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Gratis · elegí una vozOsito Tito era un osito muy juguetón, pero con una gran aversión: ¡el baño! Cada vez que Mamá Osa mencionaba la palabra "baño", Tito ponía cara de limón agrio y se escondía detrás del viejo roble. No entendía por qué tenía que dejar su valioso tiempo de juego para meterse en esa tina llena de agua y jabón.
Un día, Mamá Osa preparó todo para el baño. El agua tibia, el jabón de burbujas con aroma a fresa, y su patito de goma favorito, Quacky. "¡Tito, es hora del baño!", llamó Mamá Osa con voz suave. Tito, escondido detrás del roble, pensó en un plan astuto. "¡Ya voy, Mamá!", respondió, con una pizca de travesura en su voz.
Corrió al arroyo cercano, mojó rápidamente su patita y volvió corriendo a casa. "¡Ya me bañé, Mamá!", exclamó, mostrando su patita mojada. Mamá Osa, un poco escéptica, revisó la patita de Tito. Efectivamente, estaba mojada. "Muy bien, Tito. ¡Eres un osito muy rápido!", dijo Mamá Osa, aunque con una mirada que decía que algo no le cuadraba.
Al día siguiente, la escena se repitió. Mamá Osa anunció el baño, y Tito, con su nueva estrategia, corrió al arroyo y mojó su manita. "¡Listo, Mamá! ¡Ya estoy limpio!", dijo, mostrando su mano reluciente. Mamá Osa le dio un abrazo rápido y lo dejó ir a jugar. Tito se sentía muy orgulloso de su ingenio. ¡Había logrado evitar el baño dos días seguidos!
Pero Mamá Osa no era tonta. Observó a Tito jugar con sus amigos, y notó que su pelaje estaba cada vez más sucio. Tenía tierra en las orejas, barro en las patas y hojas pegadas en la espalda. Sus amigos, la ardilla Anita y el conejito Benito, comenzaban a alejarse un poco, tapándose la nariz.
"Hmm… creo que necesito investigar esto", pensó Mamá Osa. Al día siguiente, cuando anunció la hora del baño, esperó pacientemente en la puerta de la casa. Tito, como de costumbre, salió corriendo hacia el arroyo. Pero esta vez, Mamá Osa lo siguió sigilosamente. Vio a Tito meter su manita en el agua y luego regresar corriendo a casa. ¡La había engañado!
Mamá Osa respiró hondo y entró en la casa. "¡Tito!", dijo con voz firme pero amable. Tito se detuvo en seco, con la manita aún mojada. Sabía que lo habían descubierto. "Tito, sé que no te gusta bañarte, pero es importante estar limpio. Mira, estás lleno de tierra y tus amigos no quieren jugar contigo porque hueles un poco mal", explicó Mamá Osa, señalando las manchas de barro en su pelaje.
Tito bajó la cabeza, avergonzado. Sabía que su mamá tenía razón. "Pero… no me gusta el agua", murmuró. Mamá Osa sonrió. "¡Pero el baño puede ser divertido! ¿Qué te parece si lo hacemos juntos? Pondré mucha espuma y jugaremos con Quacky", propuso Mamá Osa.
Tito dudó por un momento, pero la idea de jugar con Quacky y la promesa de mucha espuma lo convencieron. Asintió tímidamente. Mamá Osa lo levantó y lo llevó al baño. Abrió el grifo y el agua tibia comenzó a llenar la tina. Añadió el jabón de burbujas con aroma a fresa, y pronto la tina se llenó de una montaña de espuma blanca y rosa.
Tito, al principio un poco tenso, pronto se relajó. Mamá Osa le echó agua suavemente sobre su pelaje, y él se rió cuando las burbujas le cosquillearon la nariz. Jugaron con Quacky, hicieron barcos de espuma y se salpicaron agua mutuamente. Tito descubrió que el baño no era tan terrible después de todo. ¡Incluso era divertido!
Después del baño, Mamá Osa envolvió a Tito en una toalla suave y lo secó con cuidado. Su pelaje olía a fresas frescas y brillaba como el sol. Tito se sintió ligero y fresco. Corrió al espejo y se miró. ¡Estaba realmente limpio! Sus amigos, Anita y Benito, lo vieron y corrieron a saludarlo. "¡Tito, qué bien hueles!", exclamó Anita. "¡Sí, y tu pelaje brilla!", añadió Benito. Los tres amigos volvieron a jugar juntos, esta vez sin que nadie se tapara la nariz.
Desde ese día, Tito ya no intentó engañar a su mamá. Descubrió que bañarse con Mamá Osa era divertido y que estar limpio era genial. Aprendió que, a veces, las cosas que parecen aburridas pueden ser muy agradables si se les da una oportunidad. Y Mamá Osa aprendió que, a veces, solo se necesita un poco de paciencia y creatividad para convencer a un osito testarudo de que el baño es una aventura maravillosa.
Así, Osito Tito, el osito que no se quería bañar, se convirtió en Osito Limpio, el osito que amaba la hora del baño… ¡especialmente si era con mucha espuma y con Quacky! Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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