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Gratis · elegí una vozMaría tenía un peluche llamado Osito que era su mejor amigo. ¡Lo quería más que a nada en el mundo! Osito era un osito de peluche marrón, con un parche en el ojo y una sonrisa cosida que parecía contar secretos. Lo acompañaba a todas partes: al supermercado, a la hora de dormir, e incluso al médico (aunque a Osito no le gustaban mucho las inyecciones, María se lo susurraba al oído para que se sintiera mejor). Era su juguete favorito porque le recordaba a su abuela, Abuelita Elena, quien se lo había regalado en su último cumpleaños. Abuelita Elena siempre decía que Osito era un guardián mágico que la protegería.
Un día soleado, María fue al parque con sus amigos, Sofía y Pablo. Llevaba a Osito, por supuesto, colgado de su mochila. Corrieron, saltaron y jugaron al escondite entre los árboles. Después, decidieron ir a los columpios. María, con la emoción del juego, dejó a Osito sentado en un banco cerca del arenero. "¡Ahora vuelvo por ti, Osito!", le dijo con una sonrisa, y corrió hacia el columpio, donde Sofía ya la esperaba.
Se balanceó alto, sintiendo el viento en su cara y riendo con sus amigos. Olvidó por completo a Osito, absorta en la diversión. Después de un buen rato, cuando sus pies empezaron a cansarse de tanto impulso, decidió que era hora de buscar a Osito.
Pero cuando volvió al banco… ¡Osito ya no estaba! El banco estaba vacío. El pequeño espacio donde Osito había estado sentado ahora era sólo polvo y promesas vacías.
El corazón de María dio un vuelco. Miró a su alrededor, revisando debajo del banco, entre los juguetes olvidados y las hojas secas. "¡Osito!", gritó, con la voz temblorosa. Sofía y Pablo, al ver la cara de preocupación de María, se acercaron corriendo.
"¿Qué pasa, María?", preguntó Sofía.
"¡Osito! ¡Osito ha desaparecido!", respondió María, con lágrimas en los ojos.
Sofía y Pablo se pusieron a ayudarla a buscar. Revisaron el arenero, debajo de los toboganes, e incluso preguntaron a otros niños que jugaban cerca si habían visto un osito de peluche marrón con un parche en el ojo. Pero nadie lo había visto.
María se sentía cada vez más desesperada. Osito no era solo un juguete, era un pedazo de su abuela Elena, un recuerdo valioso. La idea de perderlo la hacía sentir un nudo en el estómago.
"¡Quizás alguien se lo llevó por error!", dijo Pablo, intentando animarla.
"¡O quizás se fue a vivir una aventura!", añadió Sofía, con una sonrisa.
Pero María no estaba convencida. Se sentó en el banco, con la cabeza entre las manos, sintiendo que las lágrimas amenazaban con volver a salir. "Nunca debí dejarlo solo", se lamentó.
De repente, escuchó un pequeño ladrido. Levantó la vista y vio a un perrito pequeño, un chihuahua con un collar rojo, que jugueteaba cerca de un arbusto. El perrito tenía algo en la boca: ¡era el parche del ojo de Osito!
María se levantó de un salto y se acercó al perrito. "¡Osito!", exclamó. El perrito, al escuchar su nombre, soltó el parche y movió la cola alegremente. María siguió al perrito hasta el arbusto, y allí, ¡estaba Osito!
Osito estaba un poco sucio y despeinado, pero estaba a salvo. Aparentemente, el perrito lo había encontrado y se lo había llevado a jugar. María abrazó a Osito con fuerza, aliviada y feliz.
"¡Osito, te encontré! ¡Estaba tan preocupada!", le dijo, susurrándole al oído.
Sofía y Pablo corrieron a abrazar a María y a Osito. Estaban tan contentos de que lo hubiera encontrado. María le dio las gracias al perrito, que la lamió la mano como si supiera que había hecho algo bueno.
Desde ese día, María nunca más dejó a Osito solo en el parque. Aprendió que los amigos peludos, al igual que los amigos de verdad, siempre deben estar cerca. Y aunque Osito había vivido una pequeña aventura, estaba mucho más feliz de estar de vuelta en los brazos de María, su mejor amiga.
Cuando regresaron a casa, María le cosió el parche del ojo a Osito con mucho cuidado. Le dio un fuerte abrazo y le prometió que nunca lo volvería a perder. Esa noche, María durmió con Osito abrazado a ella, sintiéndose segura y amada. Sabía que Osito era más que un simple peluche; era un pedazo de su corazón, un recuerdo precioso de su Abuelita Elena y un compañero inseparable en todas sus aventuras.
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