
Un día soleado en Pintalinda, Sofía caminaba por el bosque con su amigo el conejito. El conejito tenía una expresión triste, como siempre, y Sofía quería ayudarlo. De repente, Sofía vio un árbol con flores brillantes. Con su lápiz mágico, dibujó una flor más grande y la floreció con color. ¡La flor cantó una melodía dulce!
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