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Gratis · elegí una vozEn un lugar muy bonito del norte de Antioquia, llamado San Pedro de los Milagros, existía un reino de animales donde la vaca Lola era la reina. Lola era una vaca majestuosa, con manchas blancas y negras que brillaban bajo el sol de la mañana. Era conocida por su bondad y su sabiduría, y todos los animales del reino la amaban y respetaban. Su lindo ternerito, el príncipe, se llamaba Pedro. Pedro era un ternero pequeño y adorable, con ojos grandes y marrones y un pelaje suave como la seda. Pero Pedro tenía un secreto: era muy tímido.
Todos los días, Pedro veía desde la ventana del palacio cómo jugaban todos los animales de la granja. Veía a los cerditos rodar en el barro, a los pollitos perseguir mariposas, a los conejos saltar y brincar, y a las ovejas jugar al escondite entre los árboles. También veía a los animales mayores jugar golosa en la tierra y a los más fuertes hacer girar trompos de madera con destreza. Pedro soñaba con unirse a ellos, con correr y reír y jugar como los demás. Pero no podía. Su madre, la reina Lola, no se lo permitía.
Lola, aunque era una reina amable, era muy protectora con su hijo. Temía que Pedro se lastimara o se perdiera, o que algún animal menos amigable lo molestara. Por eso, Pedro debía permanecer dentro del palacio, jugando solo con sus juguetes de madera y leyendo libros de cuentos.
Un día, mientras Pedro observaba a los animales jugar desde la ventana, Lola entró en la habitación. Vio a su hijo, con la mirada triste y los hombros caídos. Se acercó a él y le preguntó qué le pasaba.
"Mamá", dijo Pedro con voz suave, "quiero jugar con los demás animales. Quiero correr y reír y divertirme como ellos. Pero tú no me dejas salir".
Lola se sintió conmovida al ver la tristeza en los ojos de su hijo. Se dio cuenta de que, aunque sus intenciones eran buenas, estaba privando a Pedro de una parte importante de su infancia. Reflexionó por un momento, y luego tomó una decisión.
"Pedro", dijo Lola con una sonrisa, "entiendo cómo te sientes. Y tienes razón, no he sido justa contigo. A partir de hoy, podrás salir a jugar con los demás animales. Pero debes prometerme que serás cuidadoso y que siempre me obedecerás".
Los ojos de Pedro se iluminaron de alegría. "¡Lo prometo, mamá!", exclamó, abrazando a Lola con fuerza.
Al día siguiente, Pedro salió del palacio con su madre. Lola lo llevó hasta el campo donde jugaban los demás animales. Al principio, Pedro se sintió un poco nervioso. No conocía a muchos de los animales, y temía que no lo aceptaran. Pero Lola lo animó a acercarse y a presentarse.
"Hola", dijo Pedro con voz tímida, "me llamo Pedro, y soy el hijo de la reina Lola".
Los animales se sorprendieron al ver al príncipe Pedro. Algunos nunca lo habían visto antes, y otros solo lo habían visto desde lejos. Pero todos estaban emocionados de conocerlo.
"¡Bienvenido, Pedro!", dijeron los cerditos, rodando en el barro.
"¡Hola, Pedro!", dijeron los pollitos, persiguiendo mariposas.
"¡Nos alegra que estés aquí!", dijeron los conejos, saltando y brincando.
Las ovejas, que estaban jugando al escondite, invitaron a Pedro a unirse a ellas. Al principio, Pedro se sintió un poco torpe, pero pronto se relajó y empezó a divertirse. Corrió y se escondió entre los árboles, riendo a carcajadas.
Los animales mayores también recibieron a Pedro con los brazos abiertos. Le enseñaron a jugar golosa y a hacer girar trompos de madera. Pedro descubrió que era muy bueno en ambos juegos.
Desde ese día, Pedro salió a jugar con los demás animales todos los días. Hizo muchos amigos nuevos, aprendió cosas nuevas y se divirtió mucho. Ya no era el ternero tímido que se quedaba en casa leyendo libros. Ahora era un ternero valiente y feliz, que disfrutaba de la compañía de los demás animales.
Lola observaba a su hijo jugar desde la distancia, con una sonrisa en el rostro. Se sentía feliz de haber tomado la decisión correcta. Había aprendido que, aunque era importante proteger a su hijo, también era importante dejarlo crecer y experimentar la vida por sí mismo. Y Pedro, el ternero tímido de San Pedro de los Milagros, finalmente había encontrado su lugar en el mundo, jugando y riendo junto a sus amigos en el reino animal.
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