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Patito, con su plumaje amarillo y su andar tambaleante, se acercó a Conejo, que saltaba alegremente entre las flores.
Patito: (con voz dulce y un poco chillona)
— ¡Hola, Conejo! ¿Quieres venir conmigo a pasear por el lago?
Conejo: (voz rápida y alegre)
— ¡Hola, Patito! Me encantaría, pero primero tengo que buscar pastos para comer. ¡Mi barriguita está gruñendo!
De repente, Ardilla bajó corriendo de un árbol, con una nuez en sus patitas.
Ardilla: (voz vivaz y juguetona)
— ¡Hola, amigos! Yo puedo ayudar a buscar pastos y después jugamos todos juntos. ¡Es más divertido buscar comida con amigos!
Patito y Conejo sonrieron. La idea de Ardilla era genial. Los tres amigos comenzaron a buscar pastos verdes y jugosos. Conejo saltaba aquí y allá, olfateando el suelo. Ardilla trepaba a los árboles buscando hojas tiernas, y Patito, con su pico pequeño, picoteaba la hierba cerca del lago.
Mientras buscaban, Ardilla exclamó:
Ardilla: ¡Miren! ¡Un trébol de cuatro hojas! Dicen que trae buena suerte.
Conejo se acercó saltando y Patito, curioso, estiró su cuello para verlo. El trébol era verde brillante y parecía brillar con una luz especial.
Conejo: ¡Guau! ¡Es precioso! ¿Qué harás con él, Ardilla?
Ardilla: ¡Lo guardaré para que nos dé suerte a los tres! Lo pondré en mi casita del árbol.
Pero cuando Ardilla intentó guardar el trébol en su bolsillo, ¡se le cayó! El viento sopló fuerte y el trébol salió volando, perdiéndose entre la hierba alta.
Ardilla: ¡Oh, no! ¡El trébol! ¡Se ha ido!
Los tres amigos se pusieron tristes. Habían perdido el trébol de la suerte.
Patito: No te preocupes, Ardilla. Lo encontraremos. ¡Trabajaremos juntos!
Conejo: ¡Sí! ¡No nos rendiremos! Un trébol de cuatro hojas no puede esconderse de nosotros.
Y así comenzó la búsqueda del trébol perdido. Patito buscó cerca del lago, revolviendo la hierba con sus patitas. Conejo saltó entre los arbustos, revisando cada rincón. Ardilla, desde lo alto de los árboles, observaba con sus ojos agudos.
Pero el trébol no aparecía por ningún lado. El sol comenzaba a esconderse y los tres amigos estaban cansados y desanimados.
Patito: (con voz triste)
— Creo que no lo encontraremos. Quizás no era nuestro destino tener suerte.
Conejo: (suspirando)
— Tal vez tengas razón, Patito. Ya es tarde y debemos volver a casa.
Ardilla: (con una sonrisa)
— ¡Esperen! ¡Miren allá!
Ardilla señaló hacia un pequeño claro iluminado por los últimos rayos de sol. Allí, en medio del claro, brillaba el trébol de cuatro hojas. Estaba rodeado de pequeñas luciérnagas que lo iluminaban como si fuera un tesoro.
Los tres amigos corrieron hacia el claro y recogieron el trébol con cuidado.
Conejo: ¡Lo encontramos! ¡Lo encontramos!
Patito: ¡Qué alegría! ¡Nunca perdí la esperanza!
Ardilla: ¡Las luciérnagas nos ayudaron a encontrarlo! ¡Son mágicas!
De repente, una luciérnaga se posó en la nariz de Patito. Patito sintió un cosquilleo y comenzó a reír. Luego, otra luciérnaga se posó en la oreja de Conejo, y Conejo comenzó a dar saltos de alegría. Finalmente, una luciérnaga se posó en la patita de Ardilla, y Ardilla sintió una gran felicidad.
Los tres amigos se dieron cuenta de que la verdadera suerte no estaba en el trébol de cuatro hojas, sino en la amistad que compartían. Habían trabajado juntos, se habían apoyado mutuamente y nunca habían perdido la esperanza. Y eso, era mucho más valioso que cualquier trébol de la suerte.
Ardilla: ¡Tengo una idea! En lugar de guardarlo solo para nosotros, ¿por qué no lo plantamos? Así crecerán muchos tréboles de cuatro hojas para todos.
Conejo: ¡Qué gran idea, Ardilla! Así todos tendrán un poquito de suerte.
Patito: ¡Sí! ¡Plantémoslo junto al lago! Así todos los que vengan podrán disfrutar de su belleza.
Y así lo hicieron. Plantaron el trébol de cuatro hojas junto al lago, y las luciérnagas lo protegieron durante la noche. Al día siguiente, el trébol brillaba aún más que antes. Los tres amigos aprendieron que la verdadera suerte se encuentra en la amistad, la colaboración y la generosidad.
Desde ese día, el lago se llenó de tréboles de cuatro hojas, y todos los animales del bosque vivieron felices y contentos, compartiendo la suerte y la alegría que Patito, Conejo y Ardilla habían encontrado juntos.
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