y todos lo conocían por su increíble habilidad con el balón. Podía hacer malabares con los pies, la cabeza y hasta con los hombros. Era el capitán del equipo de la escuela y soñaba con ser un futbolista profesional algún día.
Un lunes por la mañana, Mingo llegó a la escuela emocionado. ¡Hoy era el día del gran partido contra la Escuela Dos! Llevaban semanas entrenando y Mingo estaba seguro de que iban a ganar. Pero cuando entró al vestuario, notó algo extraño. ¡El balón oficial del equipo no estaba!
"¿Dónde está el balón?" preguntó Mingo, con el corazón latiendo rápido.
Sus compañeros se miraron unos a otros, confundidos. Nadie sabía dónde estaba el balón. Mingo sintió que la esperanza se desvanecía. Sin el balón oficial, ¿cómo iban a jugar?
"Tenemos que encontrarlo," dijo Mingo, tratando de mantener la calma. "¡Tenemos que buscar por todas partes!"
Así que, Mingo y sus compañeros comenzaron a buscar por toda la escuela. Buscaron en el gimnasio, en la biblioteca, en el patio de recreo, ¡incluso en el despacho del director! Pero el balón no aparecía por ningún lado.
Mingo estaba desesperado. El partido comenzaba en una hora y sin el balón, todo el esfuerzo y la ilusión se irían por la borda. Se sentó en un banco, con la cabeza entre las manos, pensando qué hacer.
De repente, escuchó un pequeño sollozo. Levantó la vista y vio a Sofía, una niña de primer grado, escondida detrás de un árbol. Sofía era muy tímida y raramente hablaba con los niños mayores.
"¿Qué te pasa, Sofía?" preguntó Mingo, acercándose a ella con suavidad.
Sofía dudó un momento, luego señaló hacia un pequeño cobertizo en el jardín de la escuela. "Yo… yo vi a alguien esconder algo allí…", susurró.
Mingo sintió un rayo de esperanza. Corrió hacia el cobertizo y lo abrió. Allí, en un rincón oscuro, ¡estaba el balón oficial!
Mingo respiró aliviado. Pero entonces, notó algo más. Junto al balón, había una nota escrita con letras temblorosas.
La nota decía: "Lo siento. Quería jugar al fútbol como ustedes, pero no me dejan porque soy pequeña."
Mingo entendió al instante. La nota era de Ana, otra niña de primer grado que siempre observaba los partidos desde lejos con ojos tristes. A Mingo siempre le había dado pena verla sola.
Mingo salió del cobertizo con el balón y la nota. Se acercó a Sofía y le sonrió.
"Gracias, Sofía. Has salvado el partido," le dijo.
Luego, buscó a Ana y la encontró sentada sola en un columpio. Mingo se acercó a ella con cuidado.
"Ana," dijo Mingo, "¿fuiste tú quien escondió el balón?"
Ana asintió con la cabeza, avergonzada. "Lo siento mucho," dijo, con la voz temblorosa. "No quería arruinar el partido. Solo quería jugar."
Mingo se sentó a su lado. "Entiendo," dijo. "A mí también me encanta jugar al fútbol. ¿Por qué no juegas con nosotros?"
Ana lo miró con incredulidad. "¿De verdad?", preguntó.
"Claro que sí," dijo Mingo, sonriendo. "Todos pueden jugar al fútbol. Y necesitamos más jugadores en nuestro equipo. ¿Qué te parece si te unes a nosotros?"
Los ojos de Ana se iluminaron. "¡Sí! ¡Me encantaría!", exclamó.
Mingo le devolvió el balón a sus compañeros y les contó lo que había pasado. Al principio, algunos se enfadaron un poco, pero cuando vieron la ilusión en los ojos de Ana, entendieron por qué lo había hecho.
Así que, Ana se unió al equipo de Mingo. Aunque era pequeña, era muy rápida y tenía un gran talento. Ese día, la Escuela Número Uno ganó el partido contra la Escuela Dos, ¡y Ana marcó el gol de la victoria!
Después del partido, Mingo y Ana se hicieron muy buenos amigos. Mingo aprendió que el fútbol no solo se trata de ganar, sino también de incluir a todos y de compartir la alegría de jugar. Y Ana aprendió que nunca es demasiado tarde para perseguir tus sueños, ¡incluso si eres pequeña!
Desde ese día, el equipo de fútbol de la Escuela Número Uno se hizo aún más fuerte, no solo en habilidad, sino también en amistad y compañerismo. Y Mingo, el capitán, aprendió que el verdadero misterio no era el balón desaparecido, sino la magia que se crea cuando todos juegan juntos.
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