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Gratis · elegí una vozZorp era un extraterrestre pequeño, verde y con antenas brillantes. Vivía en un planeta lejano, lleno de nubes de algodón de azúcar y ríos de chocolate. Un día, Zorp decidió hacer un viaje emocionante: ¡ir al jardín de la Tierra!
Su nave espacial, que parecía una burbuja brillante, aterrizó suavemente entre las flores. Zorp salió con cuidado, sus grandes ojos mirando todo con asombro. Vio a un grupo de niños jugando a la pelota. Se acercó tímidamente.
"¡Hola!" dijo Zorp con una voz que sonaba como campanitas. Los niños se detuvieron y lo miraron boquiabiertos. Nunca habían visto a un extraterrestre antes.
"¿Quién eres tú?" preguntó Sofía, una niña con coletas rubias.
"Soy Zorp, del planeta Zoom-Zoom. Vengo en son de paz y… ¡para jugar!" respondió Zorp, sonriendo con sus dientes pequeños y puntiagudos.
Los niños se miraron entre ellos, un poco indecisos. "¿Jugar? ¿A qué?" preguntó Mateo, el más curioso del grupo.
"En mi planeta, tenemos juegos muy divertidos. ¿Quieren que les enseñe?" Zorp agitó sus antenas con entusiasmo.
Los niños asintieron emocionados. "¡Sí! ¡Queremos!"
"¡Genial!" exclamó Zorp. "Primero, jugaremos a La Carrera de las Estrellas Fugaces." Zorp explicó que cada uno debía correr lo más rápido posible, imaginando que eran estrellas fugaces dejando un rastro de luz.
Los niños se alinearon y, cuando Zorp gritó "¡Zoom!", salieron corriendo a toda velocidad, riendo y gritando. Mateo tropezó, pero se levantó rápidamente y siguió corriendo, imaginando que era una estrella fugaz muy torpe.
Después, Zorp propuso jugar a "El Escondite Intergaláctico". En este juego, uno debía contar hasta veinte mientras los demás se escondían. Pero, en lugar de decir "Listo o no, allá voy", debían decir "¡Preparados para el despegue!" y en lugar de decir "Te encontré", debían decir "¡Te localicé en el espacio exterior!"
Los niños se divirtieron mucho escondiéndose detrás de los árboles y los arbustos, susurrando "¡Preparados para el despegue!" en voz baja. Cuando Mateo encontró a Sofía, gritó "¡Te localicé en el espacio exterior!" con tanta alegría que Sofía casi se cae de la risa.
El siguiente juego se llamaba "El Baile de los Planetas". Zorp puso una música extraña que trajo de su planeta, llena de sonidos burbujeantes y melodías espaciales. Los niños comenzaron a bailar, moviéndose como si fueran planetas girando alrededor del sol. Zorp también bailó, moviendo sus antenas de un lado a otro y dando saltitos graciosos.
"¡Ahora jugaremos a Construyendo la Nave Espacial!" anunció Zorp. Les explicó que debían usar hojas, palitos, piedras y flores para construir una nave espacial gigante.
Los niños trabajaron juntos, recogiendo materiales y construyendo una nave espacial enorme. Usaron hojas grandes como alas, palitos como antenas y piedras brillantes como luces. Cuando terminaron, estaban muy orgullosos de su creación.
Finalmente, Zorp propuso el último juego: "La Búsqueda del Tesoro Cósmico". Zorp había escondido pequeñas piedras brillantes por todo el jardín, y los niños debían encontrarlas. Cada piedra tenía un mensaje secreto escrito en un idioma extraterrestre.
Los niños buscaron con entusiasmo, revisando debajo de las hojas, detrás de los árboles y entre las flores. Cuando encontraron una piedra, se la mostraban a Zorp, quien traducía el mensaje. Los mensajes eran divertidos y absurdos, como "El sol es una banana gigante" o "Las hormigas son astronautas en miniatura".
Después de jugar durante horas, el sol comenzó a ponerse. Zorp sabía que era hora de regresar a su planeta.
"Me divertí mucho jugando con ustedes", dijo Zorp con una sonrisa triste. "Espero volver pronto."
Los niños abrazaron a Zorp con cariño. "¡Nosotros también nos divertimos mucho! ¡Vuelve pronto, Zorp!" dijeron todos a la vez.
Zorp subió a su nave espacial y, con un zumbido suave, despegó hacia el cielo. Los niños lo observaron hasta que la nave desapareció entre las estrellas.
Al día siguiente, los niños volvieron al jardín y jugaron a los juegos que Zorp les había enseñado. Recordaron los mensajes secretos de las piedras brillantes y se rieron al imaginar que el sol era una banana gigante. Sabían que, aunque Zorp estuviera lejos, siempre tendrían los recuerdos de los juegos galácticos que habían jugado juntos.
Y cada vez que miraban al cielo estrellado, se preguntaban si Zorp estaría mirando también, recordando su divertida aventura en el jardín de la Tierra.
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