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Gratis · elegí una vozBianca y Paula eran dos hermanas inseparables, conocidas en su pueblo por su valentía y, sobre todo, por su risa contagiosa. Un día, decidieron aventurarse en el bosque cercano para recolectar moras para la tarta de la abuela. Llevaban sus cestas de mimbre y cantaban a todo pulmón, sin prestar atención a los letreros que advertían sobre la presencia de un oso… ¡un oso particularmente burlón, según los rumores!
Pronto, entre los árboles, ¡allí estaba! Un enorme oso pardo, con una mirada traviesa y un brillo especial en sus ojos. No parecía amenazante, más bien… ¿divertido? El oso se plantó frente a ellas y, en lugar de rugir, ¡emitió un fuerte hipo que hizo que las hojas temblaran!
Bianca, la mayor, intentó mantener la calma. "Hola, señor Oso", dijo con voz temblorosa. "Solo estamos recolectando moras".
El oso respondió con otro hipo, aún más fuerte que el anterior, y señaló con una garra las cestas de moras. Luego, ¡hizo una mueca ridícula, sacando la lengua y cruzando los ojos! Paula no pudo evitarlo, soltó una carcajada. La risa de Paula es tan contagiosa que incluso Bianca no pudo evitar reírse. El oso, al ver su reacción, pareció complacido y repitió la mueca.
"¡Este oso es un payaso!", exclamó Paula entre risas.
Bianca tuvo una idea. "Paula, ¡tenemos que luchar contra él… con cosquillas!"
Paula asintió, con los ojos brillantes de travesura. Las hermanas se acercaron al oso, armadas con cosquillas imaginarias. Bianca comenzó a "cosquillear" la enorme panza del oso. "¡Cosquillitas, cosquillitas!", gritaba, mientras simulaba cosquillearlo con los dedos.
El oso, sorprendentemente, reaccionó. No con un rugido, sino con una serie de bufidos que sonaban como risas contenidas. Paula se unió a la "lucha", cosquilleando las patas del oso. "¡Aquí, aquí! ¡En las patitas!", gritaba Paula, haciendo cosquillas en el aire.
El oso se retorcía y se movía torpemente, intentando evitar las cosquillas imaginarias. De repente, tropezó con una raíz y cayó de espaldas, con las patas en el aire. Las hermanas aprovecharon la oportunidad y comenzaron a cantarle una canción tonta que la abuela les enseñó: "¡Oso goloso, con cara de oso, comes miel y eres muy mimoso!".
La canción, combinada con las cosquillas imaginarias, fue demasiado para el oso. Comenzó a reír a carcajadas, una risa profunda y resonante que sacudió el bosque. Las moras que había intentado robar rodaron por el suelo.
Bianca y Paula, al ver que el oso ya no representaba una amenaza, sino que estaba disfrutando de la situación, se unieron a su risa. Los tres, las dos niñas y el oso burlón, reían a carcajadas en medio del bosque.
Después de un rato, cuando la risa comenzó a disminuir, Bianca tuvo otra idea. "Señor Oso", dijo, "¿por qué no nos ayudas a recolectar moras? ¡Así todos podemos disfrutar de la tarta de la abuela!".
El oso, todavía con una sonrisa en su rostro, asintió con entusiasmo. Con sus enormes garras, comenzó a recoger moras con cuidado y las depositó en las cestas de las niñas. Era sorprendentemente delicado, como si supiera que las moras eran importantes.
Entre risas y cantos, lograron llenar las cestas de moras. El oso, satisfecho con su ayuda, se despidió de las niñas con un amigable saludo y se adentró de nuevo en el bosque.
Bianca y Paula regresaron a casa, cargadas de moras y de una historia increíble para contarle a la abuela. Le contaron sobre el oso burlón y la "lucha" de cosquillas. La abuela, al principio incrédula, terminó riendo a carcajadas al escuchar su relato.
Esa tarde, prepararon la tarta de moras más deliciosa que jamás habían probado. Y aunque el oso no pudo unirse a ellas en la mesa, Bianca y Paula sabían que, en algún lugar del bosque, un oso burlón recordaba con una sonrisa la aventura de las cosquillas y la tarta de moras.
Desde ese día, Bianca y Paula siguieron visitando el bosque, siempre alertas a la presencia del oso burlón. Y aunque nunca volvieron a tener una "lucha" tan intensa, siempre le dejaban un puñado de moras frescas cerca del sendero, como agradecimiento por las risas compartidas.
Y así, la historia de Bianca y Paula y el oso burlón se convirtió en una leyenda en su pueblo, una historia que demostraba que, a veces, la mejor manera de enfrentar los problemas es con una buena dosis de risa y un poco de ingenio.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. ¡Y si no te ha gustado, otro te será contado!
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