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Gratis · elegí una vozAngello era un niño muy valiente, pero también un poco miedoso. Le encantaba construir cosas con cajas de cartón y soñaba con ser piloto de carreras. Un día, mientras construía un carro de carreras súper rápido con una caja de cartón gigante, ¡escuchó un rugido!
¡Era Ángel! Pero no un ángel celestial, ¡sino un monstruo peludo y morado llamado Ángel! Ángel el monstruo tenía unos dientes enormes y brillantes, y sus ojos amarillos brillaban con malicia. A Ángel le encantaba asustar a los niños, y Angello era su próximo objetivo.
Angello, con el corazón latiendo como un tambor, se escondió dentro de su carro de cartón. ¡Tenía que pensar rápido! Recordó las palabras de su abuela: "¡La creatividad es tu mejor arma!". Inspirado, Angello decidió usar su carro de carreras para escapar. Le había puesto un nombre muy especial: ¡El Cohete Veloz!.
"¡Prepárate, Ángel!", gritó Angello, aunque su voz temblaba un poco. Empujó un botón imaginario en el tablero de control de su carro, y comenzó a correr con todas sus fuerzas, ¡empujando el carro con él! El Cohete Veloz, aunque hecho de cartón, parecía moverse a la velocidad de la luz, al menos en la imaginación de Angello.
Ángel el monstruo se echó a reír. "¡No puedes escapar de mí! ¡Soy el monstruo más rápido de la ciudad!", rugió, corriendo tras Angello y su Cohete Veloz.
La persecución comenzó. Angello corrió a través del jardín, esquivando árboles y arbustos. Ángel el monstruo pisaba sus talones, haciendo temblar la tierra con cada paso. Angello gritaba: "¡Más rápido, Cohete Veloz, más rápido!", imaginando que el carro tenía propulsores invisibles.
De repente, Angello vio un obstáculo: ¡un charco gigante de barro! Ángel el monstruo se relamió los labios, pensando que Angello estaba atrapado. Pero Angello tuvo una idea brillante. Recordó que su abuelo siempre decía: "¡Un buen piloto usa todo a su favor!".
Angello gritó: "¡Activando el sistema de barro-impulso!" y empujó el Cohete Veloz directamente hacia el charco. El carro se hundió en el barro, pero Angello siguió corriendo, salpicando barro por todas partes. El barro pegajoso frenó a Ángel el monstruo, que resbaló y cayó de bruces en el barro.
Angello, aprovechando la ventaja, salió del charco y continuó su huida. Ángel el monstruo, cubierto de barro de pies a cabeza, gruñó furiosamente. "¡Ya verás, Angello! ¡Te atraparé!", bramó, intentando levantarse.
La carrera continuó por el parque. Angello pasó por debajo de un puente, luego rodeó un estanque, siempre con Ángel el monstruo pisándole los talones. La gente del parque observaba la extraña escena con asombro y diversión. Algunos incluso animaban a Angello.
Angello estaba cansado, pero no se rendía. Sabía que tenía que seguir adelante. Entonces, tuvo otra idea. Vio un grupo de niños jugando con una cuerda larga. "¡Necesito su ayuda!", gritó Angello.
Los niños, al ver la situación, rápidamente entendieron. Angello les explicó su plan: atar la cuerda al Cohete Veloz y tirar con todas sus fuerzas. Los niños, encantados de participar en la aventura, aceptaron de inmediato.
Cuando Ángel el monstruo se acercó, los niños tiraron de la cuerda con todas sus fuerzas. El Cohete Veloz salió disparado hacia adelante, arrastrando a Angello consigo. Ángel el monstruo, sorprendido por la repentina aceleración, tropezó y cayó de nuevo.
Esta vez, Ángel el monstruo cayó dentro de un gran montón de hojas secas. Las hojas lo cubrieron por completo, haciéndolo parecer una montaña de hojas andante. Los niños se echaron a reír al ver la divertida imagen.
Angello, aprovechando la confusión, se detuvo y se dirigió a Ángel el monstruo. "¡Basta, Ángel!", gritó Angello, con valentía en su voz. "¡Deja de asustar a los niños! No es divertido".
Ángel el monstruo, avergonzado y cubierto de hojas, finalmente se rindió. "Está bien, Angello", dijo con voz apagada. "Tienes razón. No es divertido asustar a la gente".
Angello sonrió. "¿Quieres ser mi amigo?", le preguntó.
Ángel el monstruo se sorprendió. "¿Amigos? ¿Un monstruo como yo?"
"¡Claro!", dijo Angello. "Todos necesitamos amigos".
Ángel el monstruo sonrió tímidamente. "Está bien. Seré tu amigo".
Desde ese día, Angello y Ángel el monstruo se hicieron los mejores amigos. Jugaban juntos en el parque, construían carros de cartón y, lo más importante, ¡nunca más Ángel asustó a nadie! Angello aprendió que incluso los monstruos más aterradores pueden ser amigos si se les da una oportunidad, y que la valentía y la creatividad son las mejores armas contra el miedo. Y el Cohete Veloz, bueno, se convirtió en el carro de carreras más famoso del parque.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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