
Eli tenía las orejas más grandes que cualquier elefante hubiera tenido jamás. Eran tan enormes que cuando caminaba parecían dos alfombras grises ondeando al viento. Los otros animales no podían dejar de señalar y reír. «¡Mira esas orejas!», decía la hiena. «¡Parece un murciélago gigante!», se burlaba el mono. Eli caminaba con la cabeza baja, tropezando con su propia trompa, deseando ser como cualquier otro elefante normal.
— 1 / 3 —
1 / 3
Nästa kapitelEl Gran Experimento
Börja läsa

