Cuento corto para dormir

¡Púric, el Chasqui Soñador y el Cóndor Mensajero!

Púric, un joven inca soñador del Collasuyo, anhela conocer el mundo más allá de su comunidad. Un cóndor le revela una oportunidad para convertirse en chasqui, un mensajero del imperio, permitiéndole viajar por el Qhapaq Ñan, conocer diferentes culturas y llevar mensajes importantes, mientras mantiene contacto con su familia y su amigo cóndor.

A partir de: Puriq, un chasqui inca En el suyo del sur, o Collasuyo, vivía Puric, un joven muy ágil y fuerte, pero también soñador. Púric ayudaba a su padre en el cultivo de la papa, en su sistema de terrazas, y a su madre en los quehaceres del hogar. En el campo plantaba, conducía las aguas, desmalezaba y después cosechaba. Todos los días hacía lo mismo, pero mientras trabajaba, Púric soñaba con conocer esos lugares más allá de los cerros. Miraba a los cóndores surcar los cielos y se preguntaba cómo sería volar y ver otros mundos. Imaginaba que volaba con ellos. Al terminar su jornada, Púric se acercaba a los riscos y veía a lo lejos volar a estas aves. Un día, cansado, se quedó dormido, y al despertar se encontró con un gran animal que lo observaba atentamente. Púric se asustó y quiso correr, pero antes de que eso sucediera, el cóndor le habló y le dijo: —Hola, Púric. Te he visto trabajar con tu padre y observarnos por largo rato mientras volamos en el cielo. ¿Te gustaría preguntarnos algo? Púric, sorprendido y un poco asustado, respondió: —Sí, me gustaría saber qué hay más allá de los cerros. Yo no he salido de mi comunidad y me encantaría recorrer los territorios y conocer lugares diferentes. El gran animal se quedó pensando, lo miró y le comentó: —Mira, lo que nosotros vemos surcando los cielos son diferentes lugares, paisajes y caminos. Púric no podía creer lo que el kuntur le contaba. Triste, bajó la cabeza y dijo: —Nunca podré ver esos lugares. Mis padres están viejos y necesitan de mi ayuda. Debo trabajar la tierra, ya que sin mí no podrán intercambiar bienes con otros suyus. El cóndor, conmovido por lo que Púric le contaba, le dijo: —Vengo volando desde el norte y sé que viene una comitiva desde el Cusco buscando jóvenes para una gran tarea. Creo que mañana estarán por este sector. Espéralos y verás que es una gran oportunidad. Púric regresó a su casa y esperó hasta el otro día. Cuando el sol salió, por entre los cerros tocaron la puerta de su casa unos señores bien vestidos. Portaban elementos metálicos en sus manos: tumis y chakanas, símbolos de poder entre los incas. El padre de Púric los invitó a pasar y la madre les sirvió agua. Los señores explicaron que venían buscando jóvenes y que, si quería, Púric podía acompañarlos. Si los acompañaba, sería muy importante para el Imperio. Siempre estaría protegido con alimentos y descanso. El padre lo pensó, miró a la madre y comentó que era su único hijo y que ellos ya estaban viejos para el trabajo pesado. Los invitados prometieron ayudar al padre con el trabajo si les permitía que Púric los acompañara y aseguraron que siempre vendría a visitarlos. Los padres accedieron y celebraron el acuerdo con chicha sacada de los aríbalos que portaban. Bebieron en Keros especiales y comieron ricos alimentos. Púric se despidió de sus padres y emprendió el largo camino hacia territorios inesperados. Fue entrenado y equipado con vestimentas especiales. Le dieron un quipu y un pututo. Cuando llegó frente al rey, este lo saludó, lo felicitó y le encomendó una gran tarea: debía llevar un secreto al centro administrativo más lejano, al norte del imperio. Púric, muy emocionado y orgulloso, partió su camino por el Qhapaq Ñan, desde el Cusco, pasando por diferentes suyus, visitando selvas, ríos, montañas, cruzando puentes y conociendo todo el imperio. Entregó su mensaje y descansó contento de haber vivido esta gran aventura. Pronto conoció a una joven del Chinchaysuyo y se casó con ella. Cuando Púric debía llevar mensajes hacia el sur, pasaba a visitar a sus padres, que vivían felices en su localidad, trabajando junto a otros el cultivo de la papa y los textiles. Pero cuando Púric no viajaba, su amigo el cóndor le llevaba noticias de sus viejos padres para mantenerlo informado.

Empezar a leer ↓Publicado el 14/04/2026

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En el suyo del sur, o Collasuyo, vivía Púric, un joven muy ágil y fuerte, pero también soñador. Púric ayudaba a su padre en el cultivo de la papa, en su sistema de terrazas, y a su madre en los quehaceres del hogar. En el campo plantaba, conducía las aguas, desmalezaba y después cosechaba.

