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Gratis · elegí una vozAinoa era una nena de cuatro años con una sonrisa tan brillante como el sol de la mañana. Le encantaba ver dibujitos animados. Sus favoritos eran los Paw Patrol, siempre listos para ayudar, y los Minioms, tan graciosos y amarillos. Pero lo que más le gustaba a Ainoa, después de los dibujitos, era andar en su bicicleta roja con rueditas. Tenía un timbre que sonaba como una risita y una canasta donde a veces llevaba a su osito de peluche, Pipo.
Sus mejores amigos eran Fran, Tomi, Gaspar y Martina. Fran era un poco mayor que ella y siempre tenía ideas geniales. Tomi era el más rápido corriendo, Gaspar el más silencioso y observador, y Martina, bueno, Martina era la mejor amiga de Ainoa y siempre compartía sus gomitas de ositos.
Un día soleado, Ainoa salió a andar en bicicleta al parque. Allí estaban Fran, Tomi, Gaspar y Martina jugando a la pelota. "¡Hola!", gritó Ainoa, haciendo sonar su timbre. "¡Hola, Ainoa!", respondieron todos a la vez.
Fran tuvo una idea repentina. "¡Oigan! ¿Por qué no hacemos una carrera de bicicletas?"
Tomi, que siempre estaba listo para una competencia, asintió con entusiasmo. "¡Sí, sí! ¡Una carrera! Yo seré el primero!"
Gaspar, aunque silencioso, también asintió. Le gustaba observar, pero también le gustaba participar. Martina, sonriendo, le dio un empujoncito a Ainoa. "¡Será divertido!"
Ainoa, aunque un poco nerviosa, aceptó. Nunca había participado en una carrera de bicicletas. ¿Y si se caía? ¿Y si era la última? Pero ver las caras emocionadas de sus amigos la animó. "¡Está bien! ¡Corramos!", dijo con una sonrisa.
Fran, como era el mayor, se encargó de organizar la carrera. Marcó una línea de salida con una ramita y una línea de meta junto al gran árbol de roble. "A la cuenta de tres", dijo Fran. "Uno… dos… ¡tres!"
Tomi salió disparado como un cohete. Era muy rápido corriendo, y eso también lo ayudaba en la bicicleta. Ainoa pedaleaba con todas sus fuerzas, sintiendo el viento en su cara. Fran iba detrás de Tomi, seguido de cerca por Martina. Gaspar pedaleaba a su propio ritmo, observando todo a su alrededor.
De repente, Tomi chocó con una piedra y se cayó. Se raspó la rodilla y empezó a llorar. Fran, al verlo caer, frenó inmediatamente y corrió a ayudarlo. "¿Estás bien, Tomi?", le preguntó Fran preocupado.
Ainoa, Martina y Gaspar también se detuvieron. Ainoa sintió mucha pena por Tomi. Se bajó de su bicicleta y se acercó a él. "No llores, Tomi", le dijo Ainoa. "Te pondremos una curita."
Martina sacó de su bolsillo una curita de ositos, la favorita de Tomi. Gaspar, con cuidado, limpió la rodilla de Tomi con un pañuelo que siempre llevaba consigo. Fran abrazó a Tomi para consolarlo.
Tomi, con la curita de ositos y el abrazo de sus amigos, se sintió mucho mejor. "Gracias", dijo Tomi con una sonrisa. "Pero ya no puedo seguir la carrera."
Fran tuvo otra idea. "¿Y si todos pedaleamos juntos hasta la meta?", propuso Fran. "Así Tomi no se siente solo."
Ainoa, Martina y Gaspar estuvieron de acuerdo. Tomi se subió a la bicicleta de Fran, y juntos, los cinco amigos pedalearon lentamente hasta la línea de meta.
Cuando llegaron al árbol de roble, todos estaban muy contentos. No importaba quién había ganado la carrera. Lo importante era que habían ayudado a su amigo Tomi y que habían compartido un momento muy especial juntos.
Fran dijo: "Esta ha sido la mejor carrera de bicicletas del mundo."
Tomi, sonriendo, asintió. "Sí, la mejor."
Martina propuso: "¡Celebremos con gomitas de ositos!" Y todos estuvieron de acuerdo. Compartieron las gomitas de ositos bajo el gran árbol de roble, riendo y contando chistes.
Ainoa se dio cuenta de que la verdadera diversión no estaba en ganar la carrera, sino en estar con sus amigos y ayudarlos cuando lo necesitaban. Y eso, pensó Ainoa, era mucho mejor que ver los Paw Patrol o los Minioms.
Esa tarde, Ainoa regresó a casa con una gran sonrisa y el corazón lleno de alegría. Le contó a su mamá sobre la carrera de bicicletas y sobre cómo habían ayudado a Tomi. Su mamá le dio un abrazo y le dijo: "Eres una niña muy especial, Ainoa. Tus amigos tienen mucha suerte de tenerte."
Ainoa se sintió muy feliz. Sabía que siempre podía contar con sus amigos, y ellos siempre podían contar con ella. Y eso, pensó Ainoa, era lo más importante del mundo. La amistad era como su bicicleta roja: divertida, emocionante y siempre lista para llevarla a nuevas aventuras. Y con sus amigos a su lado, ¡no había aventura que no pudieran conquistar! Esa noche, Ainoa soñó con carreras de bicicletas, gomitas de ositos y, por supuesto, con sus amigos Fran, Tomi, Gaspar y Martina.
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