
Había una vez en un pequeño pueblo costero, una niña llamada Toñy y su fiel perrita Idunn. Les encantaba pasear juntas por la playa y jugar en la orilla del mar. Un día soleado de verano, decidieron aventurarse un poco más lejos de lo habitual y se adentraron en el mar. El agua estaba fresca y cristalina, y las olas jugueteaban a su alrededor. Toñy reía mientras saltaba sobre las olas, seguida de cerca por Idunn, que nadaba ágilmente a su lado. De repente, una ola más grande que las demás las sorprendió y las arrastró mar adentro. -¡Idunn, no te preocupes! ¡Yo te salvaré! -exclamó Toñy valientemente mientras intentaba mantenerse a flote. Idunn ladraba nerviosa pero confiaba en su amiga.
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