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Gratis · elegí una vozMohameet, un hombre de mirada amable pero con el andar firme de quien ha caminado mucho, bajó del autobús. Cinco años. Cinco años lejos de su hogar, sirviendo a su país. Ahora, finalmente, regresaba. El sol brillaba sobre la pequeña mochila que cargaba, haciéndola parecer más ligera de lo que realmente era.
Mientras caminaba por la calle que conocía tan bien, su corazón latía con fuerza. Recordaba los gritos alegres de los niños jugando al fútbol, el aroma a pan recién horneado de la panadería de Doña Elena, y, sobre todo, la imagen de su hija, Sofía, con sus coletas rubias y sus ojos brillantes. Sofía tenía cinco años cuando se fue. Ahora tendría diez. ¿Lo reconocería?
Llegó a su casa. Era una pequeña casa con un jardín lleno de flores. Las rosas rojas que su esposa, Isabella, tanto amaba, parecían saludarlo con sus pétalos desplegados. Mohameet respiró hondo y abrió la puerta del jardín.
Pero… ¡qué sorpresa! El jardín no era como lo recordaba. En lugar de un cuidado césped, había un campo de batalla improvisado. Soldados de juguete, tanques de cartón y aviones de papel yacían esparcidos por todas partes. Y en el centro, ¡allí estaba ella! Sofía, con el pelo revuelto y las mejillas sonrosadas, dirigiendo un ejército de ositos de peluche y muñecas.
"¡Ataquen la fortaleza de almohadas!", gritaba Sofía con voz decidida.
Mohameet se quedó paralizado, observando la escena. No sabía si reír, llorar o simplemente desaparecer. Cinco años entrenando soldados, y ahora su hija estaba dirigiendo un ejército de peluches.
Isabella salió de la casa al oír el ruido. Al verlo, sus ojos se llenaron de lágrimas y corrió a abrazarlo. "¡Mohameet! ¡Has vuelto!", exclamó, apretándolo con fuerza.
Sofía, al ver a su madre abrazando a un extraño, se escondió detrás de un gran rosal. Lo miraba con curiosidad y desconfianza.
Isabella se separó de Mohameet y, tomando la mano de Sofía, se acercó a él. "Sofía, cariño, mira quién ha vuelto. Es tu papá".
Sofía lo miró fijamente. Sus ojos azules escudriñaban su rostro. Mohameet se arrodilló para estar a su altura. "Hola, Sofía", dijo con voz suave. "Soy tu papá. ¿Me recuerdas?".
Sofía negó con la cabeza. "No te conozco".
Mohameet sintió un pinchazo en el corazón. Pero no se rindió. Sacó de su mochila una pequeña caja de madera. "Mira, te he traído algo". Abrió la caja y le mostró una hermosa mariposa de origami.
"La hice para ti", dijo. "Cuando estaba lejos, pensaba en ti y hacía mariposas de papel para que volaran hasta ti con mis besos".
Sofía tomó la mariposa con cuidado. Sus ojos se iluminaron. "¡Es preciosa! ¿Puedo jugar con ella?".
"Por supuesto", dijo Mohameet. "Pero, ¿sabes qué? Necesito ayuda para defender mi fortaleza".
Sofía lo miró con curiosidad. "¿Tienes una fortaleza?".
"Sí, pero está siendo atacada por un ejército de almohadas muy peligroso". Mohameet guiñó un ojo.
Sofía sonrió. "¡Yo te ayudaré! Soy la mejor comandante de ejércitos de peluche del mundo".
Juntos, Mohameet y Sofía, defendieron la fortaleza de almohadas. Rieron, corrieron y se escondieron detrás de los rosales. Mohameet le enseñó a Sofía a construir trincheras con mantas y a lanzar aviones de papel con precisión. Sofía le enseñó a Mohameet a hablar con los ositos de peluche y a usar la imaginación para crear mundos fantásticos.
Al final del día, cansados pero felices, se sentaron juntos en el césped, observando cómo el sol se ponía. Sofía apoyó su cabeza en el hombro de Mohameet. "Papá", dijo en voz baja. "Me alegro de que hayas vuelto".
Mohameet la abrazó con fuerza. "Yo también me alegro de estar en casa, mi pequeña comandante". Sabía que todavía quedaba mucho por recuperar, pero con el amor de su familia, todo era posible. La guerra había terminado. La verdadera batalla, la de reconstruir los lazos perdidos, apenas comenzaba. Pero esta vez, no estaba solo. Tenía a su lado a la mejor comandante de ejércitos de peluche del mundo, su hija Sofía, y el amor incondicional de su esposa, Isabella. Y eso, pensó Mohameet, era la mejor victoria de todas. Esa noche, Sofía durmió con la mariposa de origami bajo su almohada, soñando con nuevas batallas y con el regreso de su héroe, su papá.
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