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Gratis · elegí una vozEn una casita con paredes color crema y un tejado de tejas rojas, vivía una mamá pájaro muy despistada llamada Doña Ala. Doña Ala era conocida en todo el barrio por su canto melodioso, pero también por su tendencia a olvidar dónde había puesto las semillas y, a veces, ¡hasta dónde había aparcado su nido! Un día, mientras buscaba un lugar tranquilo y protegido para construir su hogar, Doña Ala confundió la entrada de aire de la casa con una cueva acogedora. Allí, en medio de la rejilla metálica, empezó a tejer su nido con ramitas, hojas secas y un poquito de algodón que encontró cerca.
Pronto, dos pequeños huevos moteados adornaron el nido. Doña Ala los incubó con paciencia, cantándoles canciones de cuna y contándoles historias de pájaros valientes. Finalmente, ¡crac! Dos pequeños pajaritos rompieron el cascarón. Uno era amarillo como el sol y tenía plumitas suaves como el terciopelo. Lo llamaron Plumitas. El otro era marrón como la tierra y sus alas parecían dos pequeñas hojas. Lo llamaron Alitas.
Plumitas y Alitas crecieron rápidamente en el nido improvisado. Desde su peculiar hogar, podían escuchar el zumbido del ventilador y las voces de los niños que vivían en la casa. Al principio, les daba un poco de miedo, pero Doña Ala les explicaba que eran solo ruidos inofensivos y que debían aprender a convivir con ellos.
Un día, mientras Doña Ala buscaba gusanos jugosos para sus polluelos, un fuerte estornudo resonó dentro de la casa. ¡Achís! Plumitas y Alitas se asustaron tanto que se acurrucaron en el fondo del nido. De repente, la rejilla de la entrada de aire vibró y una ráfaga de aire frío los envolvió. ¡Era el ventilador! Alguien lo había encendido sin darse cuenta de que había un nido allí.
Plumitas, a pesar de su nombre, era un pajarito muy valiente. "¡Alitas, tenemos que salir de aquí!", gritó con voz temblorosa. Alitas, que siempre había sido un poco más tímido, se quedó paralizado por el miedo. Pero al ver la determinación en los ojos de su hermano, respiró hondo y asintió.
Con todas sus fuerzas, Plumitas y Alitas saltaron del nido. La corriente de aire los empujaba y les dificultaba el vuelo. Plumitas, que era un poco más fuerte, logró agarrarse a una de las ramitas que sobresalían de la rejilla. Alitas, en cambio, se deslizó hacia abajo, gritando de terror.
"¡Alitas, agárrate!", gritó Plumitas, extendiendo una de sus pequeñas alas hacia su hermano. Alitas intentó alcanzarlo, pero la corriente era demasiado fuerte. Justo cuando estaba a punto de caer al vacío, sintió un tirón. ¡Plumitas lo había agarrado!
Con un esfuerzo sobrehumano, Plumitas logró izar a Alitas hasta la ramita. Juntos, temblando de miedo, se aferraron con fuerza a la rejilla. La corriente de aire seguía soplando, pero ya no los asustaba tanto. Sabían que se tenían el uno al otro.
Finalmente, el ventilador se apagó. El silencio volvió a reinar en la entrada de aire. Doña Ala regresó con el pico lleno de gusanos y se encontró con una escena que le heló la sangre. Sus polluelos estaban agarrados a la rejilla, temblando como hojas.
"¡Mis pequeños! ¿Qué ha pasado aquí?", exclamó Doña Ala, acercándose a ellos con preocupación. Plumitas y Alitas le contaron la historia del ventilador y de cómo se habían salvado mutuamente. Doña Ala los abrazó con sus alas y les dijo lo orgullosa que estaba de ellos.
"Este no es un lugar seguro para criar a mis polluelos", pensó Doña Ala. "Debemos mudarnos a un lugar más tranquilo y protegido". Así que, al día siguiente, Doña Ala, Plumitas y Alitas emprendieron un nuevo vuelo en busca de un hogar mejor. Encontraron un árbol frondoso en un parque cercano y allí construyeron un nido fuerte y seguro.
Plumitas y Alitas nunca olvidaron su aventura en el conducto de aire. Aprendieron que el miedo se puede superar con valentía y que la amistad es el lazo más fuerte de todos. Y Doña Ala, por supuesto, nunca más confundió una entrada de aire con una cueva acogedora. Desde entonces, siempre elegía los lugares más seguros y tranquilos para construir sus nidos, recordando la valiosa lección que había aprendido junto a sus valientes polluelos.
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