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Gratis · elegí una vozBrunelita, con su pelo castaño alborotado y energía inagotable, saltaba de roca en roca junto al riachuelo. Zafirita, su hermana menor, de pelo castaño claro con reflejos rojizos, la seguía de cerca, con los ojos llenos de admiración. A Zafirita le encantaba imitar a Brunelita. Ambas amaban las hadas y las estrellas, pasaban horas imaginando mundos mágicos llenos de polvo de hadas y constelaciones brillantes.
Una noche, mientras observaban el cielo estrellado desde su balcón, notaron algo extraño. ¡Una estrella fugaz! Pero no era una estrella fugaz común. Era una estrella fugaz grande y brillante, con una estela de colores que parecía un arcoíris. Brunelita y Zafirita contuvieron la respiración, esperando verla desaparecer tras el horizonte, como siempre. Pero esta vez, la estrella fugaz simplemente… se desvaneció en el aire, ¡justo en medio del cielo!
"¡Desapareció!" exclamó Zafirita, con los ojos muy abiertos.
Brunelita frunció el ceño, pensativa. "Eso es muy raro. Las estrellas fugaces nunca desaparecen así. Algo debe estar pasando."
Las hermanas decidieron investigar. Al día siguiente, armadas con sus lupas de juguete y una libreta para tomar notas, se adentraron en el bosque que rodeaba su casa. Estaban convencidas de que la estrella fugaz desaparecida tenía algo que ver con el bosque. Después de todo, las hadas también vivían en el bosque, ¡y las hadas y las estrellas siempre estaban conectadas!
Caminaron durante horas, preguntando a cada criatura que se cruzaba en su camino. Preguntaron a la ardilla juguetona, al conejo saltarín y al búho sabio. Pero nadie parecía saber nada sobre la estrella fugaz desaparecida.
Finalmente, llegaron a un claro donde crecía un enorme árbol centenario. Sus raíces eran tan grandes que parecían formar una pequeña cueva. De repente, escucharon un débil gemido proveniente del interior de la cueva.
Con cautela, Brunelita y Zafirita se acercaron. Dentro de la cueva, encontraron a una pequeña hada sentada en una piedra, llorando desconsoladamente. Sus alas, normalmente brillantes y coloridas, estaban apagadas y grises.
"¿Qué te pasa?" preguntó Brunelita, con voz suave.
El hada levantó la vista, con los ojos llenos de lágrimas. "Soy Luz Estelar," sollozó. "Soy la encargada de recoger el polvo de estrellas que dejan las estrellas fugaces. Pero mi recolector de polvo de estrellas se rompió, y ahora no puedo hacer mi trabajo. Sin el polvo de estrellas, las flores del bosque perderán su brillo y las luciérnagas dejarán de iluminar la noche."
Zafirita comprendió de inmediato. "¡La estrella fugaz desaparecida! Debe haber sido una de tus estrellas que no pudiste recolectar su polvo."
Brunelita asintió. "No te preocupes, Luz Estelar. Te ayudaremos." Brunelita era muy buena arreglando cosas. Siempre estaba construyendo inventos con cajas de cartón y palitos de helado.
Las hermanas examinaron el recolector de polvo de estrellas roto. Era un pequeño cuenco de cristal con una asa hecha de hilo de plata. La asa se había roto por la mitad.
"Necesitamos algo fuerte pero delicado para reparar esto," dijo Brunelita, pensativa. Miró a su alrededor y vio una telaraña brillante entre dos ramas. "¡La telaraña! Es fuerte y pegajosa, y además brilla como la plata."
Con mucho cuidado, Brunelita recolectó la telaraña y la usó para unir las dos partes del asa rota. Zafirita, con su delicadeza, ayudó a sostener las piezas mientras Brunelita las unía. Trabajaron juntas, concentradas y silenciosas, hasta que el recolector de polvo de estrellas quedó reparado.
Luz Estelar, llena de alegría, tomó su recolector de polvo de estrellas y salió volando hacia el cielo. En cuestión de segundos, recuperó el polvo de estrellas de la estrella fugaz desaparecida. La estrella fugaz volvió a aparecer en el cielo, brillando con aún más intensidad que antes.
Al día siguiente, las flores del bosque brillaban con colores vibrantes y las luciérnagas iluminaban la noche con una luz mágica. Brunelita y Zafirita se sintieron muy orgullosas de haber ayudado a Luz Estelar y de haber resuelto el misterio de la estrella fugaz desaparecida. Aprendieron que trabajando juntas, podían lograr cualquier cosa, incluso devolver el brillo a las estrellas y a las hadas. Y sobre todo, aprendieron que la admiración y el cariño entre hermanas, es el mejor ingrediente para resolver cualquier misterio. Desde esa noche, cada vez que veían una estrella fugaz, recordaban su aventura con Luz Estelar y sonreían, sabiendo que ellas también, eran un poco como las hadas, capaces de hacer magia con su amistad y su valentía.
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