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Gratis · elegí una vozAnahí y Cristóbal eran los mejores amigos del mundo, y su lugar favorito (después de la heladería, claro) era la Escuela Primaria "Risas y Colores". Anahí, con su pelo como un nido de pájaros despeinado y su risa contagiosa, siempre tenía una idea brillante (o no tan brillante). Cristóbal, un poco más tranquilo y con una colección de calcetines extravagantes, era el cerebro que intentaba poner un poco de orden en las locuras de Anahí.
Un lunes por la mañana, Anahí llegó corriendo al patio de la escuela, agitando un folleto como si fuera un tesoro. "¡Cristóbal, Cristóbal! ¡Mira! ¡La Feria de la Ciencia es la próxima semana! ¡Y el premio para el mejor invento es un viaje al museo de los dinosaurios!"
Cristóbal, que estaba ocupado intentando hacer malabares con tres manzanas (sin mucho éxito), casi se atraganta. "¿La Feria de la Ciencia? ¡Pero si nosotros no sabemos inventar nada! Lo más tecnológico que hemos hecho es enchufar una tostadora."
Anahí, lejos de desanimarse, sonrió con picardía. "¡Tonterías! ¡Yo tengo la idea perfecta! Vamos a inventar… ¡una escuela voladora!"
Cristóbal dejó caer las manzanas (y una aterrizó en el pie del director, Don Ramiro, que pasaba por allí). "¿Una escuela voladora? Anahí, ¿estás segura de que no has comido demasiados caramelos? ¡Eso es imposible!"
"¡Nada es imposible!" exclamó Anahí. "Necesitamos globos, muchos globos. Y cuerdas. Y… ¡tu vieja cometa gigante!"
Así que, durante toda la semana, Anahí y Cristóbal se dedicaron a recolectar globos (pidiéndolos prestados a todos los cumpleaños del barrio), cuerdas (sacadas del tendedero de la abuela de Cristóbal, que casi les da un infarto) y, por supuesto, la cometa gigante de Cristóbal, que tenía la forma de un dragón furioso.
El viernes, el día antes de la Feria de la Ciencia, tenían todo listo. Bueno, casi. Habían atado cientos de globos a la cometa, y la cometa, a su vez, estaba atada (con mucha cuerda) a la escuela.
"¡Lista para el despegue!" gritó Anahí, con una sonrisa de oreja a oreja.
Cristóbal, con los ojos como platos, intentó razonar con ella por última vez. "Anahí, por favor, esto no va a funcionar. La escuela es demasiado pesada. Además, Don Ramiro nos va a matar si ve esto."
Pero Anahí ya había soltado la cuerda.
Para sorpresa de todos (incluidos Anahí y Cristóbal), la escuela… ¡se movió! Lentamente, muy lentamente, se elevó unos centímetros del suelo. Los alumnos, que estaban saliendo para ir a casa, se quedaron boquiabiertos. Don Ramiro, que justo estaba regañando a un niño por tirar un papel al suelo, se quedó con la boca abierta.
La escuela, flotando precariamente a medio metro del suelo, empezó a tambalearse. Los globos se movían al ritmo del viento, y la cometa-dragón parecía estar a punto de vomitar fuego.
"¡Anahí! ¡La escuela va a explotar!" gritó Cristóbal, histérico.
En ese momento, uno de los globos explotó. Luego otro. Y otro. El sonido de los globos reventando resonó por todo el patio de la escuela.
La escuela, liberada del peso de los globos, cayó al suelo con un golpe sordo. Afortunadamente, nadie resultó herido, aunque Don Ramiro estuvo a punto de desmayarse del susto.
Anahí y Cristóbal, cubiertos de confeti de los globos reventados, se miraron con cara de culpables. Don Ramiro, recuperando el aliento, se acercó a ellos con el ceño fruncido.
"¿Qué… qué… qué ha sido todo esto?" preguntó, con la voz temblorosa.
Anahí, con su habitual desparpajo, respondió: "¡Estábamos intentando inventar una escuela voladora para la Feria de la Ciencia!"
Don Ramiro suspiró profundamente. "Anahí, Cristóbal… a la dirección. Y esta vez, nada de inventos."
En la dirección, Don Ramiro les dio una charla sobre la importancia de la seguridad y las consecuencias de sus actos. Pero, al final, no pudo evitar sonreír.
"Bueno," dijo, "al menos han demostrado tener mucha… creatividad. Y ahora, limpien todo esto. Y piensen en un proyecto para la Feria de la Ciencia que sea un poco… más realista."
Anahí y Cristóbal, mientras recogían los restos de su escuela voladora fallida, se echaron a reír. Sabían que habían metido la pata hasta el fondo, pero también sabían que la Feria de la Ciencia aún no había terminado. Y, quién sabe, tal vez la próxima vez su invento no termine… explotando.
Al final, crearon un volcán que erupcionaba bicarbonato de sodio y vinagre. No ganó el viaje al museo de los dinosaurios, pero se llevaron el premio a la "mayor explosión controlada". Y eso, para Anahí y Cristóbal, fue casi tan bueno.
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