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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un país lejano llamado Brillandia, un niño llamado Nathan. Nathan era conocido, no precisamente por ser el más amable, sino por ser un poco... malo. No malo de verdad, malvado, pero sí un poquito gruñón y a veces hacía travesuras sin pensar en los demás.
En Brillandia, la alegría era el tesoro más valioso. La alegría hacía que los árboles florecieran con caramelos, que los ríos fluyeran con jugo de fresa y que el sol siempre brillara con una sonrisa. Pero un día, la alegría de Brillandia comenzó a desvanecerse. Los árboles dejaron de dar caramelos, el jugo de fresa se convirtió en agua simple y el sol se escondió detrás de las nubes grises. ¿La razón? Xiomara, la niña más alegre de Brillandia, ¡había perdido su alegría!
Xiomara era famosa por su risa contagiosa y su corazón lleno de bondad. Era ella quien, con su alegría, mantenía Brillandia brillante y feliz. Un día, mientras jugaba en el Bosque Encantado, un viento travieso le arrebató su alegría y la encerró en una burbuja invisible que se elevó hacia el cielo. Xiomara, triste y apagada, ya no podía reír ni contagiar su felicidad.
Al ver la tristeza que envolvía a Brillandia, Nathan, aunque a regañadientes, sintió un pinchazo en el corazón. Nunca había visto el país tan sombrío. Se dio cuenta de que sus travesuras, aunque pequeñas, también habían contribuido a la atmósfera negativa. Así que, impulsado por una nueva determinación, decidió hacer algo al respecto: ¡encontrar la alegría perdida de Xiomara!
"Esto va a ser más difícil que comerse un brócoli entero", pensó Nathan, frunciendo el ceño. Pero la idea de ver a Brillandia de nuevo feliz lo motivó. Se preparó con una mochila llena de galletas de jengibre (su debilidad) y un mapa dibujado por su abuela, una sabia anciana que conocía todos los secretos de Brillandia.
El mapa lo guio a través del Bosque Encantado, donde los árboles, antes llenos de caramelos, ahora colgaban tristes y vacíos. Se encontró con animalitos que ya no cantaban y con flores que habían perdido su color. Nathan sintió aún más la urgencia de encontrar la alegría de Xiomara.
Después de una larga caminata, llegó a la Montaña de las Lamentaciones, un lugar donde, según la leyenda, vivían los ecos de las tristezas. Allí, escuchó susurros de voces tristes y sintió el peso de la pena en el aire. Nathan, a pesar del miedo, siguió adelante, guiado por una pequeña luciérnaga que brillaba con una luz tenue.
En la cima de la montaña, encontró a un anciano sentado en una roca, con la cabeza gacha. El anciano era el Guardián de las Lamentaciones, y le explicó a Nathan que la alegría de Xiomara estaba atrapada en una burbuja, pero que solo podía liberarse con un acto de bondad sincera.
Nathan pensó por un momento. ¿Qué podía hacer? Él no era precisamente famoso por su bondad. Entonces, recordó las galletas de jengibre en su mochila. Siempre las guardaba para él solo, pero ahora, las ofreció al Guardián de las Lamentaciones, quien no había comido nada dulce en mucho tiempo.
El Guardián, con lágrimas en los ojos, aceptó las galletas. Mientras las comía, la burbuja con la alegría de Xiomara comenzó a descender lentamente. Al llegar al suelo, la burbuja se rompió, liberando la alegría que se extendió por toda Brillandia.
Xiomara, que había estado esperando con impaciencia, sintió de nuevo la alegría en su corazón. Su risa contagiosa resonó por todo el país, haciendo que los árboles florecieran de nuevo con caramelos, que el jugo de fresa volviera a fluir en los ríos y que el sol brillara con una sonrisa radiante.
Nathan, al ver la alegría de Xiomara y la felicidad de Brillandia, sintió una alegría aún mayor en su propio corazón. Se dio cuenta de que la verdadera felicidad no estaba en hacer travesuras, sino en hacer felices a los demás. Desde ese día, Nathan dejó de ser el niño "malo" y se convirtió en un niño bondadoso y alegre, siempre dispuesto a ayudar a los demás.
Y así, Brillandia volvió a ser el país más feliz del mundo, gracias a la valentía de Nathan y a la alegría de Xiomara. Y Nathan aprendió que la bondad y la alegría son contagiosas, y que incluso el corazón más gruñón puede cambiar con un acto de amor y compasión. Desde entonces, cada año celebran el "Día de la Alegría Recobrada", donde todos comparten galletas de jengibre y recuerdan la importancia de la bondad y la alegría en sus vidas.
Brillandia prosperó, y Nathan y Xiomara se convirtieron en los mejores amigos, demostrando que incluso de los lugares más inesperados puede surgir la bondad y la alegría. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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