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Gratis · elegí una vozTiretts, un pequeño zorrito con un pelaje del color del sol poniente, vivía en el Bosque Dorado. Este bosque no era dorado por el oro, sino por las hojas de los árboles que, al caer, cubrían el suelo como una alfombra brillante. Un día, Tiretts se sintió muy, muy cansado. Sus patitas le dolían de tanto jugar y sus ojitos se cerraban a cada rato. Pero Tiretts tenía un plan: ¡iba a visitar a su amigo, el Jinotosaurio! El Jinotosaurio no era un dinosaurio normal. Era un dinosaurio muy, muy grande, cubierto de musgo suave y flores silvestres, y le encantaba dormir siestas largas y profundas.
"¡Debo ir!", se dijo Tiretts, aunque un bostezo gigante casi lo interrumpe. "¡Jinotosaurio me contará historias maravillosas!" Así que, con paso lento y arrastrando un poco la cola, Tiretts comenzó su camino. El Bosque Dorado parecía aún más brillante bajo la luz del sol de la tarde. Los árboles susurraban canciones de cuna y los pajaritos volaban suavemente, como si supieran que Tiretts necesitaba descansar.
Pronto, Tiretts llegó al arroyo de las burbujas. El agua clara corría sobre piedras lisas y brillaba como diamantes. Normalmente, a Tiretts le encantaba jugar en el arroyo, chapotear y perseguir a los pececillos. Pero hoy, solo tenía energías para cruzarlo con cuidado, evitando mojar demasiado sus patitas cansadas. Al otro lado del arroyo, el camino se volvía más empinado. Tiretts tuvo que subir una pequeña colina cubierta de flores silvestres. Cada paso era un esfuerzo, pero la idea de ver a Jinotosaurio le daba fuerzas para seguir adelante.
Finalmente, después de mucho caminar (y bostezar), Tiretts llegó al claro donde vivía Jinotosaurio. Allí estaba, el gran dinosaurio, dormido bajo la sombra de un árbol enorme. Su cuerpo estaba cubierto de musgo verde y florecitas de colores, y roncaba suavemente, como un trueno lejano. Tiretts se acercó con cuidado, temiendo despertarlo. Pero Jinotosaurio era un dinosaurio muy dormilón, así que Tiretts se atrevió a acercarse un poco más.
"¡Jinotosaurio!", susurró Tiretts, con la voz temblorosa de cansancio. "¡Soy yo, Tiretts!" Jinotosaurio no se movió. Tiretts volvió a intentarlo, esta vez un poco más fuerte. "¡Jinotosaurio, amigo mío!" Esta vez, Jinotosaurio abrió un ojo lentamente. Parpadeó un par de veces, como si no pudiera creer lo que veía.
"¿Tiretts?", murmuró Jinotosaurio con voz ronca. "¿Qué haces aquí, pequeño amigo?" Tiretts se acercó aún más y se sentó al lado de la gran pata de Jinotosaurio. "Estoy cansado", dijo Tiretts, bostezando de nuevo. "Quería venir a verte y escuchar tus historias." Jinotosaurio sonrió suavemente. Su sonrisa era tan grande que parecía que el sol salía detrás de él. "Por supuesto, Tiretts", dijo Jinotosaurio. "Siempre eres bienvenido aquí. Pero estás muy cansado. ¿Por qué no te acuestas aquí conmigo?"
Tiretts no lo pensó dos veces. Se acurrucó junto a Jinotosaurio, entre el musgo suave y las flores silvestres. El calor del cuerpo de Jinotosaurio era reconfortante y el aroma de las flores era dulce y relajante. Enseguida, Tiretts se sintió mucho mejor. Jinotosaurio comenzó a contarle una historia sobre las estrellas y los planetas, sobre constelaciones brillantes y cometas viajeros. Su voz era suave y melodiosa, como una canción de cuna.
Mientras Jinotosaurio contaba su historia, Tiretts cerró los ojos. El cansancio lo invadió por completo y se quedó dormido en los brazos de su amigo dinosaurio. Jinotosaurio continuó contando la historia, aunque sabía que Tiretts ya no lo escuchaba. Él simplemente disfrutaba de la compañía del pequeño zorrito y de la tranquilidad del Bosque Dorado.
Cuando el sol comenzó a ponerse, el Bosque Dorado se llenó de sombras largas y suaves. Jinotosaurio despertó a Tiretts con un suave empujón. "Tiretts, pequeño amigo", dijo Jinotosaurio. "Es hora de que vuelvas a casa. Tu mamá debe estar preocupada." Tiretts se despertó sobresaltado, pero enseguida recordó dónde estaba y con quién estaba.
"Tienes razón", dijo Tiretts, bostezando. "Debo irme. Gracias por la historia, Jinotosaurio." Jinotosaurio sonrió de nuevo. "De nada, Tiretts. Ven a visitarme cuando quieras. Siempre estaré aquí, esperándote." Tiretts se despidió de Jinotosaurio con un abrazo y comenzó su camino de regreso a casa. Esta vez, el camino parecía mucho más corto y fácil. El descanso y la compañía de su amigo dinosaurio le habían dado nuevas energías.
Cuando Tiretts llegó a casa, su mamá lo estaba esperando en la puerta. Le dio un abrazo fuerte y le preguntó dónde había estado. Tiretts le contó todo sobre su visita a Jinotosaurio y sobre la maravillosa historia de las estrellas. Su mamá sonrió y lo llevó adentro, donde lo esperaba una deliciosa cena caliente. Esa noche, Tiretts durmió profundamente, soñando con estrellas brillantes y dinosaurios amigables en el Bosque Dorado.
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