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En una granja soleada, vivían tres cerditos muy juguetones: Tito, Lila y Pancho. Tito era el mayor, con un hocico rosado y una cola rizada. Lila era la mediana, adoraba las flores y tenía un lazo rosa en su oreja. Pancho, el más pequeño, era un revoltoso con un parche marrón en un ojo. Les encantaba jugar en el barro, corretear por el prado y comer manzanas jugosas. Pero, ¡ay!, los tres cerditos tenían un pequeño problema: ¡a veces se les olvidaba ir al baño y hacían pipí en el piso!
Mamá Cerdita siempre les recordaba: "¡Cerditos míos, antes de jugar, después de comer y antes de dormir, hay que ir al baño!" Pero a veces, la emoción del juego era demasiada. Un día, mientras jugaban a las escondidas en el establo, Tito sintió un cosquilleo. ¡Tenía muchas ganas de hacer pipí! Pero pensó: "Si voy al baño, Lila me encontrará seguro". Así que, ¡zas!, hizo pipí detrás de un montón de heno. Lila, que lo estaba buscando, resbaló en el charquito y exclamó: "¡Tito! ¡Qué has hecho!"
Otro día, Lila estaba pintando flores con barro y hojas. Estaba tan concentrada en su obra de arte que olvidó por completo que necesitaba ir al baño. De repente, sintió la urgencia. "¡Oh, no!", pensó. "¡Mi obra maestra está casi terminada!" Y, ¡puf!, Lila hizo pipí justo al lado de su preciosa flor de barro. Pancho, que pasaba por allí, vio el charquito y dijo: "¡Lila! ¡Has regado tu flor con pipí!"
Pancho, por supuesto, tampoco era un santo. Un día, después de comer una gran tarta de manzana, corrió a jugar con una pelota. La pelota rebotaba, él reía y se olvidó por completo del baño. ¡Plash!, Pancho hizo pipí justo en medio del prado. Tito y Lila, que lo vieron, lo miraron con reprobación. "¡Pancho! ¡Eso no está bien!", le dijeron al unísono.
Mamá Cerdita, al enterarse de las travesuras de sus hijos, decidió que era hora de tomar medidas. "Cerditos míos", dijo con voz suave pero firme, "hacer pipí en el piso no está bien. Es sucio y puede hacer que alguien se resbale. Vamos a practicar algo". Mamá Cerdita preparó un juego especial. Dibujó con tiza un camino lleno de obstáculos en el patio: un charco de barro (sin agua, ¡claro!), una pila de heno y un laberinto hecho con flores. Al final del camino, había un pequeño orinal decorado con pegatinas de cerditos.
"El juego es así", explicó Mamá Cerdita. "Cada vez que sientan ganas de hacer pipí, deben correr por el camino de obstáculos hasta llegar al orinal. ¡El que llegue más rápido y sin accidentes gana!" Tito, Lila y Pancho aceptaron el reto con entusiasmo. Al principio, fue un poco difícil. Tito tropezaba con el heno, Lila se perdía en el laberinto de flores y Pancho se distraía con las mariposas. Pero con la práctica, se fueron haciendo más rápidos y ágiles.
Un día, mientras jugaban a las carreras, Tito sintió las ganas de hacer pipí. "¡Tengo que ir al baño!", gritó. Corrió a toda velocidad, esquivando el charco de barro y saltando sobre la pila de heno. Lila y Pancho lo seguían de cerca. La carrera era emocionante. Finalmente, Tito llegó primero al orinal. ¡Había ganado! Lila y Pancho lo felicitaron con un abrazo.
Desde ese día, los cerditos aprendieron a controlar sus ganas de hacer pipí. Ya no se les olvidaba ir al baño antes de jugar, después de comer y antes de dormir. Y si sentían la urgencia en medio del juego, recordaban el camino de obstáculos y corrían a toda velocidad hasta el orinal. La granja volvió a estar limpia y ordenada, y los cerditos vivieron felices para siempre, disfrutando de sus juegos y aventuras, ¡sin pipí en el piso!
Un día, una familia de patos visitó la granja. Los patitos, al ver el orinal decorado, preguntaron: "¿Para qué es eso?" Los cerditos, orgullosos de su aprendizaje, les explicaron el juego del camino de obstáculos y la importancia de ir al baño a tiempo. Los patitos, impresionados, decidieron construir un camino similar en su estanque. Y así, la buena costumbre de los cerditos se extendió por toda la granja, haciendo que todos los animales vivieran más limpios y felices.
La moraleja de esta historia es que, aunque a veces tengamos pequeños accidentes, siempre podemos aprender y mejorar. Con paciencia, práctica y un poco de juego, ¡todo es posible! Y recuerda, ¡siempre es mejor ir al baño a tiempo!
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