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Gratis · elegí una vozHabía una vez una niña que mordía. Se llamaba Rosita, y no mordía porque fuera mala, ¡ni mucho menos! Rosita mordía… ¡cuando estaba muy, muy concentrada! Si estaba leyendo un libro emocionante, ¡mordisco! Si estaba construyendo la torre más alta con bloques, ¡mordisco! Si estaba dibujando un dragón con alas de arcoíris, ¡mordisco! Rosita mordía todo el tiempo. Mordía sus lápices, mordía sus calcetines, mordía las mangas de su suéter favorito… ¡hasta mordía el aire a veces, cuando pensaba muy, muy profundo!
Su mamá, la Señora Margarita, estaba un poco preocupada. "Rosita, querida," le decía con voz suave, "morder no es lo más adecuado. ¿Por qué no intentas… cantar?"
Pero Rosita no podía cantar mientras construía la torre más alta. ¡Necesitaba concentrarse! Y concentrarse, para Rosita, significaba… ¡mordisquear!
Un día, algo muy extraño sucedió. En la cocina de la Señora Margarita, donde siempre había un tazón repleto de deliciosos bocadillos – galletas de jengibre, palitos de zanahoria, trozos de manzana – ¡el tazón estaba vacío! ¡Completamente vacío!
"¡Oh, no!" exclamó la Señora Margarita, llevándose las manos a la cabeza. "¿Dónde están mis bocadillos? ¡Tenía pensado preparar una merienda especial para Rosita y sus amigos!"
Rosita, al oír el grito de su mamá, corrió a la cocina. Vio el tazón vacío y frunció el ceño. Estaba muy, muy concentrada… ¡mordisco! Mordió la manga de su suéter, sin darse cuenta.
"Mamá, ¡yo te ayudaré a encontrar los bocadillos!" dijo Rosita, con la determinación brillando en sus ojos. "Soy una excelente detective… ¡y una excelente mordedora, para ser honesta!"
La Señora Margarita sonrió. "Está bien, Rosita. Pero intenta no morder nada valioso, ¿de acuerdo?"
Rosita asintió solemnemente. Primero, inspeccionaron la cocina. No había migas, ni rastro de galletas, ni siquiera el aroma a canela que siempre impregnaba el aire. ¡Era como si los bocadillos se hubieran evaporado!
"Esto es muy extraño," murmuró Rosita, mordisqueando su labio inferior. "Necesitamos pistas. ¡Pistas mordisqueables!"
Empezaron a buscar por toda la casa. Revisaron el salón, el jardín, incluso el baño. ¡Nada! La Señora Margarita estaba a punto de rendirse, cuando Rosita gritó: "¡Mamá, mira!"
En el pasillo, justo delante de la puerta del cuarto de juegos, había… ¡una pequeña mordida en el rodapié! Era una mordida pequeña, pero inconfundible.
"¡Un mordisco!" exclamó Rosita. "¡Esto significa que alguien mordió el rodapié… y ese alguien probablemente se llevó los bocadillos!"
Siguieron el rastro de pequeñas mordidas. Había una mordida en la pata de la mesa del salón, otra en la esquina de un libro, ¡y otra en el borde de la cortina! Las mordidas las llevaron directamente al cuarto de juegos.
Al entrar, encontraron… ¡a su perro, Trueno, rodeado de los bocadillos desaparecidos! Estaba sentado allí, con una expresión de culpa en su cara peluda, y una migaja de galleta de jengibre pegada a su nariz.
"¡Trueno!" exclamó la Señora Margarita. "¿Fuiste tú quien se comió los bocadillos?"
Trueno bajó la cabeza y gimió suavemente. Rosita se acercó a él y le dio un abrazo.
"Trueno solo tenía hambre," dijo Rosita. "Pero no está bien comerse los bocadillos sin preguntar. ¿Verdad, Trueno?"
Trueno lamió la cara de Rosita y movió la cola. La Señora Margarita sonrió.
"Tienes razón, Rosita," dijo. "Trueno solo necesitaba un bocadillo. Pero ahora, tendremos que hornear más galletas. ¿Me ayudas, Rosita?"
Rosita asintió con entusiasmo. Mientras horneaban las galletas, Rosita se dio cuenta de algo importante. No necesitaba morder para concentrarse. Podía concentrarse… ¡ayudando a su mamá! Y Trueno aprendió que siempre podía pedir un bocadillo, en lugar de robarlo. Desde ese día, Rosita intentó morder menos y ayudar más. Aunque, de vez en cuando, cuando estaba leyendo un libro realmente emocionante… ¡un pequeño mordisquito se le escapaba! Pero ahora, al menos, ¡ya sabía por qué mordía! Y Trueno, bueno, Trueno siempre tenía un bocadillo a mano, ¡pedidos con educación, por supuesto! Y la Señora Margarita, siempre hacía bocadillos extra, ¡por si acaso! Y así, ¡todos vivieron felices y comieron muchos bocadillos… de la manera correcta!
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