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Gratis · elegí una vozToby es un perrito pequeño. Era tan pequeño como una taza de té, ¡pero mucho más peludo! Toby es tierno y le gusta jugar más que cualquier otra cosa en el mundo. Sus orejas siempre estaban listas para escuchar una nueva aventura, y su cola no podía dejar de moverse ni por un segundo. Cada mañana, Toby saltaba de su camita con entusiasmo, listo para explorar el jardín y encontrar algo divertido que hacer.
Un día soleado, Toby salió corriendo al jardín como de costumbre. Las mariposas revoloteaban entre las flores, las abejas zumbaban alrededor de las rosas, y el aire olía a hierba fresca y tierra húmeda. Toby olfateó el suelo con curiosidad, buscando algo nuevo y emocionante. De repente, ¡allí estaba! Una pelota azul brillante, escondida debajo de un arbusto de lavanda.
Toby la miró con sus grandes ojos marrones. ¡Era la pelota más hermosa que jamás había visto! La olfateó con su pequeña nariz húmeda. Olía a... ¡nada! Pero Toby sabía que era especial. Luego, la empujó suavemente con su nariz. ¡La pelota rodó!
Toby se puso muy feliz. Su cola comenzó a moverse aún más rápido, y sus ojos brillaron de alegría. ¡Había encontrado un nuevo juguete! Corrió detrás de la pelota, ladrando de emoción. "¡Guau, guau!", ladró Toby, invitando a la pelota a jugar.
La pelota rodaba y rodaba, llevada por una suave brisa. Toby la seguía de cerca, corriendo con todas sus fuerzas. Rodaba por el césped verde, entre las flores de colores, y alrededor del gran árbol de manzanas. Toby ladró de nuevo: “¡Guau, guau!”. Estaba disfrutando mucho de su nuevo juego.
Jugaron juntos durante mucho tiempo. Toby empujaba la pelota con la nariz, la perseguía por todo el jardín, y a veces incluso intentaba atraparla con sus pequeñas patas. La pelota rodaba y rodaba, a veces rápida, a veces lenta, pero siempre divertida. Toby reía con cada salto y cada ladrido.
Después de un rato, Toby comenzó a sentirse cansado. El sol brillaba con fuerza, y sus patas ya no querían correr más. Se sentó debajo del gran árbol de manzanas, buscando un poco de sombra. La pelota azul rodó hasta detenerse a su lado.
Toby miró la pelota azul. Estaba un poco sucia, cubierta de hierba y tierra, pero aún era hermosa. Se acostó a su lado, apoyando su cabeza en la pelota. Cerró los ojos y suspiró feliz. Había jugado mucho con su nueva amiga.
Mientras descansaba, Toby comenzó a recordar todos los momentos divertidos que había tenido con la pelota azul. Recordó cómo la había encontrado escondida debajo del arbusto de lavanda, cómo la había empujado con su nariz, y cómo había corrido detrás de ella por todo el jardín. Recordó sus ladridos de alegría y sus saltos de emoción.
Toby se dio cuenta de que la pelota azul no era solo un juguete. Era algo más. Era una amiga. Una amiga que lo había hecho reír, correr y sentirse feliz. Una amiga con la que había compartido un día maravilloso en el jardín.
De repente, Toby escuchó una voz. Era la voz de su dueña, Sofía. "¡Toby, hora de entrar!", gritó Sofía desde la puerta de la casa.
Toby abrió los ojos. Vio a Sofía parada en la puerta, sonriéndole. Se levantó lentamente, sintiéndose un poco adormilado. Tomó la pelota azul con su boca y corrió hacia Sofía.
"¡Mira, Sofía!", ladró Toby, mostrándole la pelota azul. Sofía sonrió y acarició la cabeza de Toby. "¡Qué linda pelota!", dijo Sofía. "¿Te divertiste jugando con ella?"
Toby ladró felizmente y movió la cola con entusiasmo. ¡Claro que se había divertido! Había sido el mejor día de su vida. Sofía tomó la pelota azul y la limpió con un paño. Luego, la guardó en la cesta de juguetes de Toby.
Toby siguió a Sofía dentro de la casa. Se sentía feliz y cansado a la vez. Se acurrucó en su camita, cerró los ojos y se quedó dormido. Soñó con la pelota azul, con el jardín, y con todas las aventuras que tendrían juntos.
Al día siguiente, Toby se despertó con la misma energía de siempre. Saltó de su camita y corrió hacia la cesta de juguetes. Sacó la pelota azul y corrió al jardín. ¡Estaba listo para jugar de nuevo! Y así, Toby y la pelota azul siguieron jugando juntos todos los días, compartiendo risas, aventuras y momentos inolvidables. Toby estaba feliz, porque tenía una amiga muy especial: ¡su pelota azul mágica!
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