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Gratis · elegí una vozBartholomew Saltarín era un conejo… bueno, digamos… ¡redondito! Le encantaban las carreras. Sus hermanos, Fluffy, Speedy y Relámpago, eran famosos en todo el Bosque Verde por su velocidad. ¡Eran como cohetes! Bartholomew, en cambio, era más como… un globo rodante. Cada año, se celebraba la Gran Carrera de la Zanahoria. El premio era, por supuesto, ¡una zanahoria gigante y deliciosa! Los hermanos de Bartholomew siempre llegaban a la meta, dejando una nube de polvo a su paso. Bartholomew, con suerte, lograba pasar la mitad del camino antes de quedarse sin aliento.
"¡Mira a Bartholomew rodando!" se burlaba Fluffy, mientras cruzaba la línea de meta en primer lugar. "¡Parece una pelota de conejito!" añadía Speedy, riendo. Relámpago simplemente sacudía la cabeza con decepción. Bartholomew se sentía muy triste. Amaba correr, pero no era rápido. Y las burlas de sus hermanos dolían mucho. Se escondía detrás de un gran árbol de roble, con lágrimas en los ojos. "Nunca ganaré la Gran Zanahoria," sollozaba. "Nunca seré tan rápido como ellos." Una pequeña ardilla, llamada Squeaky, se acercó a él. Squeaky era pequeña, pero muy sabia. "¿Por qué estás tan triste, Bartholomew?" preguntó Squeaky. Bartholomew le contó sobre su amor por las carreras, su falta de velocidad y las burlas de sus hermanos. Squeaky lo escuchó atentamente, con sus pequeños ojos brillantes. "Bartholomew," dijo Squeaky, "la velocidad no lo es todo. Se necesita determinación, práctica y… ¡un poco de cambio!" Bartholomew la miró con curiosidad. "¿Cambio? ¿Qué quieres decir?" Squeaky explicó que Bartholomew podría mejorar su resistencia y su salud si se ponía en forma. Le sugirió caminar todas las mañanas y comer alimentos más saludables. "¡Menos pastel de zanahoria y más zanahorias reales!" exclamó Squeaky, con una sonrisa. Bartholomew, aunque dudoso, decidió intentarlo. Al día siguiente, se levantó temprano y salió a caminar. Al principio, fue difícil. Se cansaba rápidamente y le dolían las patas. Pero siguió adelante, recordando las palabras de Squeaky. Cada día, caminaba un poco más lejos. Poco a poco, comenzó a sentirse más fuerte y con más energía. También siguió el consejo de Squeaky sobre la comida. Cambió el pastel de zanahoria por zanahorias frescas, lechuga crujiente y deliciosas bayas. Descubrió que le encantaba el sabor de la comida saludable. Sus hermanos, al principio, se burlaron de él. "¡Mira a Bartholomew trotando!" se reían. "¡Está haciendo ejercicio para nada!" Pero Bartholomew no les prestó atención. Estaba concentrado en su objetivo. Pasaron las semanas y Bartholomew se volvió más delgado y musculoso. Sus pasos se volvieron más ligeros y su respiración más fácil. Incluso empezó a disfrutar de las caminatas matutinas. Finalmente, llegó el día de la Gran Carrera de la Zanahoria. Todos los conejos del Bosque Verde se reunieron para ver la competencia. Fluffy, Speedy y Relámpago estaban seguros de ganar, como siempre. Pero esta vez, algo era diferente. Bartholomew estaba en la línea de salida, luciendo más fuerte y confiado que nunca. Cuando sonó el silbato, todos los conejos salieron corriendo. Fluffy, Speedy y Relámpago tomaron la delantera, como de costumbre. Bartholomew comenzó lentamente, pero con paso firme. No se preocupó por seguirles el ritmo. Se concentró en su propia carrera. Para sorpresa de todos, Bartholomew no se quedó atrás como en años anteriores. Continuó corriendo, manteniendo un ritmo constante. A medida que avanzaba la carrera, algunos de los otros conejos empezaron a cansarse. Pero Bartholomew seguía corriendo, con una sonrisa en su rostro. ¡Se sentía genial! En la mitad de la carrera, Relámpago tropezó y se torció el tobillo. Tuvo que abandonar la competencia. Poco después, Speedy se quedó sin aliento y se detuvo a descansar. Solo quedaba Fluffy, liderando la carrera. Pero Fluffy también estaba empezando a cansarse. Bartholomew se acercaba cada vez más. La multitud animaba con entusiasmo. ¡Nadie podía creer lo que estaba pasando! Bartholomew, el conejito gordito que siempre se quedaba atrás, ¡estaba a punto de alcanzar a Fluffy! Finalmente, Bartholomew alcanzó a Fluffy. Corrieron lado a lado, con el aliento entrecortado. La línea de meta estaba a la vista. Con un último esfuerzo, Bartholomew aceleró el paso y cruzó la línea de meta… ¡primero! ¡Había ganado la Gran Carrera de la Zanahoria! La multitud estalló en vítores. Todos estaban felices por Bartholomew. Fluffy, Speedy y Relámpago corrieron a felicitarlo. "¡Lo hiciste, Bartholomew!" exclamó Fluffy. "¡Estamos muy orgullosos de ti!" dijo Speedy. Bartholomew sonrió de oreja a oreja. Había demostrado que con determinación y esfuerzo, ¡todo es posible! Recibió la zanahoria gigante y la compartió con todos sus amigos y familiares. Y desde ese día, Bartholomew Saltarín fue conocido no solo como el conejito redondito, sino como el conejo campeón que nunca se rindió.
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