
Un día soleado, Sofía y Conejito se adentraron en un bosque diferente al que conocían. Los árboles eran altos y sus ramas formaban un techo verde que dejaba pasar pequeños rayos de luz. Sofía, con su vestido azul claro y su corona, caminaba con paso seguro. Conejito, su amigo de orejas grandes y ojos grandes, se mantenía a su lado, observando con curiosidad.
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