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Gratis · elegí una vozTopi era un perrito adorable. Tenía un pelaje suave como el algodón, unas orejas grandes y caídas, y unos ojos tan brillantes que parecían dos estrellitas. Topi era inocente y confiaba en todo el mundo. Le encantaba jugar y su juguete favorito era una pelota roja, chirriante, que siempre llevaba consigo. Un día soleado, Topi jugaba en el parque con su pelota. La lanzaba al aire y la atrapaba con entusiasmo, moviendo su colita sin parar. De repente, un niño se acercó a él. El niño, de unos ocho años, tenía el pelo castaño y una sonrisa amable.
"¡Qué bonita pelota!" dijo el niño. "¿Puedo jugar contigo?"
Topi, siempre amigable, movió la cola y dejó que el niño tomara su pelota. Jugaron juntos durante un rato, lanzando y atrapando la pelota. El niño parecía muy divertido, pero de pronto, un heladero llamó su atención.
"¡Oh, mira! ¡Helado!" exclamó el niño. "Espera aquí, Topi. Voy a comprar uno y vuelvo enseguida."
Topi, confiado, se sentó en el césped y esperó. El niño corrió hacia el heladero y desapareció entre la gente. Topi esperó y esperó, pero el niño no regresaba. Empezó a sentirse un poco preocupado. ¿Dónde estaría el niño? ¿Y su pelota?
Después de un rato, Topi decidió que tenía que hacer algo. No podía quedarse allí sentado esperando para siempre. Tenía que encontrar al niño y recuperar su pelota. Se levantó y empezó a olfatear el suelo, intentando seguir el rastro del niño. Primero olfateó cerca del heladero, rodeado de familias disfrutando de sus helados. Demasiados olores, Topi no pudo encontrar el olor del niño.
Topi tuvo que tomar una decisión: ¿Debía buscar al niño cerca del heladero o buscar en otra parte del parque? Si buscaba cerca del heladero, quizás lo encontraría, pero también podría perderse entre la multitud. Si buscaba en otra parte del parque, quizás tardaría más en encontrarlo, pero tendría más posibilidades de seguir su rastro.
Después de pensarlo un momento, Topi decidió buscar en otra parte del parque. Era un lugar más tranquilo y creía que tendría más éxito en seguir el rastro del niño. Empezó a caminar lentamente, olfateando el suelo y mirando a su alrededor. Llegó a un arenero, lleno de niños jugando. Allí encontró un grupo de niños construyendo un castillo de arena, ¿estaría el niño allí?
De repente, vio algo familiar: ¡la pelota roja! Estaba tirada en la arena, cerca de un niño que no era el que había conocido antes. Este niño era más pequeño y tenía el pelo rubio. Topi se acercó corriendo a la pelota, moviendo la cola con alegría. El niño lo miró sorprendido.
"¿Es tuya esta pelota?" preguntó el niño rubio.
Topi ladró alegremente y movió la cola. El niño le entregó la pelota. Topi estaba feliz de tener su pelota de vuelta, pero aún se preguntaba dónde estaría el primer niño. ¿Había vuelto a casa con su helado y se había olvidado de él?
Topi, con su pelota en la boca, decidió seguir buscando al niño. Caminó por todo el parque, preguntando a la gente con sus ojos tiernos si habían visto al niño del pelo castaño. Finalmente, lo encontró sentado en un banco, con un helado derretido en la mano. El niño parecía triste.
"¡Topi!" exclamó el niño. "¡Lo siento mucho! Me distraje con el helado y me olvidé de ti. ¡Perdóname!"
Topi, a pesar de su pequeño disgusto, lamió la mano del niño. Sabía que no lo había hecho a propósito. El niño le devolvió la pelota y jugaron juntos hasta que se hizo tarde. Topi aprendió ese día que confiar en la gente es bueno, pero también es importante ser un poco cauteloso. Y sobre todo, aprendió que su pelota roja era lo más importante del mundo. Al día siguiente, Topi se encontró con una niña que lloraba porque había perdido su muñeca. Topi decidió ayudarla a buscarla. Topi tomó una decisión: ¿Debía buscar la muñeca cerca de los arbustos o cerca de la fuente? Si buscaba cerca de los arbustos, sería más difícil encontrarla, pero quizás estaría escondida allí. Si buscaba cerca de la fuente, sería más fácil de buscar, pero la muñeca podría estar mojada. Topi decidió empezar por los arbustos, porque pensó que la muñeca podría estar escondida de la lluvia. Después de una larga búsqueda, Topi encontró la muñeca debajo de un arbusto. La niña estaba muy contenta y le dio a Topi una galleta como recompensa. Topi se sintió muy feliz de haber ayudado a la niña. Esa noche, Topi durmió profundamente, soñando con aventuras y con su querida pelota roja.
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