La ciudad de los amigos

Había una vez un niño llamado Joaquín que amaba los Legos. Pasaba horas y horas construyendo castillos, naves espaciales, coches y todo lo que se le ocurría con sus bloques de colores favoritos.

Un día, Joaquín decidió hacer algo diferente. Quería crear algo más grande y emocionante que cualquier cosa que hubiera hecho antes. Así que comenzó a construir una ciudad entera con Legos. Durante días y semanas, trabajó incansablemente.

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Construyó rascacielos altísimos, puentes impresionantes y carreteras llenas de curvas. También hizo casas acogedoras, parques verdes y hasta un estadio deportivo.

Cuando terminó su obra maestra, Joaquín estaba tan orgulloso de sí mismo que no podía esperar para mostrarle su creación a todos sus amigos en la escuela. "¡Miren lo que hice!"- exclamó mientras sacaba la caja llena de Legos de su mochila. Todos los niños quedaron boquiabiertos al ver la magnífica ciudad hecha enteramente de bloques de plástico coloridos.

Se acercaron corriendo para explorarla más a fondo. "¡Es asombroso!"- dijo uno. "¿Cómo lo hiciste?"- preguntó otro. "Debe haber tomado mucho tiempo"- comentó un tercero.

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Joaquín sonrió feliz mientras veía cómo sus amigos disfrutaban su creación tanto como él lo había hecho al construirla. Pero entonces ocurrió algo inesperado: uno de los niños tropezó accidentalmente con una pieza mal colocada y toda la ciudad se derrumbó en un instante. Joaquín estaba devastado.

Había trabajado tan duro para construir su ciudad perfecta, y ahora todo había sido destruido en un segundo. Pero luego recordó algo importante: lo más valioso no era la ciudad en sí misma, sino el tiempo y la creatividad que había invertido en ella.

Así que decidió que no iba a dejar que el fracaso lo detuviera. "Chicos, esperen un momento"- dijo mientras empezaba a reagarrar los bloques esparcidos por el suelo-. "Vamos a hacer algo aún mejor".

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Y así comenzaron de nuevo, esta vez con una idea renovada: construir una ciudad aún más grande y espectacular juntos. Trabajaron juntos durante días y semanas, colaborando para crear cada edificio, calle e incluso monumentos famosos.

Cuando finalmente terminaron, Joaquín se dio cuenta de algo importante: aunque su primera ciudad había sido impresionante, esta nueva versión era mucho más especial porque había sido creada con sus amigos. "¡Esto es lo mejor que he hecho nunca!"- exclamó mientras miraba la obra maestra colectiva.

"¡Gracias por ayudarme a hacerlo realidad!"Todos los niños sonrieron felices mientras jugaban con la nueva ciudad de Legos. Aprendieron que trabajar juntos puede llevarlos mucho más lejos que cualquier cosa que puedan lograr solos.

Y Joaquín aprendió una lección valiosa: si algo falla en un principio, siempre hay una oportunidad para intentarlo otra vez y hacerlo aún mejor.

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