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Gratis · elegí una vozA Sofía no le gustaba bañarse. ¡Para nada! El agua era fría, el jabón resbaladizo, y el champú… ¡siempre le picaba los ojos! "¡No me baño!" gritaba, escondiéndose debajo de la cama cada vez que su mamá preparaba la tina.
Un día, mientras jugaba en el jardín, Sofía encontró un grupo de figuras tambaleantes moviéndose lentamente hacia ella. ¡Eran zombis! Pero estos zombis no daban miedo. Daban… ¡asco! Estaban cubiertos de tierra, hojas pegadas al pelo, y olían… bueno, olían a calcetines sudados mezclados con queso rancio.
"¡Hola!" dijo Sofía, un poco asustada pero también curiosa.
Uno de los zombis, que tenía una zanahoria colgando de la oreja, gruñó. "¡Aaaaarrrgh! ¡Tenemos hambre!"
"Yo tengo galletas," ofreció Sofía, sacando una bolsa de su bolsillo. Los zombis, con movimientos torpes, se abalanzaron sobre las galletas, dejando caer tierra y hojas por todas partes.
Mientras comían, Sofía observó a los zombis con más detenimiento. Uno tenía un chicle pegado en el pelo, otro tenía una telaraña en la cara, ¡y un tercero tenía un gusano arrastrándose por su brazo!
"¿Por qué están tan… sucios?" preguntó Sofía, tapándose un poco la nariz.
El zombi con la zanahoria en la oreja la miró con ojos vidriosos. "¡Estar sucio es divertido! ¡No hay que lavarse nunca! ¡Así somos felices! ¡Aaaaarrrgh!"
Sofía frunció el ceño. ¿Felices? No parecían muy felices. Parecían… incómodos. La tierra les picaba, las hojas les estorbaban, y el olor… ¡era insoportable!
"Pero… ¿no les pica la piel?" preguntó Sofía.
Un zombi con barro en los dientes se rascó la cabeza con fuerza. "¡Aaaaarrrgh! ¡Sí, mucho! ¡Pero no importa! ¡La suciedad es nuestra amiga!"
Sofía pensó en lo que decían los zombis. ¿De verdad la suciedad era su amiga? Ella recordaba la última vez que se había ensuciado mucho jugando en el barro. Al principio fue divertido, pero después le picaba todo el cuerpo y tuvo que rascarse hasta quedarse dormida.
"¿Y no les da vergüenza oler así?" preguntó Sofía, aguantando la respiración.
Los zombis se miraron entre ellos, confundidos. "¿Vergüenza? ¿Qué es eso? ¡Somos zombis! ¡No nos importa nada! ¡Aaaaarrrgh!"
Sofía sintió pena por los zombis. Parecían atrapados en su propia suciedad, incapaces de sentir lo bien que se siente estar limpio y fresco. Recordó la sensación de la toalla suave después del baño, el olor a champú de fresa, y la ropa limpia que su mamá le ponía.
"Yo creo que bañarse es bueno," dijo Sofía con firmeza. "Aunque a veces no me guste, me siento mucho mejor después."
Los zombis la miraron con incredulidad. "¡Aaaaarrrgh! ¡Estás loca! ¡El agua es el enemigo!"
Sofía sonrió. "No lo creo. Miren," dijo, y corrió hacia la manguera del jardín. Abrió la llave y roció un poco de agua sobre una de las plantas. "El agua hace que las cosas crezcan y estén bonitas." Luego, se roció un poco en la cara. "Y te refresca."
Los zombis retrocedieron, asustados por el agua. Pero Sofía no se rindió. Con cuidado, roció un poco de agua sobre el zombi con la zanahoria en la oreja. Al principio, el zombi gruñó, pero luego… suspiró.
"¡Aaaaarrrgh… pero… se siente bien!" dijo el zombi, sorprendido.
Sofía siguió rociando a los zombis, poco a poco, con agua. La tierra se caía, las hojas se desprendían, y el olor… empezaba a desaparecer. Los zombis, al principio reacios, empezaron a disfrutar del agua. Incluso el gusano se bajó del brazo de uno de ellos y se fue a buscar un lugar más húmedo.
Después de un rato, los zombis ya no parecían tan aterradores, ni tan asquerosos. Todavía estaban un poco sucios, pero estaban mucho más limpios y… ¡más felices!
"Gracias, Sofía," dijo el zombi con la zanahoria en la oreja. "Creo que… necesito un baño de verdad."
Los demás zombis asintieron con la cabeza. "¡Aaaaarrrgh… pero… sí! ¡Un baño!"
Sofía sonrió. "¡Los ayudaré!"
Esa tarde, Sofía y su mamá bañaron a los zombis en la tina. Les pusieron champú con olor a fresa (sin que les picara los ojos, ¡prometido!), los frotaron con jabón suave, y los envolvieron en toallas grandes y esponjosas.
Cuando terminaron, los zombis eran otros. Ya no olían a calcetines sudados y queso rancio. Olían a… ¡flores y fresas! Y, lo más importante, ¡sonreían!
Desde ese día, Sofía ya no se escondía debajo de la cama cuando su mamá preparaba la tina. Aprendió que, aunque a veces no le guste, bañarse es importante. Y los zombis… bueno, los zombis aprendieron que estar limpios es mucho mejor que estar sucios. Y, de vez en cuando, Sofía los invitaba a su casa para tomar un baño juntos… ¡y comer galletas, por supuesto!
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