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Gratis · elegí una vozCamilo era un niño lindo, con ojos grandes y brillantes como dos canicas de cristal. Le encantaba ir al parque. No había nada que le gustara más que sentir la hierba suave bajo sus pies descalzos, perseguir mariposas de colores y escuchar el canto de los pájaros. Pero lo que más, más, más le gustaba del parque era el Árbol Sonriente.
El Árbol Sonriente no era un árbol cualquiera. Era un árbol enorme, con un tronco rugoso y ramas que se extendían hacia el cielo como brazos amigables. Tenía un nudo en el tronco que, si uno lo miraba con atención, parecía una boca sonriendo. Camilo estaba seguro de que el árbol lo saludaba cada vez que lo veía.
Un día, Camilo llegó al parque con una cara un poco triste. Su abuela, que siempre le contaba cuentos maravillosos, se había resfriado y no podía jugar con él. Se sentó bajo el Árbol Sonriente, sintiéndose un poco solo.
"Hola, Árbol Sonriente," dijo Camilo en voz baja. "Hoy estoy un poco triste."
El Árbol Sonriente, como siempre, parecía sonreírle. De repente, una pequeña ardilla saltó de una rama y dejó caer una nuez justo en el regazo de Camilo. Camilo la recogió y sonrió. Quizás el Árbol Sonriente sí lo había escuchado.
Camilo empezó a jugar con la nuez, haciéndola rodar por el suelo. Pronto, se olvidó de su tristeza y comenzó a imaginar historias sobre la ardilla y la nuez. Imaginó que la ardilla era una princesa que había perdido su corona de nuez y que él, Camilo, era el caballero que debía ayudarla a encontrarla.
Mientras jugaba, Camilo vio a una niña sentada sola en un banco. Parecía tan triste como él se había sentido antes. Camilo, recordando la nuez que le había dado la ardilla (o el Árbol Sonriente, como él pensaba), se acercó a la niña.
"Hola," dijo Camilo tímidamente. "¿Estás triste?"
La niña asintió. "Perdí mi globo," dijo con la voz temblorosa. "Era rojo y tenía forma de corazón."
Camilo pensó por un momento. Luego, le ofreció la nuez. "Toma," dijo. "Es una nuez mágica. Te traerá suerte y encontrarás tu globo."
La niña tomó la nuez con una pequeña sonrisa. Empezaron a jugar juntos, imaginando que la nuez era el globo perdido. Corrieron por el parque, riendo y gritando. Pronto, la niña se olvidó de su globo perdido y Camilo se olvidó de su abuela enferma.
Jugaron hasta que el sol comenzó a ponerse y el cielo se tiñó de colores naranja y rosa. La mamá de la niña la llamó para irse a casa. La niña se despidió de Camilo con una gran sonrisa y le devolvió la nuez.
"Gracias," dijo la niña. "Me hiciste muy feliz."
Camilo se sintió muy bien. Había hecho una nueva amiga y había ayudado a alguien a sentirse mejor. Se sentó de nuevo bajo el Árbol Sonriente y le contó todo lo que había pasado.
El Árbol Sonriente, como siempre, parecía sonreírle. Camilo sintió una brisa suave que le acarició la cara. Pensó que era el Árbol Sonriente dándole las gracias.
De repente, Camilo vio algo rojo brillante atrapado en una de las ramas del Árbol Sonriente. Era el globo de la niña. El viento lo había llevado hasta allí.
Camilo subió al árbol con cuidado y desató el globo. Corrió hacia la niña, que aún no se había ido del todo.
"¡Mira!" gritó Camilo. "¡Encontré tu globo! Estaba en el Árbol Sonriente."
La niña se puso muy contenta y abrazó a Camilo. "¡Gracias!" dijo. "Eres el mejor."
Camilo sonrió. Sabía que el Árbol Sonriente lo había ayudado. Se despidió de la niña y regresó al árbol. Se sentó bajo sus ramas y miró hacia arriba.
"Gracias, Árbol Sonriente," dijo Camilo. "Eres el mejor amigo que puedo tener."
El Árbol Sonriente, como siempre, parecía sonreírle. Camilo sabía que, aunque su abuela estuviera enferma, y aunque a veces se sintiera solo, siempre tendría al Árbol Sonriente en el parque para hacerlo sentir mejor. Y sabía que, incluso cuando no lo viera, la sonrisa del Árbol Sonriente siempre estaría con él, recordándole que la amistad y la alegría se pueden encontrar en los lugares más inesperados, incluso en un nudo en el tronco de un árbol.
Al día siguiente, Camilo regresó al parque con un dibujo para el Árbol Sonriente. Era un dibujo de él, de la ardilla, de la niña con el globo, y, por supuesto, del Árbol Sonriente con su gran sonrisa. Pegó el dibujo al tronco del árbol con un poco de barro y sonrió. Sabía que el Árbol Sonriente estaría feliz de tener un nuevo amigo en el parque.
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