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Gratis · elegí una vozSi yo fuera una chiringa, me llamaría Volantín. Sería una chiringa muy especial, con colores brillantes como el arcoíris después de una tormenta de verano. Mi cuerpo estaría hecho de papel de seda rojo fuego, azul océano, amarillo sol y verde esmeralda, cosidos con hilo dorado que brillaría con cada rayo de luz.
Tendría una larga cola de cintas multicolores que danzarían al viento, como si estuvieran bailando una alegre melodía. En mi cara, dibujaría una gran sonrisa traviesa y unos ojos redondos llenos de curiosidad, siempre listos para descubrir el mundo desde las alturas.
Si yo fuera Volantín, viviría en la tienda de Don Ramón, el juguetero más amable del barrio. Don Ramón pasaba horas construyendo chiringas de todas las formas y tamaños, pero yo sería su favorita. Me cuidaría con esmero, revisando que mi estructura fuera fuerte y mis colores vibrantes.
Cada mañana, esperaría ansiosamente a que un niño me eligiera para volar. Soñaba con ser la chiringa que lo acompañaría en sus aventuras, la que le haría reír y sentir la emoción de acariciar las nubes. Un día, un niño llamado Miguel entró a la tienda. Tenía los ojos brillantes y una sonrisa tímida. Se acercó a mí y me miró con admiración.
"¡Mira, papá! ¡Esta chiringa es la más bonita de todas!" exclamó Miguel, señalándome con su dedito. Su padre asintió con una sonrisa y le dijo a Don Ramón que me llevarían a casa. ¡No podía creerlo! ¡Mi sueño se estaba haciendo realidad!
Al día siguiente, Miguel y su papá me llevaron al parque. El viento soplaba suavemente, invitándome a volar. Miguel me sujetó con cuidado y, después de unos cuantos intentos, ¡zas!, me elevé hacia el cielo. ¡Qué sensación tan maravillosa! Podía ver el parque desde arriba, los árboles, las flores, los niños jugando... todo parecía más pequeño y colorido.
Miguel corría por el parque, sosteniendo el hilo con firmeza. Yo danzaba y giraba en el aire, disfrutando de la libertad y la alegría. El viento me susurraba secretos al oído y yo le contaba mis sueños de conocer el mundo entero. Juntos, volamos tan alto que casi podía tocar las nubes. Parecían algodón de azúcar, suaves y esponjosas.
De repente, una ráfaga de viento más fuerte de lo normal me sacudió con fuerza. El hilo se tensó y, por un instante, pensé que me rompería. Miguel luchó con todas sus fuerzas para mantenerme en el aire, pero el viento era demasiado fuerte. Con un chasquido doloroso, el hilo se rompió y me liberé. Sentí un vacío en el estómago mientras me alejaba de Miguel y me adentraba en el cielo.
Al principio, me sentí asustada y sola. Pero luego, me di cuenta de que era libre. Podía volar donde quisiera, explorar nuevos lugares y conocer a otras chiringas. El viento me llevó por encima de las montañas, los ríos y los bosques. Vi ciudades bulliciosas y pueblos tranquilos. Conocí a gaviotas que me contaron historias del mar y a águilas que me mostraron las cumbres más altas.
Una tarde, mientras volaba sobre un campo de girasoles, me encontré con una bandada de chiringas de todas las formas y tamaños. Eran chiringas viajeras, que recorrían el mundo buscando aventuras. Me invitaron a unirme a su grupo y yo acepté con entusiasmo. Juntos, volamos por encima de las nubes, creando figuras increíbles y riendo a carcajadas. Cada noche, nos reuníamos alrededor de una estrella fugaz y compartíamos nuestras historias. Aprendí mucho de ellas y me di cuenta de que la amistad es el tesoro más valioso.
A pesar de todas mis aventuras, nunca olvidé a Miguel. Siempre guardé en mi corazón el recuerdo de su sonrisa y su alegría. Un día, mientras volaba sobre el parque donde nos habíamos conocido, lo vi jugando con otra chiringa. Me acerqué sigilosamente y revoloteé a su alrededor. Miguel levantó la vista y, por un instante, me reconoció. Sus ojos brillaron de alegría y me dedicó una sonrisa. Supe que, aunque ya no estuviéramos juntos, siempre seríamos amigos.
Si yo fuera una chiringa, esa sería mi historia. Una historia de sueños, aventuras, libertad y amistad. Una historia que contar a todos los niños que aman volar y soñar con las alturas.
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