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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un pequeño pueblo perdido entre montañas y valles, un niño llamado Nico. Nico no le tenía miedo a nada... excepto, quizás, a las arañas muy, muy grandes. Pero incluso esas arañas gigantescas no se comparaban con la leyenda del Caballo Espacial Fantasma. Se decía que una vez al año, durante la noche más oscura, un caballo espectral, brillante como una estrella fugaz, galopaba desde el mismísimo borde del espacio hasta la Tierra, buscando... algo. Nadie sabía qué. Algunos decían que buscaba zanahorias espaciales, otros que estaba perdido y necesitaba un mapa galáctico. Nico, por supuesto, no creía ni una palabra. ¡Era una tontería!
Una noche, mientras Nico estaba jugando en el patio trasero con su perro salchicha, Otto, el cielo se oscureció repentinamente. No era una oscuridad normal; era una oscuridad profunda, llena de estrellas que parecían observarlo. Otto comenzó a ladrar, con el pelo del lomo erizado. Entonces, lo vio. Un resplandor azulado descendía del cielo, haciéndose cada vez más grande. Era el Caballo Espacial Fantasma. Brillaba con una luz tan intensa que Nico tuvo que entrecerrar los ojos. El caballo aterrizó suavemente en el campo de maíz vecino, dejando una pequeña nube de polvo estelar.
Nico tragó saliva. Ahora sí que estaba un poquito asustado. Pero la curiosidad pudo más que el miedo. Se acercó sigilosamente al caballo, Otto pegado a sus talones. El Caballo Espacial Fantasma era enorme, con una crin de cometas y ojos que brillaban como nebulosas. Se quedó quieto, observando a Nico con una expresión... ¿triste?
"Hola," dijo Nico, con la voz temblorosa. El Caballo Espacial Fantasma relinchó suavemente, un sonido que parecía venir de muy, muy lejos. Luego, inclinó la cabeza hacia un pequeño objeto que llevaba colgado del cuello: una especie de... ¿desatascador?
Nico se acercó y examinó el objeto. Era un desatascador espacial, cubierto de polvo lunar y pequeñas estrellas. "¿Está atascado?" preguntó Nico. El Caballo Espacial Fantasma asintió con la cabeza, con un movimiento dramático.
A Nico se le ocurrió una idea. Recordó que su abuelo, Don Ramón, era el mejor fontanero del pueblo. ¡Si alguien podía arreglar un desatascador espacial, era él! "¡Espera aquí!" dijo Nico al caballo. "¡Voy a buscar a mi abuelo!"
Nico corrió a la casa, con Otto ladrando de emoción. Despertó a su abuelo, que estaba roncando plácidamente en su sillón. "¡Abuelo! ¡Abuelo! ¡Hay un Caballo Espacial Fantasma en el campo de maíz y necesita tu ayuda!" Don Ramón se frotó los ojos, confundido. "¿Un qué? ¿Estás soñando, Nico?"
"¡No, abuelo! ¡En serio! ¡Tiene un desatascador espacial atascado!" Nico insistió. Don Ramón, aunque escéptico, confió en su nieto. Se levantó, cogió su caja de herramientas y siguió a Nico hasta el campo de maíz. Cuando vio al Caballo Espacial Fantasma, se quedó boquiabierto. "¡Madre mía!" exclamó.
Don Ramón se acercó al caballo con precaución. Examinó el desatascador espacial con detenimiento. "Hmm," dijo, "esto es un trabajo para... ¡el desatascador maestro!" Sacó de su caja de herramientas un desatascador enorme, brillante y con un mango de madera de cerezo. Con cuidado, colocó el desatascador maestro sobre el desatascador espacial y... ¡PLUM! El desatascador espacial se desatascó.
El Caballo Espacial Fantasma relinchó de alegría y comenzó a dar vueltas en el campo de maíz, dejando un rastro de polvo estelar. Luego, se acercó a Nico y Don Ramón y les dio un empujón amistoso con su cabeza. Como agradecimiento, les regaló a cada uno una pequeña estrella brillante.
"¡Gracias!" dijo Nico, sonriendo de oreja a oreja. "¡Ha sido una aventura increíble!" El Caballo Espacial Fantasma asintió con la cabeza y, con un último relincho, despegó hacia el cielo, desapareciendo entre las estrellas.
Don Ramón miró a Nico con una sonrisa. "Bueno, Nico," dijo, "creo que esta noche hemos salvado la galaxia." Nico asintió, abrazando a su abuelo. Esa noche, Nico durmió con su estrella brillante bajo la almohada, soñando con caballos espaciales, desatascadores y aventuras intergalácticas. Y Otto, bueno, Otto roncaba felizmente, soñando con zanahorias espaciales. Desde entonces, Nico ya no le tuvo tanto miedo a las arañas. Después de todo, ¿qué eran unas arañas comparadas con un Caballo Espacial Fantasma y un desatascador espacial? Y cada noche, miraba al cielo, esperando volver a ver a su nuevo amigo estelar.
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