
La varita se estaba apagando. Cada día brillaba un poco menos, y su voz se hacía más suave. «Me queda un solo hechizo», le dijo a Emiliano una tarde triste. «Úsalo con sabiduría porque será el último». Emiliano pasó tres días pensando. Podía pedir una bicicleta nueva, o que su equipo ganara el campeonato, o incluso que la varita recuperara su magia. Pero algo lo molestaba: Don Ramiro, el anciano que vivía solo al final de la calle, llevaba semanas sin salir de su casa.
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おはなし 4:新しい冒険をえらぼう
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