
La tormenta llegó sin aviso. El cielo se oscureció, las olas se volvieron montañas de agua furiosa, y las corrientes arrastraron a los peces pequeños lejos de sus hogares. Los alevines de la escuela de sardinas gritaban perdidos en la oscuridad, las crías de caballitos de mar giraban sin control, y hasta Perla, tan valiente, temblaba escondida en una concha vacía.
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