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Gratis · elegí una vozEl sol brillaba, ¡pero no como antes! Ahora, un silencio raro cubría el mundo. Ayelén, con su barriguita donde crecía un pequeño ser de Tom, sabía que algo andaba mal. "¡Zombis!" gritó Ian, con su gorra al revés. "¡Los he visto en la plaza! ¡Comen helado de cerebros!"
Jesús, el más tranquilo del grupo, ajustó sus gafas. "No creo que coman *solo* helado. Debemos estar preparados." Él siempre tenía un plan.
Tom, con su cara preocupada, abrazó a Ayelén. "Estaremos bien, mi amor. Te protegeré a ti y a nuestro bebé."
El grupo era peculiar: Tatiana, siempre con una sonrisa y un kit de primeros auxilios; Delfina, la experta en plantas, que sabía qué era comestible y qué no; Kiara, la más rápida, ideal para explorar; Keysi, la fuerte, capaz de mover cualquier cosa; Morena, la silenciosa, con una puntería increíble con su resortera; y Abril, la más optimista, siempre cantando canciones para levantar el ánimo.
"¡Tenemos que encontrar un lugar seguro!" exclamó Ayelén. "Un lugar donde el bebé pueda nacer en paz!"
Y así comenzó su aventura. Caminaron por calles vacías, evitando los zombis tambaleantes que gruñían por todas partes. Ian iba al frente, gritando advertencias. Jesús trazaba mapas en la tierra. Tom se mantenía cerca de Ayelén, ofreciéndole su mano.
Un día, encontraron una vieja escuela. "¡Perfecto!" exclamó Abril. "¡Tiene paredes altas y un gran patio!" Pero al entrar, ¡sorpresa! Un grupo de zombis-profesores les esperaba.
"¡Ataque!" gritó Keysi, lanzando una silla contra un zombi con gafas. Morena, con su resortera, acertó a los zombis en la cabeza con piedritas. Tatiana curaba los rasguños con su kit de primeros auxilios. Delfina lanzó hierbas malolientes para confundirlos. Kiara corría alrededor de los zombis, haciéndolos tropezar. Abril cantaba una canción tan fuerte que los zombis se tapaban los oídos (¡aunque no les sirviera de mucho!).
Ayelén, aunque embarazada, no se quedó atrás. Tom le había enseñado a defenderse con un palo. ¡Y vaya que sabía usarlo!
Después de una dura batalla (¡y mucha risa!), lograron limpiar la escuela de zombis. "¡Este será nuestro hogar!" anunció Jesús.
Los días siguientes fueron de trabajo duro. Limpiaron las aulas, plantaron un huerto en el patio (gracias a Delfina), y reforzaron las puertas y ventanas. Ian instaló alarmas hechas con latas y cuerdas. Keysi construyó barricadas. Abril decoró las paredes con dibujos alegres.
Ayelén, aunque cansada, se sentía feliz. Tenían un lugar seguro, comida y, lo más importante, estaban juntos. Tom siempre estaba a su lado, cuidándola y cantándole canciones al bebé.
Un día, mientras Abril cantaba una canción de cuna, Ayelén sintió un dolor fuerte. "¡El bebé viene!" gritó Tom, con los ojos llenos de pánico.
Tatiana y Delfina, las expertas en partos (¡bueno, más o menos!), ayudaron a Ayelén. Fue un trabajo duro, pero después de unas horas, ¡se escuchó un llanto!
"¡Es una niña!" exclamó Tatiana, entregándole a Ayelén una pequeña bebé envuelta en una manta.
"¡Es hermosa!" dijo Ayelén, con lágrimas en los ojos. Tom la abrazó a ella y a su hija.
"¿Cómo la llamaremos?" preguntó Jesús.
Ayelén sonrió. "La llamaremos Esperanza."
En medio del apocalipsis zombi, había nacido una nueva vida, una nueva esperanza. Y aunque el mundo fuera peligroso, sabían que juntos, como una familia, podrían enfrentar cualquier cosa. Incluso zombis comiendo helado de cerebros. Porque ahora tenían algo más importante que proteger: a Esperanza, la bebé que les recordaba que incluso en la oscuridad, siempre hay luz.
Unos días después, mientras Esperanza dormía plácidamente, Ian divisó algo en el horizonte. No eran zombis. ¡Eran personas! Un grupo de supervivientes que buscaban un lugar seguro. Al ver la escuela iluminada y escuchando la suave melodía de Abril, se acercaron con cautela.
Jesús, siempre precavido, les dio la bienvenida con cautela. Después de escuchar su historia, los invitó a unirse a ellos. La escuela se hizo más grande, la familia creció. Y así, poco a poco, comenzaron a reconstruir el mundo, un día a la vez, con Esperanza como su faro, guiándolos a través de la oscuridad zombi hacia un futuro mejor.
Porque al final, la verdadera fuerza no estaba en luchar contra los zombis, sino en cuidarse unos a otros, en encontrar alegría en las pequeñas cosas, y en nunca perder la esperanza, especialmente cuando hay un bebé en camino, incluso en un apocalipsis zombi.
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