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Gratis · elegí una vozHabía una vez un alienígena llamado Zorp que estaba en su nave, la "Estrella Fugaz", descansando tranquilamente. Zorp era pequeño y verde, con tres antenas que se movían al ritmo de sus pensamientos. Hoy, después de un largo viaje explorando la Nebulosa de Algodón de Azúcar, solo quería una siesta. Se había puesto su pijama espacial a rayas moradas y amarillas, había apagado las luces de la cabina, y se había acurrucado en su cama flotante. Justo cuando estaba a punto de dormirse, ¡BUM! La nave tembló.
Zorp saltó de la cama. "¡¿Qué fue eso?!" exclamó, con sus antenas vibrando de sorpresa. Se asomó por la ventana y vio algo increíble: una vaca. Sí, una vaca, flotando en el espacio. La vaca, que parecía tan sorprendida como él, llevaba un casco espacial ridículamente pequeño y miraba a Zorp con ojos grandes y marrones.
Zorp, aunque era un alienígena muy valiente, nunca había visto una vaca en el espacio. Abrió la escotilla de su nave y le gritó a la vaca: "¡Hola! ¡¿Quién eres y cómo llegaste hasta aquí?!"
La vaca, después de un momento de silencio, respondió con un mugido suave y tembloroso: "Muuu... Soy Berta. Y... no tengo idea. Estaba pastando en la granja del Señor Martínez y, de repente, ¡puf! Aquí estoy".
Zorp se rascó una de sus antenas. "¡Esto es muy extraño! Las vacas no suelen flotar en el espacio, especialmente las que pastan en la Tierra". Decidió que no podía dejar a Berta sola en el espacio. Era demasiado peligroso. "¡No te preocupes, Berta! Te ayudaré a volver a casa", dijo Zorp con una sonrisa.
Zorp hizo pasar a Berta a la nave. La nave era pequeña, y Berta era una vaca bastante grande, por lo que la cabina se llenó rápidamente. Berta miraba todo con curiosidad, moviendo su cola de un lado a otro, golpeando sin querer algunos botones.
"¡Cuidado, Berta!" exclamó Zorp. "¡No toques nada! Podrías activar el desintegrador de asteroides por accidente".
Zorp se sentó en el asiento del piloto y comenzó a buscar la Tierra en el mapa estelar. Era un poco difícil concentrarse con Berta mugiendo suavemente a su lado. Finalmente, encontró la Tierra y programó las coordenadas en el sistema de navegación.
El viaje de regreso a la Tierra fue un poco accidentado. Berta, mareada por la velocidad de la nave, vomitó un poco de hierba espacial (sí, la nave de Zorp tenía un dispensador de hierba espacial para emergencias). Zorp tuvo que limpiar el desastre con una esponja especial que absorbía la hierba espacial.
Cuando finalmente llegaron a la Tierra, Zorp buscó la granja del Señor Martínez. La encontró fácilmente: era la única granja con un granero pintado de color rosa brillante. Zorp aterrizó la nave en el campo y abrió la escotilla. Berta salió corriendo, feliz de volver a pisar tierra firme.
El Señor Martínez, un hombre corpulento con un sombrero de paja, salió corriendo del granero al ver la nave espacial. Estaba boquiabierto.
"¡¿Qué está pasando aquí?!" exclamó el Señor Martínez.
Zorp salió de la nave y le explicó todo al Señor Martínez: cómo había encontrado a Berta flotando en el espacio y cómo la había traído de vuelta a casa. El Señor Martínez no podía creer lo que oía.
"¡Eres un héroe, jovencito!" dijo el Señor Martínez, dándole una palmada en la espalda a Zorp. "¡Berta es mi vaca favorita! Siempre se escapa y se mete en líos, pero nunca se había ido al espacio".
El Señor Martínez invitó a Zorp a tomar un vaso de leche fresca y a comer unas galletas caseras. Zorp aceptó encantado. Después de la leche y las galletas, Zorp se despidió del Señor Martínez y de Berta, que lo miraba con gratitud.
Zorp regresó a su nave, la "Estrella Fugaz", y se preparó para volver al espacio. Estaba cansado, pero feliz de haber ayudado a Berta a volver a casa. Se puso su pijama espacial a rayas moradas y amarillas, apagó las luces de la cabina y se acurrucó en su cama flotante. Esta vez, nadie interrumpió su siesta. Y mientras dormía, soñó con vacas espaciales y granjas rosadas. Desde entonces, Zorp siempre revisaba el espacio en busca de vacas perdidas, aunque nunca volvió a encontrar ninguna. Pero siempre recordaba la aventura de Berta y la siesta interrumpida, y sonreía al pensar en ello. Fin.
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