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Un viernes por la tarde, ¡la campana sonó con más alegría que nunca! Andrea y sus amigos corrieron al recreo, porque hoy era un día especial: ¡había puestos de comida y juegos! Andrea y Ana Paula, con el estómago rugiendo, fueron directamente a los tacos al pastor. El olor era irresistible, y en un abrir y cerrar de ojos, ¡ya estaban disfrutando de sus deliciosos tacos!
Con la panza llena, Andrea sintió una energía renovada. Vio un puesto de juegos donde se lanzaba un balón de americano. ¡Le encantaba lanzar! Se acercó, pagó su turno y, con un lanzamiento preciso y potente, ¡logró derribar todos los objetivos! Como premio, ¡ganó un balón de americano chiquito! Estaba súper contenta.
Después de su victoria en el juego, a Andrea se le antojó algo dulce. Recordó que había un puesto con malteadas de Bob Esponja. ¡Bob Esponja era su personaje favorito! Corrió hacia allá y, después de pensarlo un poco, se decidió por una malteada de Oreo. ¡Era la combinación perfecta!
Con su malteada en mano, Andrea regresó al salón de clases para esperar a sus amigos. Ya casi todos estaban allí, hablando emocionados sobre lo que habían comprado y los juegos en los que habían participado. De repente, Alexia y Ricardo entraron corriendo, con las mejillas rojas y los ojos brillantes.
"¡Andrea! ¡Tenemos que ir al trampolín!" exclamó Alexia, sin aliento.
Andrea sonrió. El trampolín siempre era divertido. "¡Sí! ¡Vamos!" dijo, emocionada.
Ricardo asintió con entusiasmo. "Pero cuesta dinero, ¿verdad?"
Alexia, siempre generosa, propuso: "¡Yo pago la mitad y Andrea la otra mitad!"
Andrea aceptó encantada. ¡Con amigos así, la diversión estaba asegurada! Los tres salieron corriendo hacia el trampolín, riendo y gritando de alegría.
En el trampolín, jugaron a "la traes". Andrea corría y saltaba, tratando de tocar a Alexia. Ricardo, con su agilidad, esquivaba los intentos de Andrea y Alexia. ¡Era una competencia llena de risas y piruetas!
Pero después de un rato, el calor comenzó a hacerse sentir. El sol brillaba con fuerza y el aire se sentía pesado. Los tres amigos estaban sudando y jadeando. Ya no tenían la misma energía para saltar y correr.
"¡Tengo mucha calor!" se quejó Alexia, secándose la frente con la mano.
"Yo también," dijo Ricardo, con la voz entrecortada. "Creo que deberíamos entrar."
Andrea estuvo de acuerdo. "Sí, vamos. Ya me siento un poco mareada."
Cuando entraron al salón, se dieron cuenta de que casi todos los demás niños ya estaban adentro. El aire acondicionado se sentía delicioso después del calor sofocante del exterior. Muchos estaban sentados en sus pupitres, con abanicos improvisados hechos de hojas de papel.
De repente, la maestra de inglés entró al salón. "¡Salganse todos para afuera!" dijo con voz firme.
Andrea y Ricardo se miraron con desánimo. No querían volver a salir al calor. Ya estaban cómodos en el fresquito del salón. Pero sabían que no podían desobedecer a la maestra.
Lentamente, la mayoría de los niños comenzaron a salir. Andrea y Ricardo fueron los últimos en levantarse de sus asientos y caminar hacia la puerta. Justo cuando estaban a punto de salir, escucharon a la directora hablar con una maestra.
"Si quieres, ya mételos," dijo la directora. "Hace tanto calor que se van a deshidratar."
Ricardo y Andrea se detuvieron en seco. ¡No podían creer lo que habían escuchado! Rápidamente, salieron al pasillo y se acercaron a su maestra de inglés.
"¡Miss! ¡Miss!" exclamó Andrea. "Escuchamos a la directora decir que ya nos podíamos meter, porque hace mucho calor!"
Ricardo asintió con la cabeza. "Sí, Miss, lo dijo. Dijo que nos íbamos a deshidratar."
La maestra de inglés los miró con sorpresa. Después de pensarlo un momento, dijo: "Bueno, está bien. Ya métanse, pero recuerden que van a tener examen después del recreo. Así que repasen sus apuntes."
Andrea y Ricardo sonrieron aliviados. ¡Habían logrado convencer a la maestra! Rápidamente, entraron al salón y les contaron a sus amigos lo que había pasado.
En cuestión de minutos, todos los niños volvieron a entrar al salón, agradecidos por escapar del calor. El resto del recreo lo pasaron repasando sus apuntes de inglés, preparándose para el examen que se avecinaba. Aunque el recreo había sido un poco diferente a lo planeado, al final todos estaban contentos de estar a salvo del sol y listos para aprender.
FIN.
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