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Gratis · elegí una vozAnsiedad, la nerviosa y delgada emoción de Riley, siempre estaba preocupada. En el Cuartel General, su pelo azul eléctrico chispeaba con anticipación, y sus grandes ojos miraban a todos lados, buscando el próximo desastre. Alegría, Tristeza, Furia y Asco intentaban mantenerla a raya, pero Ansiedad siempre encontraba algo de qué preocuparse.
Un día, Riley se enfrentó a un gran examen en la escuela. Ansiedad, sintiendo la presión, tomó el control del panel. "¡Tenemos que estudiar más! ¡Y si falla! ¡Y si todos se ríen!" gritaba, tecleando frenéticamente botones imaginarios. Alegría intentó calmarla, "Ansiedad, respira hondo. Riley está preparada". Pero Ansiedad no escuchaba. Los recuerdos felices se volvieron borrosos bajo su influencia.
De repente, una luz roja parpadeó. Era una alerta de Isla Imaginación. "¡Isla Imaginación se está desmoronando!" exclamó Tristeza con un suspiro. Las islas de la mente representaban aspectos importantes de la personalidad de Riley, y si se derrumbaban, ¡sería un problema!
Ansiedad, sintiéndose culpable, sabía que tenía que hacer algo. "Yo... yo puedo arreglarlo," dijo tímidamente. Alegría la miró con sorpresa. "¿Estás segura, Ansiedad?" "No," admitió Ansiedad, "pero tengo que intentarlo. Es mi culpa que esté pasando."
Juntas, Alegría y Ansiedad se dirigieron a Isla Imaginación. Era un lugar vibrante y colorido, lleno de castillos de arena parlantes, montañas de algodón de azúcar y ríos de limonada. Pero ahora, todo estaba agrietado y desmoronándose. Los castillos se derrumbaban, el algodón de azúcar se volvía gris, y la limonada se secaba.
"¡Mira!" gritó Alegría, señalando a un pequeño castillo de arena llorando. "Está triste porque Riley ya no juega con él." Ansiedad se acercó al castillo. "Hola," dijo suavemente. "Sé que es difícil, pero... a veces las cosas cambian. Riley está creciendo, y tiene nuevos intereses. Pero eso no significa que no te quiera." El castillo dejó de llorar, pero seguía agrietado.
Luego, se acercaron a la Montaña de Algodón de Azúcar. Estaba tosiendo y escupiendo trozos de algodón gris. "Riley está preocupada por el examen," explicó la montaña con voz ronca. "Tiene miedo de no hacerlo bien." Ansiedad sintió un nudo en el estómago. "Sé cómo te sientes," dijo. "Yo también tengo miedo. Pero a veces, el miedo puede ayudarnos a prepararnos. Podemos usarlo para estudiar más, para practicar y para estar listos." La montaña tosió menos, pero aún estaba débil.
Finalmente, llegaron al Río de Limonada. Estaba seco y polvoriento. "Riley está dudando de sí misma," susurró el río, apenas audible. "No cree que sea lo suficientemente inteligente." Ansiedad se sintió identificada. "Es fácil dudar de nosotros mismos," dijo. "Pero Riley es increíble. Es inteligente, creativa y amable. Tiene mucho que ofrecer al mundo. Tiene que creer en sí misma."
Ansiedad se dio cuenta de algo importante. Estaba tan ocupada preocupándose por el futuro que se había olvidado del presente. Se había olvidado de que Riley era fuerte y capaz. Se había olvidado de que el miedo puede ser útil, pero no debe controlarnos.
Inspirada por sus propias palabras, Ansiedad respiró hondo. Cerró los ojos y se concentró en el presente. Visualizó a Riley confiada y feliz, tomando el examen con calma y seguridad. Envió un mensaje de tranquilidad al Cuartel General.
Poco a poco, Isla Imaginación comenzó a sanar. Los castillos de arena se reconstruyeron, el algodón de azúcar recuperó su color rosado, y la limonada volvió a fluir. La isla brillaba con nueva energía.
Alegría sonrió. "¡Lo hiciste, Ansiedad!" Ansiedad se sonrojó ligeramente. "Creo que... creo que aprendí algo importante. No siempre tengo que estar preocupada. A veces, puedo confiar en Riley y en sus habilidades."
Cuando regresaron al Cuartel General, Riley estaba tomando el examen con calma. Ansiedad se quedó en silencio, observando. Alegría le dio una palmada en el hombro. "Ves," dijo Alegría. "Todo está bien."
Desde ese día, Ansiedad aprendió a controlar sus miedos. Siguió preocupándose, por supuesto, pero ya no dejaba que la preocupación la dominara. Aprendió a trabajar con las otras emociones, a confiar en Riley y a encontrar la calma incluso en los momentos más estresantes. Y de vez en cuando, incluso se permitía disfrutar de una limonada en Isla Imaginación.
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