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Gratis · elegí una vozUn día, el topito Timoteo salió de su madriguera con la nariz llena de cosquillas. El sol brillaba, los pájaros cantaban, y Timoteo estaba listo para un día de exploración. Pero ¡ay! Al asomar la cabeza, sintió algo blando y pegajoso aterrizar justo en su cabeza. ¡Puaj! ¡Era una caca!
Timoteo, muy indignado, se sacudió la cabeza con todas sus fuerzas. "¡Qué horror!" exclamó. "¡Alguien me ha hecho una travesura! ¡Y voy a descubrir quién fue!"
Con la caca aún medio adherida a su pelaje, Timoteo se dirigió tambaleándose hacia la paloma Pía, que estaba posada en la rama más alta de un árbol. "¡Señora Paloma!" gritó Timoteo. "¿Ha visto usted quién me hizo esto? ¡Alguien me ha ensuciado la cabeza!"
Pía, con su cabeza ladeada, observó a Timoteo con curiosidad. "¡Ay, topito!" pió Pía. "No fui yo. Estaba demasiado ocupada cantando. Pero quizás fue la vaca Muu. Ella siempre está pastando cerca de tu madriguera".
Timoteo, con renovada determinación, se dirigió hacia el prado donde pastaba la vaca Muu. Muu era enorme y olía a hierba fresca. "¡Señora Vaca!" gritó Timoteo, alzando la vista. "¿Ha sido usted quien me hizo esto? ¡Tengo caca en la cabeza!"
Muu dejó de masticar y miró a Timoteo con sus grandes ojos marrones. "¡Oh, cielos, topito!" mugió Muu. "No fui yo. Mi caca es mucho más grande que eso. Quizás fue la rana Renata. Ella siempre está saltando por ahí".
Timoteo, un poco más desanimado, caminó hasta el estanque donde vivía la rana Renata. Renata estaba sentada en una hoja de nenúfar, atrapando moscas con su larga lengua. "¡Señora Rana!" gritó Timoteo. "¿Ha sido usted quien me hizo esto? ¡Tengo una sorpresa muy desagradable en la cabeza!"
Renata dejó de cazar moscas y miró a Timoteo con sus ojos saltones. "¡Croac! ¡No fui yo, topito!" croó Renata. "Mi caca es mucho más pequeña. Quizás fue la cabra Carlota. Ella siempre está comiendo hojas cerca del estanque".
Timoteo, sintiéndose cada vez más cansado y frustrado, se dirigió hacia donde estaba la cabra Carlota. Carlota estaba mordisqueando las hojas de un arbusto con gran apetito. "¡Señora Cabra!" gritó Timoteo. "¿Ha sido usted quien me hizo esto? ¡Tengo una cosa pegajosa en la cabeza!"
Carlota dejó de comer y miró a Timoteo con sus ojos amarillos. "¡Meee! ¡No fui yo, topito!" baló Carlota. "Mi caca es en forma de bolitas. Quizás fue el conejo Benito. Él siempre está corriendo por todas partes".
Timoteo, casi a punto de rendirse, buscó al conejo Benito. Benito estaba saltando alegremente por el campo. "¡Señor Conejo!" gritó Timoteo con la voz temblorosa. "¿Ha sido usted quien me hizo esto? ¡Por favor, dime quién me ha ensuciado!"
Benito se detuvo en seco y miró a Timoteo con sus grandes orejas erguidas. "¡Uy, topito!" dijo Benito. "No fui yo. Estaba demasiado ocupado jugando. Pero, ¿sabes? Creo que sé quién fue".
Timoteo sintió un rayo de esperanza. "¿De verdad? ¿Quién fue?"
Benito señaló con su patita hacia arriba. "¡Mira!"
Timoteo alzó la vista y vio a un pequeño pajarito, mucho más pequeño que la paloma Pía, posado en una rama. El pajarito estaba piando alegremente, y… ¡oh, no!… acababa de hacer… ¡otra cosita!
Timoteo suspiró. ¡Era un pajarito muy pequeño! ¿Qué iba a hacer? Entonces, recordó lo que su madre siempre le decía: "No te enfades por las pequeñas cosas, Timoteo. ¡Disfruta del sol y de la tierra!"
Timoteo respiró hondo y sonrió. "¡Gracias, Señor Conejo!" dijo. Luego, se dirigió al estanque y se lavó la cabeza con cuidado. La caca se fue, pero la aventura le había enseñado algo importante: a veces, las cosas malas pasan, pero no vale la pena enfadarse demasiado. Lo importante es seguir adelante y disfrutar del día.
Desde ese día, Timoteo siempre miraba hacia arriba antes de salir de su madriguera. Y aunque nunca olvidó la experiencia, aprendió a reírse de ella. Y, de vez en cuando, hasta le daba las gracias al pequeño pajarito por la lección que le había enseñado. Después de todo, ¡hasta las peores experiencias pueden tener un lado bueno!
Y así, el topito Timoteo continuó explorando el mundo, con la nariz llena de cosquillas y el corazón lleno de alegría.
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