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Gratis · elegí una vozArturo era un oso polar diferente. No le gustaba pescar focas como los demás osos. Arturo amaba el queso. ¡Todo tipo de queso! Gouda, cheddar, mozzarella… los devoraba a montones. Su abuela, la osa Blanca, siempre le decía: "Arturo, ¡debes comer pescado! El queso no te hará fuerte para el invierno." Pero Arturo, con su pelaje blanco y su nariz llena de pecas de queso, simplemente sonreía y mordisqueaba un trozo de Gruyere.
Un día, mientras exploraba una cueva de hielo (buscando, por supuesto, queso congelado), Arturo encontró algo inusual: ¡un frasco gigante de mayonesa! La mayonesa era brillante, blanca y olía… extrañamente bien. Arturo nunca había visto mayonesa antes. Los osos polares, ya sabes, no suelen tener mucha relación con los aderezos.
"¿Qué será esto?" se preguntó Arturo, lamiendo un poco de mayonesa de su pata. "¡Oh! ¡Es… interesante!" No era queso, pero tenía un sabor agrio y cremoso que intrigó a Arturo. Decidió llevar el frasco a casa.
Al llegar, su abuela Blanca lo miró con incredulidad. "Arturo, ¿qué es esa cosa blanca y pegajosa?"
"Es mayonesa, abuela," respondió Arturo con entusiasmo. "¡La encontré en la cueva de hielo! ¡Creo que me gusta!"
La abuela Blanca suspiró. "Arturo, Arturo… Esto es cada vez más extraño. Primero el queso, ahora la mayonesa. ¡Los osos polares no comen mayonesa!"
Pero Arturo estaba decidido a disfrutar de su nuevo hallazgo. Empezó a untar mayonesa en todo: en trozos de hielo, en algas marinas (que, admitámoslo, sabían mucho mejor con mayonesa), ¡e incluso intentó untarla en un pingüino! (El pingüino, naturalmente, no estuvo de acuerdo).
La noticia del extraño oso polar que comía mayonesa se extendió rápidamente por toda la comunidad de osos. Algunos se burlaban de él, otros sentían curiosidad. Un día, un oso polar grande y musculoso llamado Boris, conocido por su fuerza y su amor por el pescado crudo, se acercó a Arturo.
"¡Así que tú eres el oso polar que come mayonesa!" gruñó Boris. "¡Qué asco! ¡Eso no es comida de oso polar!"
Arturo, aunque un poco asustado por el tamaño de Boris, respondió con valentía: "A mí me gusta. Y no le hago daño a nadie."
Boris se rió a carcajadas. "¡Veremos eso! ¡Te desafío a una competencia! Veremos quién es el oso polar más fuerte. Si gano, ¡dejarás de comer esa cosa asquerosa! Si ganas tú… bueno, no creo que ganes."
Arturo, aunque no era muy fuerte, no podía soportar que Boris insultara a su amada mayonesa. Aceptó el desafío.
La competencia consistió en tres pruebas: levantar un bloque de hielo gigante, nadar a través de una corriente helada y… ¡adivinar qué tipo de queso era con los ojos vendados! (Arturo tenía una ligera ventaja en esta última prueba).
Boris levantó el bloque de hielo con facilidad, pero Arturo, usando toda su fuerza y un poco de ayuda de la mayonesa (se la untó en las patas para tener más agarre), logró levantarlo también, aunque con mucho esfuerzo. En la prueba de natación, Boris era mucho más rápido, pero Arturo, recordando las palabras de su abuela sobre comer pescado (aunque fuera con mayonesa), nadó con todas sus fuerzas y logró llegar a la meta.
La última prueba era la prueba del queso. Boris probó un trozo de queso y gritó: "¡Es… queso!"
Arturo se rió. "Eso no es suficiente, Boris. ¡Tienes que decir qué tipo de queso es!"
Boris probó otro trozo. "¡Es… queso amarillo!"
Arturo, con los ojos vendados, probó el primer trozo. "¡Es Emmental, un queso suizo con agujeros!" Luego probó el segundo trozo. "¡Y este es Cheddar, un queso inglés de color naranja!"
¡Arturo ganó la prueba del queso! Y, por lo tanto, ¡ganó la competencia!
Boris, sorprendido y un poco avergonzado, felicitó a Arturo. "Está bien, está bien. Eres más fuerte de lo que pensaba. Y sabes mucho de queso… y de mayonesa."
Arturo sonrió. "La mayonesa me da energía," dijo. "Y el queso… bueno, el queso me hace feliz."
Desde ese día, Boris y Arturo se hicieron amigos. Boris incluso probó la mayonesa (aunque solo un poquito). Y Arturo siguió comiendo queso y mayonesa, sin dejar de comer pescado de vez en cuando, por supuesto, para complacer a su abuela Blanca. Y todos aprendieron que ser diferente no está mal. De hecho, ¡puede ser bastante delicioso!
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