
Sofía caminaba por el bosque de Pintalinda con su mochila amarilla y su lápiz mágico en la mano. El conejito la seguía, con sus grandes ojos llenos de curiosidad. De repente, escucharon un llanto suave. Era un pequeño zorro que no podía jugar porque no tenía un lugar seguro. Sofía se acercó y le preguntó qué pasaba. El zorro respondió que no había un parque para los animales. Sofía miró a su hada, brillante y sonriente, y dijo: 'Tengo una idea. Dibujaremos un parque mágico para todos los animales.'
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