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Gratis · elegí una vozEl pequeño Triceratops, Trico, vivía en una exuberante selva llena de árboles gigantes y flores de colores vibrantes. A Trico le encantaba explorar la selva durante el día, buscando bayas dulces y jugando a las carreras con los otros dinosaurios bebés. Pero cuando el sol comenzaba a ocultarse detrás de las montañas, y la selva se teñía de tonos oscuros, a Trico le entraba un miedo terrible. La oscuridad lo hacía sentir pequeño y vulnerable.
"¡Mamá, tengo miedo!" exclamaba Trico, aferrándose a la pata de su madre. "La selva se ve tan diferente en la noche. Hay sombras por todas partes, ¡y no sé qué se esconde en ellas!"
Mamá Triceratops lo abrazaba con su gran y cálido cuerpo. "Mi pequeño Trico, no tienes por qué tener miedo," le decía con una voz suave y tranquilizadora. "La oscuridad puede parecer misteriosa, pero también está llena de maravillas. Solo necesitas aprender a verlas."
Una noche, mientras Trico temblaba junto a su madre, escucharon un suave aleteo. Era Ptero, un amigable Pterodáctilo con plumas de color arcoíris. Ptero siempre estaba feliz de volar por la selva, saludando a todos con su alegre chillido.
"¡Hola, Trico! ¿Por qué estás tan triste?" preguntó Ptero, aterrizando suavemente frente a ellos.
"Tengo miedo de la oscuridad," respondió Trico, bajando la cabeza.
Ptero sonrió. "¡Tonterías! La oscuridad es divertida. ¿Por qué no jugamos a las escondidas?"
Trico frunció el ceño. "¿A las escondidas? ¡Pero no puedo ver nada!"
"Precisamente por eso será divertido," dijo Ptero con picardía. "Yo te ayudaré. Volaré por encima y te daré pistas con mis chillidos. Si chillo ¡Arriba!, significa que estás cerca de un árbol. Si chillo ¡Abajo!, significa que estás cerca del suelo. ¿Qué dices?"
Mamá Triceratops asintió con una sonrisa. "Es una gran idea, Ptero. Trico, intenta ser valiente. ¡Quizás descubras que la oscuridad no es tan mala después de todo!"
Trico respiró hondo y asintió. "Está bien, lo intentaré."
Y así, el juego comenzó. Ptero voló hacia arriba, sus plumas de arcoíris brillando tenuemente a la luz de la luna. Trico cerró los ojos por un momento, respirando el olor a tierra húmeda y flores nocturnas. Luego, abrió los ojos y comenzó a caminar lentamente, escuchando atentamente los chillidos de Ptero.
"¡Arriba! ¡Arriba!" chilló Ptero. Trico siguió el sonido y sintió la rugosa corteza de un árbol contra su piel. Se agachó detrás del árbol, conteniendo la respiración para no hacer ruido.
Ptero voló en círculos, buscando a Trico. Luego, chilló: "¡Abajo! ¡Abajo!" Trico supo que Ptero se estaba acercando, así que se arrastró silenciosamente hacia otro escondite, cerca de un grupo de helechos gigantes.
El juego continuó durante un buen rato. Al principio, Trico estaba nervioso y temblaba un poco. Pero a medida que se concentraba en escuchar los chillidos de Ptero y sentir el entorno que lo rodeaba, comenzó a relajarse. Descubrió que podía usar sus otros sentidos para compensar la falta de visión. Podía oler las flores, sentir el viento en su piel y escuchar el canto de los grillos. La selva nocturna ya no le parecía tan aterradora.
Finalmente, Ptero chilló: "¡Te encontré, Trico! ¡Eres muy bueno escondiéndote!"
Trico salió de su escondite, sonriendo. "¡Gracias, Ptero! Fue muy divertido."
"¿Ves? La oscuridad no es tan mala cuando tienes amigos," dijo Ptero, aterrizando junto a Trico. "Y ahora, mira a tu alrededor."
Trico miró a su alrededor y se quedó sin aliento. La selva ya no estaba oscura y amenazante. La luz de la luna se filtraba entre las hojas, creando patrones plateados en el suelo. Las luciérnagas brillaban como pequeñas estrellas, iluminando los árboles y las flores. La selva parecía mágica y hermosa.
"¡Es precioso!" exclamó Trico.
"Siempre lo ha sido," dijo Mamá Triceratops, acercándose a ellos. "Solo necesitabas verla con ojos diferentes."
Desde esa noche, Trico ya no le tuvo miedo a la oscuridad. Aprendió que la oscuridad no era algo de lo que debía huir, sino algo que podía explorar y disfrutar. Y siempre recordaría la noche en que jugó a las escondidas con su amigo Ptero y descubrió la belleza de la selva brillante.
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