
En un verde y frondoso jardín, vivía una pequeña oruga llamada Oliver. A diferencia de las demás orugas, que se arrastraban lentamente por el suelo, Oliver tenía un sueño extraordinario: quería volar.Sus compañeras orugas se burlaban de él, diciéndole que era imposible que una oruga volara. Pero Oliver no se desanimó. Creía en sí mismo y sabía que si trabajaba duro, podía lograr cualquier cosa.Cada día, Oliver practicaba trepando por las hojas más altas, extendiendo sus pequeñas alas con todas sus fuerzas.
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