Todos los días hacía lo mismo, pero mientras trabajaba, Púric soñaba con conocer esos lugares más allá de los cerros. Miraba a los cóndores surcar los cielos y se preguntaba cómo sería volar y ver otros mundos. Imaginaba que volaba con ellos.

Al terminar su jornada, Púric se acercaba a los riscos y veía a lo lejos volar a estas aves. Un día, cansado, se quedó dormido, y al despertar se encontró con un gran animal que lo observaba atentamente. Púric se asustó y quiso correr, pero antes de que eso sucediera, el cóndor le habló y le dijo:

—Hola, Púric. Te he visto trabajar con tu padre y observarnos por largo rato mientras volamos en el cielo. ¿Te gustaría preguntarnos algo?

Púric, sorprendido y un poco asustado, respondió:

—Sí, me gustaría saber qué hay más allá de los cerros. Yo no he salido de mi comunidad y me encantaría recorrer los territorios y conocer lugares diferentes.

El gran animal se quedó pensando, lo miró y le comentó:

—Mira, lo que nosotros vemos surcando los cielos son diferentes lugares, paisajes y caminos.

Púric no podía creer lo que el kuntur le contaba. Triste, bajó la cabeza y dijo:

—Nunca podré ver esos lugares. Mis padres están viejos y necesitan de mi ayuda. Debo trabajar la tierra, ya que sin mí no podrán intercambiar bienes con otros suyus.

El cóndor, conmovido por lo que Púric le contaba, le dijo:

—Vengo volando desde el norte y sé que viene una comitiva desde el Cusco buscando jóvenes para una gran tarea. Creo que mañana estarán por este sector. Espéralos y verás que es una gran oportunidad.

Púric regresó a su casa y esperó hasta el otro día. Cuando el sol salió, por entre los cerros tocaron la puerta de su casa unos señores bien vestidos. Portaban elementos metálicos en sus manos: tumis y chakanas, símbolos de poder entre los incas.

El padre de Púric los invitó a pasar y la madre les sirvió agua. Los señores explicaron que venían buscando jóvenes y que, si quería, Púric podía acompañarlos. Si los acompañaba, sería muy importante para el Imperio. Siempre estaría protegido con alimentos y descanso.

El padre lo pensó, miró a la madre y comentó que era su único hijo y que ellos ya estaban viejos para el trabajo pesado. Los invitados prometieron ayudar al padre con el trabajo si les permitía que Púric los acompañara y aseguraron que siempre vendría a visitarlos.

Los padres accedieron y celebraron el acuerdo con chicha sacada de los aríbalos que portaban. Bebieron en Keros especiales y comieron ricos alimentos.

Púric se despidió de sus padres y emprendió el largo camino hacia territorios inesperados. Fue entrenado y equipado con vestimentas especiales. Le dieron un quipu y un pututo.

Cuando llegó frente al rey, este lo saludó, lo felicitó y le encomendó una gran tarea: debía llevar un secreto al centro administrativo más lejano, al norte del imperio.

Púric, muy emocionado y orgulloso, partió su camino por el Qhapaq Ñan, desde el Cusco, pasando por diferentes suyus, visitando selvas, ríos, montañas, cruzando puentes y conociendo todo el imperio. Corrió y corrió, con el mensaje secreto bien guardado en su corazón.

Un día, mientras corría por un valle, se encontró con un puma. El puma, hambriento, lo miró con ojos brillantes. Púric, asustado, recordó las enseñanzas de su entrenamiento. Sacó su pututo y sopló con todas sus fuerzas. El sonido resonó en las montañas, alertando a los guerreros incas cercanos, quienes ahuyentaron al puma.

Otro día, cruzando un río caudaloso, el puente de cuerdas se rompió. Púric, ágil como un gato, se aferró a una cuerda y, con valentía, logró llegar al otro lado. Continuó su camino, siempre alerta y decidido.

Entregó su mensaje y descansó contento de haber vivido esta gran aventura. Pronto conoció a una joven del Chinchaysuyo y se casó con ella. Se llamaba Illari y era tan soñadora como él.

Cuando Púric debía llevar mensajes hacia el sur, pasaba a visitar a sus padres, que vivían felices en su localidad, trabajando junto a otros el cultivo de la papa y los textiles.

Pero cuando Púric no viajaba, su amigo el cóndor le llevaba noticias de sus viejos padres para mantenerlo informado. Así, Púric nunca se sintió solo y siempre recordó su hogar, mientras servía al imperio y exploraba el mundo, tal como siempre había soñado.

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Publicado el 14/04/2026

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