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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en la ciudad de Colores Brillantes, un pequeño saltamontes llamado Salto. Salto no era un saltamontes cualquiera. ¡Él era Súper Saltamontes! Tenía un disfraz verde brillante, una capa amarilla que ondeaba al viento y una antena que se movía cuando estaba emocionado. Su superpoder era, ¡adivinen qué! Saltar muy, muy alto.
Un día soleado, mientras Súper Saltamontes practicaba sus saltos en el parque, escuchó un grito. “¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡El edificio de la abuela está tambaleando!”
Súper Saltamontes miró hacia arriba. ¡Era verdad! El alto edificio de la abuela Margarita, donde hacía las galletas más deliciosas de la ciudad, se movía de un lado a otro como un flan. Los vecinos corrían asustados.
Súper Saltamontes sabía que tenía que actuar rápido. Primero, necesitaba energía. Corrió hacia la fuente del parque y bebió un largo trago de agua fresca. ¡Glup, glup, glup! El agua le dio un impulso extra. Luego, hizo algunos estiramientos. Se estiró los brazos, las piernas y las antenas. ¡Listo para la acción!
“¡No teman, ciudadanos! ¡Súper Saltamontes está aquí!” gritó con voz fuerte, aunque a veces le temblaba un poquito.
Tomó una gran bocanada de aire y se preparó para el primer salto. ¡Necesitaba llegar al balcón del primer piso para ver qué pasaba! Se agachó, juntó todas sus fuerzas y… ¡BOING! Saltó tan alto como un árbol. Aterrizó suavemente en el balcón.
“¡Hola, señora Ardilla! ¿Qué está pasando?” preguntó Súper Saltamontes.
La señora Ardilla, con el pelo revuelto, le respondió: “¡Oh, Súper Saltamontes! ¡Un grupo de ardillas traviesas ha estado mordisqueando los cimientos del edificio! ¡Están buscando nueces!”
Súper Saltamontes pensó rápidamente. ¡Necesitaba detener a esas ardillas! Pero, ¿cómo? Se le ocurrió una idea brillante. Bajó del balcón con un gran salto y corrió hacia el puesto de frutas del señor Oso.
“¡Señor Oso, necesito su ayuda! ¡Necesito muchas nueces!” gritó Súper Saltamontes.
El señor Oso, con su gran corazón, le dio a Súper Saltamontes una bolsa llena de nueces deliciosas. Súper Saltamontes, con la bolsa llena, volvió corriendo al edificio tambaleante.
“¡Ardillas traviesas! ¡Tengo nueces para ustedes!” gritó Súper Saltamontes. Lanzó las nueces lejos del edificio, hacia el parque.
Las ardillas, al ver las nueces, dejaron de mordisquear los cimientos y corrieron hacia el parque para recoger su botín. ¡Estaban felices con su nuevo tesoro!
Pero el edificio todavía se tambaleaba un poco. Súper Saltamontes se dio cuenta de que los cimientos estaban débiles. Necesitaba algo fuerte para sostener el edificio.
Miró a su alrededor y vio… ¡una pila gigante de libros! Los libros eran de la biblioteca que estaba al lado del edificio de la abuela Margarita.
“¡Esa es la solución!” pensó Súper Saltamontes. Con todas sus fuerzas, empezó a empujar un libro a la vez hacia los cimientos del edificio. Era un trabajo duro, pero Súper Saltamontes no se rendía.
¡Empuja, empuja, empuja! Poco a poco, los libros empezaron a sostener el edificio. El tambaleo disminuyó y finalmente, ¡el edificio se quedó quieto!
Los vecinos aplaudieron y vitorearon. “¡Bravo, Súper Saltamontes! ¡Nos has salvado!”
La abuela Margarita salió del edificio con una bandeja llena de galletas calientes. “¡Gracias, Súper Saltamontes! ¡Eres un héroe! ¡Estas galletas son para ti!”
Súper Saltamontes se comió una galleta grande y sonrió. ¡Era la galleta más deliciosa que había probado en su vida! Pero su trabajo no había terminado. Todavía tenía que ayudar a reparar los cimientos del edificio.
Con la ayuda de todos los vecinos, juntaron piedras y cemento. Súper Saltamontes, con sus saltos poderosos, ayudó a colocar las piedras en su lugar.
Después de mucho trabajo, los cimientos del edificio quedaron fuertes y seguros. El edificio de la abuela Margarita ya no se tambaleaba.
Súper Saltamontes, cansado pero feliz, se despidió de todos. “¡Hasta la próxima aventura!”
Volvió al parque, se sentó bajo un árbol y cerró los ojos. Había sido un día largo y emocionante. Había salvado el edificio de la abuela Margarita, había ayudado a las ardillas a encontrar nueces y había aprendido que incluso un pequeño saltamontes puede ser un gran héroe.
Desde ese día, Súper Saltamontes siguió protegiendo la ciudad de Colores Brillantes, siempre listo para saltar a la acción y ayudar a quien lo necesitara. Y cada vez que comía una galleta de la abuela Margarita, recordaba la aventura del edificio tambaleante y sonreía.
¡Y colorín colorado, este cuento de Súper Saltamontes ha terminado!
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