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Gratis · elegí una vozValentina tenía mariposas en el estómago. ¡Hoy era su primer día en la Escuela Arcoíris! Había esperado este día durante todo el verano. Imaginaba salones llenos de colores, amigos con sonrisas brillantes y maestros que contarían historias maravillosas. Pero ahora, parada frente a la enorme puerta roja de la escuela, las mariposas se sentían más como un pequeño zoológico dentro de su barriga.
Abrazó fuerte a su mamá, quien le sonrió con cariño. "¡Vas a tener un día fantástico, Valentina! Recuerda, ¡eres valiente y lista!" le dijo su mamá. Valentina respiró hondo y asintió. Su mamá le soltó la mano y Valentina, con pasos un poco temblorosos, entró a la escuela.
El vestíbulo era un torbellino de niños, padres y maestros. Había carteles coloridos colgando del techo y el aire olía a crayones nuevos y galletas. Valentina se sintió un poco mareada. Buscó con la mirada a su maestra, la Señorita Luna, cuya foto había visto en la página web de la escuela.
De repente, sintió un pequeño tirón en su falda. Miró hacia abajo y vio a una niña con dos coletas rubias y ojos azules brillantes. "Hola," dijo la niña. "Soy Sofía. ¿Estás perdida?"
Valentina asintió tímidamente. "Soy Valentina. Es mi primer día y no encuentro a la Señorita Luna."
Sofía sonrió. "¡Yo también estoy en la clase de la Señorita Luna! ¡Ven conmigo!" Sofía tomó la mano de Valentina y la guio a través del bullicio del vestíbulo hasta un salón lleno de luz.
Dentro, la Señorita Luna, con su cabello recogido en un moño y una sonrisa cálida, saludaba a los niños. "¡Bienvenidos, pequeños exploradores!" dijo con una voz melodiosa. Valentina se sintió un poco más tranquila.
La Señorita Luna le presentó a Valentina a la clase. Todos los niños la recibieron con sonrisas y gestos amables. Valentina se sentó al lado de Sofía en una mesa redonda. La mesa estaba llena de hojas de papel, crayones y pegamento.
La Señorita Luna les explicó que el primer día harían un dibujo sobre sus vacaciones de verano. Valentina pensó en las tardes jugando en la playa, construyendo castillos de arena y recogiendo conchas. Dibujó un gran sol amarillo, el mar azul brillante y un castillo de arena con banderas de todos los colores. Sofía dibujó un parque con un columpio muy alto.
Después del dibujo, la Señorita Luna les leyó un cuento sobre un pequeño oso que aprendía a compartir. A Valentina le encantó la historia y le gustó aún más cuando la Señorita Luna les pidió que representaran la historia con marionetas de calcetines.
Luego, llegó la hora del almuerzo. Valentina sacó su lonchera, que su mamá había llenado con un sándwich de queso, una manzana y una galleta de chocolate. Sofía tenía un sándwich de jamón y un jugo de naranja. Comieron juntas y hablaron sobre sus mascotas. Sofía tenía un gato llamado Bigotes y Valentina tenía un perro llamado Max.
Después del almuerzo, jugaron en el patio. Valentina al principio se sintió un poco tímida, pero Sofía la invitó a jugar a la rayuela. Pronto, Valentina estaba riendo y saltando con los demás niños. Se dio cuenta de que jugar era una forma fantástica de hacer amigos.
Antes de que se dieran cuenta, la campana sonó anunciando el final del día. Valentina sintió una mezcla de tristeza y emoción. Tristeza porque el día había pasado muy rápido, y emoción porque ya quería que fuera mañana para volver a la Escuela Arcoíris.
Su mamá la estaba esperando en la puerta. "¿Cómo te fue, mi amor?" preguntó su mamá.
Valentina le sonrió de oreja a oreja. "¡Fue el mejor día de mi vida!" exclamó. Le contó a su mamá todo sobre Sofía, la Señorita Luna, el dibujo, el cuento del oso y la rayuela.
De camino a casa, Valentina supo que la Escuela Arcoíris no era solo un lugar para aprender, sino también un lugar para hacer amigos, reír y descubrir cosas nuevas. Y estaba segura de que, aunque al principio había sentido mariposas en el estómago, ahora esas mariposas se habían convertido en un montón de pequeños globos de colores, listos para volar alto y celebrar la aventura de aprender. Esa noche, Valentina soñó con arcoíris, amigos y aventuras en la Escuela Arcoíris. ¡Ya no tenía miedo! Estaba emocionada por todos los días que vendrían. Y sabía que, con amigos como Sofía y una maestra como la Señorita Luna, aprender sería una aventura maravillosa.
Al llegar a casa, Valentina corrió a abrazar a Max. Le contó sobre su día y le mostró el dibujo del castillo de arena. Max movió la cola feliz, como si entendiera cada palabra. Valentina se sintió feliz y completa. Su primer día de clases había sido un éxito total. Y estaba lista para enfrentarse a cualquier cosa, ¡siempre y cuando tuviera a sus amigos y a su familia a su lado!
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