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Gratis · elegí una vozSanti tenía una hermanita. Se llamaba Luna, y era la cosita más dulce del mundo. Tenía ojos grandes y redondos como canicas de chocolate, y un pelo suave como el algodón de azúcar. Pero últimamente, Luna no sonreía mucho. Antes, reía a carcajadas cuando Santi hacía caras graciosas o le cantaba canciones inventadas. Ahora, sólo miraba con sus ojitos tristes.
Santi estaba preocupado. Quería que su hermanita volviera a sonreír. Pensó mucho, mucho, mucho. ¿Qué podía hacer? Un día, mientras jugaba con sus bloques de construcción, tuvo una idea brillante. ¡Construiría una máquina de cosquillas!
Reunió todos sus bloques, los rojos, los azules, los amarillos, incluso algunos bloques con forma de animales. Trabajó con mucho cuidado, conectando cada pieza con precisión. La máquina de cosquillas era alta y colorida, con una palanca gigante y un botón rojo brillante. Cuando terminó, estaba muy orgulloso.
"¡Luna, mira!", exclamó Santi, llevándola al salón donde estaba la máquina. "¡He construido una máquina de cosquillas! ¡Está hecha especialmente para ti!"
Luna lo miró con curiosidad. Sus ojitos brillaron un poquito. Santi la sentó suavemente frente a la máquina.
"Ahora, solo tengo que tirar de esta palanca", dijo Santi, tirando de la palanca gigante. La máquina hizo un ruido gracioso, como un hipo, y un brazo de bloques salió disparado, haciendo cosquillas a Luna en la barriguita.
Luna no se rió. Santi se sintió un poco desanimado. Pero no se rindió.
"Quizás necesita más cosquillas", pensó. Presionó el botón rojo brillante. La máquina hizo un ruido más fuerte, y dos brazos más salieron disparados, cosquilleando a Luna en los pies y en las mejillas.
Aún así, Luna no se rió. Santi se sentía cada vez más triste. Se sentó junto a su hermanita, abrazándola.
"Lo siento, Luna", dijo Santi, con la voz apagada. "Quería hacerte reír".
Luna lo abrazó fuerte. "No pasa nada, Santi", susurró. "Gracias por intentarlo".
Santi se dio cuenta de algo importante. A veces, no se necesita una máquina de cosquillas para hacer sonreír a alguien. A veces, solo se necesita un abrazo y un amigo que te quiera.
Entonces, a Santi se le ocurrió otra idea. "¡Vamos a jugar!", exclamó. "¡Vamos a disfrazarnos!"
Corrieron al armario de los disfraces y sacaron sombreros, pelucas, gafas gigantes y narices de payaso. Santi se puso un sombrero de pirata y Luna se puso una peluca rosa brillante. Empezaron a hacer caras graciosas y a bailar como si fueran robots.
De repente, Luna soltó una pequeña risita. Santi la miró sorprendido. Luna volvió a reír, esta vez más fuerte. Pronto, los dos estaban riendo a carcajadas, rodando por el suelo, llenando la casa con su alegría.
Santi se dio cuenta de que la sonrisa de Luna no se había perdido para siempre. Solo necesitaba un poco de juego, un poco de diversión y mucho amor. No era una máquina de cosquillas lo que necesitaba Luna, sino un hermano que jugara con ella.
Después de jugar hasta cansarse, Santi y Luna se acurrucaron en el sofá para leer un cuento. Luna apoyó su cabecita en el hombro de Santi y le sonrió. Era la sonrisa más bonita que Santi había visto nunca.
Esa noche, antes de dormir, Santi le susurró a Luna: "Te quiero mucho, hermanita".
Luna le devolvió el susurro: "Yo también te quiero, Santi".
Santi aprendió que la mejor manera de hacer sonreír a alguien es simplemente estar ahí para ellos, jugando, amando y compartiendo momentos felices. Y a veces, la mejor máquina de cosquillas es un abrazo sincero y un corazón lleno de amor.
Al día siguiente, Santi y Luna desmantelaron la máquina de cosquillas. Usaron los bloques para construir un castillo gigante, donde vivían un valiente caballero y una princesa sonriente. Y así, Santi y Luna vivieron muchas aventuras juntos, siempre buscando nuevas formas de hacer reír el uno al otro, porque sabían que la risa es el mejor regalo de todos.
Santi entendió que tener una hermanita era la mejor aventura de todas. Y que, a veces, las soluciones más sencillas son las que traen la mayor alegría. Desde ese día, la sonrisa de Luna brilló como el sol, iluminando cada rincón de su casa y llenando sus corazones de felicidad.
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