
El planeta de los mil colores
1. El Reino de las Esquinas (Minutos 1-4) Había una vez, en un rincón muy lejano de la Galaxia de las Formas, un planeta llamado Cubo-Mundo. Si pudieras visitarlo, te pincharías un poquito los dedos, porque allí todo, absolutamente todo, era cuadrado. Las casas tenían tejados planos como mesas, las nubes parecían dados de algodón flotando en el cielo y los árboles tenían troncos rectos con copas de madera en forma de cubo. Incluso los perros no ladraban "guau", sino que hacían un sonido seco y cuadradito: "¡Bak! ¡Bak!". Los habitantes de este planeta se llamaban los Cubis. Eran ciudadanos muy ordenados que se sentían muy orgullosos de sus aristas y sus ángulos de noventa grados. Su mayor alegría era despertarse por la mañana y encajar perfectamente en sus camas cuadradas, desayunar galletas cuadradas y caminar por calles con baldosas perfectamente rectas. "Ser cuadrado es lo correcto", decía el Gran Libro de las Reglas. Pausa interactiva: ¿Cómo os imagináis que se mueven los Cubis? ¿Podéis intentar caminar como si vuestro cuerpo fuera un cuadrado rígido? 2. Una visita inesperada (Minutos 5-8) Un lunes de primavera, mientras el sol cuadrado salía por el horizonte, algo extraño cruzó el cielo. No era un meteoro ni un avión. Era una nave espacial con forma de burbuja que aterrizó haciendo un ruido suave: ¡Boing, boing!. De la nave bajó un ser que dejó a los Cubis con la boca abierta. No tenía esquinas. No tenía aristas. Era Círculo. Era redondo como una naranja, de un color fucsia brillante que parecía brillar con luz propia y, lo más increíble de todo... ¡no caminaba paso a paso!, sino que se desplazaba rodando velozmente de un lado a otro. —¡Qué horror! —gritó el Alcalde Dado—. ¡Se está escapando! ¡No se queda quieto en su sitio! —No tiene esquinas —murmuró el Carpintero Real—. ¿Dónde vamos a ponerle una silla si no tiene un lado plano para sentarse? Los Cubis, que en el fondo eran buenos, intentaron "arreglar" a Círculo. El Carpintero le fabricó un armazón de madera con cuatro esquinas para que pareciera un cubo, pero Círculo no podía moverse y se mareaba. El Sastre le cosió un traje rígido para que no rodara, pero Círculo se sentía atrapado y triste. Su brillo fucsia empezó a volverse un rosa apagado. 3. El Desastre de la Pelota de Oro (Minutos 9-12) Para celebrar el Gran Festival de la Geometría, los Cubis sacaron su tesoro más preciado: la Pelota de Oro. Era el único objeto redondo permitido en el planeta, una reliquia antigua que guardaban bajo siete llaves. Pero durante el desfile, el Guardia Cuadrado tropezó con una baldosa. La Pelota de Oro se le escapó de las manos y empezó a rodar cuesta abajo por la Gran Rampa del Norte. —¡Detened ese círculo! —gritaba el Alcalde. Pero la pelota era rápida. Rodó y rodó hasta que se coló por la entrada de la Cueva de las Curvas, una tubería de ventilación muy estrecha que bajaba hasta lo más profundo del planeta. La tubería no era recta; subía, bajaba y giraba como un sacacorchos. Los bomberos Cubis intentaron entrar, pero sus hombros cuadrados chocaban con las paredes. El Capitán Cuadrado se quedó atascado a los dos metros. "¡Auxilio! ¡Mis esquinas se han enganchado en el techo!", gritaba. Era imposible. El tesoro se iba a perder para siempre porque nadie en Cubo-Mundo sabía cómo moverse por un lugar que no fuera recto. 4. La Fuerza de rodar (Minutos 13-15) Círculo, que estaba mirando desde lejos con su traje cuadrado puesto, decidió que era el momento de ayudar. Se desabrochó el traje rígido, se quitó el armazón de madera y recuperó su forma redonda y brillante. —¡Yo iré! —dijo con una voz alegre. Sin miedo, Círculo se lanzó por la tubería. ¡Ziuuuuum! Entró como una bala. Se adaptaba perfectamente a las curvas, giraba sobre sí mismo aprovechando la velocidad y saltaba los obstáculos con un rebote elástico. No se atascaba, no se pinchaba, simplemente... fluía. A los pocos minutos, Círculo salió por el otro extremo de la tubería empujando la Pelota de Oro con su nariz. ¡Había salvado el tesoro! Los Cubis se quedaron en silencio. Comprendieron que habían pasado años intentando que Círculo tuviera esquinas, sin darse cuenta de que su mayor valor era, precisamente, no tenerlas. Aquel día, el Alcalde Dado quemó el Libro de las Reglas y escribió uno nuevo: "En este planeta, las esquinas sirven para construir casas, pero la redondez sirve para salvar tesoros. Cada forma es necesaria." Desde entonces, Círculo fue el encargado de enseñar a los niños de Cubo-Mundo que ser diferente no es un error que hay que corregir, sino un superpoder que el grupo debe celebrar.
av HappyTurtle92
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