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Había una vez, en un pequeño pueblo llamado Villa Alegría, un niño llamado No Sé. No Sé no era su nombre de pila, ¡sino lo que siempre respondía cuando le preguntaban qué quería ser de grande!
"No Sé," decía cuando la maestra, Doña Emilia, preguntaba: "¿Qué quieres ser cuando crezcas, No Sé?"
"No Sé," repetía cuando su abuelo, Don Ramón, lo llevaba a pasear por el parque y le preguntaba: "¿Qué te gustaría hacer cuando seas grande, No Sé?"
Incluso su mejor amiga, Sofía, que soñaba con ser astronauta, se impacientaba. "¡Pero No Sé!", exclamaba Sofía, "¿No tienes ni una idea? ¿Ni siquiera un poquito?"
No Sé se encogía de hombros. La verdad era que no tenía ni idea. Veía a Sofía con su casco espacial de cartón y la envidiaba un poco. Ella sabía lo que quería. Él, en cambio, solo veía un mundo lleno de posibilidades, tantas que se sentía abrumado.
Un día, Don Ramón lo llevó a visitar la biblioteca del pueblo. "Quizás aquí encuentres algo que te inspire, No Sé," le dijo.
La biblioteca era un lugar mágico, lleno de estanterías altas repletas de libros de todos los tamaños y colores. No Sé caminó entre ellas, sintiendo el olor a papel y a tinta. Vio libros sobre dinosaurios, sobre piratas, sobre princesas y sobre robots. Se sentó en un sillón mullido y abrió un libro al azar. Era un libro sobre jardinería.
En las páginas, vio fotos de flores de todos los colores imaginables, de huertos llenos de verduras y de árboles frutales cargados de manzanas. Sintió una pequeña chispa de curiosidad. Nunca había pensado mucho en las plantas, pero las fotos eran tan hermosas que no pudo evitar sentirse atraído.
Al día siguiente, No Sé acompañó a Don Ramón al jardín. Don Ramón era un experto jardinero y su jardín era famoso en Villa Alegría. No Sé observó cómo Don Ramón plantaba semillas, regaba las plantas y cuidaba los rosales. Le preguntó sobre los nombres de las flores y sobre cómo crecían las verduras. Don Ramón, encantado de tener un aprendiz, le explicó todo con paciencia y cariño.
No Sé empezó a ayudar en el jardín. Al principio, solo regaba las plantas y quitaba las malas hierbas. Pero poco a poco, fue aprendiendo más. Aprendió a plantar semillas, a trasplantar plantones y a podar los árboles. Descubrió que le encantaba sentir la tierra entre sus dedos y ver cómo las plantas crecían gracias a su cuidado.
Un día, Doña Emilia visitó el jardín de Don Ramón. Al ver a No Sé trabajando con las plantas, se sorprendió. "¡No Sé!", exclamó. "¡No sabía que te gustaba la jardinería!"
No Sé sonrió. "Yo tampoco lo sabía," respondió. "Pero me gusta mucho."
Sofía también visitó el jardín. Al ver a No Sé con las manos llenas de tierra y una sonrisa en el rostro, comprendió. "¡Ya sé!", dijo Sofía. "¡Quieres ser jardinero!"
No Sé lo pensó un momento. ¿Quería ser jardinero? No lo sabía con certeza. Pero sí sabía que le encantaba trabajar en el jardín, que le gustaba ver crecer las plantas y que le gustaba hacer feliz a la gente con sus flores y sus verduras.
"Quizás," dijo No Sé. "Quizás quiera ser algo relacionado con la jardinería. O quizás no. Todavía No Sé."
Sofía sonrió. Sabía que No Sé seguiría explorando y descubriendo cosas nuevas. Y eso era lo más importante. No tenía que saberlo todo ahora mismo. Tenía tiempo para descubrir sus pasiones y encontrar su camino.
Desde ese día, No Sé siguió aprendiendo sobre jardinería. También probó otras cosas. Se unió al club de cocina de la escuela, aprendió a tocar la flauta dulce y se apuntó a clases de pintura. Exploró sus intereses y descubrió que le gustaban muchas cosas diferentes.
Un día, Don Ramón le preguntó: "Entonces, No Sé, ¿ya sabes qué quieres ser de grande?"
No Sé sonrió. "Todavía No Sé," respondió. "Pero sé que me gusta aprender cosas nuevas, ayudar a la gente y hacer del mundo un lugar más bonito. Y eso es lo que importa, ¿verdad?"
Don Ramón asintió. "Eso es lo que importa, No Sé. Lo importante es ser feliz y hacer lo que te gusta."
Así que No Sé siguió explorando, aprendiendo y creciendo. Y aunque todavía no sabía qué quería ser de grande, sabía que estaba en el camino correcto. Porque al final, lo más importante no es saber qué quieres ser, sino disfrutar del viaje para descubrirlo.
Y colorín colorado, este cuento de No Sé ha terminado. Aunque, quizás, su aventura apenas ha comenzado.
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